El control de armas es uno de los temas más divisivos en Estados Unidos. Cada vez que se produce una masacre, los argumentos en pro y en contra avivan el debate nacional pero sin producir resultados.

¿Podrá encontrarse alguna vez una solución?

Los representantes de la Asociación Nacional del Rifle no cesan de recurrir a la mantra de que poseer un arma, constituye una prerrogativa de los estadounidenses que debe respetarse.

Los defensores del derecho a portar armas sostienen que un pueblo armado está en mejor capacidad para defenderse legítimamente.

En el centro de la controversia está la interpretación de la Segunda Enmienda adoptada en 1791, consagrada en la Constitución, que establece que el "derecho del pueblo a guardar y portar armas no debe ser violado".

La Corte Suprema de Estados Unidos ha reiterado en numerosas ocasiones el texto constitucional, afirmando que portar armas es un derecho del individuo que tiene todos los estadounidenses, pero también ha establecido que no es ilimitado y que no prohíbe la regulación de la producción y compra las armas de fuego o de dispositivos similares.

Para los detractores, la única forma de detener estas terribles matanzas es establecer un control más estricto, que incluye una prohibición a la venta de armas de estilo militar, como el rifle semiautomático AR-15 que fue utilizado en el tiroteo acabó con la vida de 17 personas en la escuela Parkland, en Florida.

Desde que ocurrieron esos asesinatos el pasado 14 de febrero, se han vuelto a plantear una serie de "soluciones".

El presidente Donald Trump ha sugerido que los maestros que cumplan los requisitos y tengan el entrenamiento adecuado deberían estar armados y recibir una bonificación.

Esto debe haber sido recibido como una muy buena noticia en la Asociación Nacional del Rifle, que donó 30 millones de dólares a la campaña presidencial de Trump en 2016.

Sin embargo, armar a los profesores no parece ser la solución porque llevar armas de fuego al entorno escolar no garantiza el fin de los incidentes.

Basta con imaginar un escenario donde el protagonista de un tiroteo, armado con un rifle semiautomático, se enfrenta a un maestro de escuela.

Solo un agente del orden o miembro de fuerzas especiales podría ser capaz de dominar un tiroteo que ocurra en una sala llena de estudiantes en pánico.

La lógica para un mayor control de armas parece ser tan clara, que es casi increíble que después del tiroteo en otra escuela, tanto el Congreso, como la Casa Blanca, no estén ahora sugiriendo seriamente que ha llegado el momento de cambiar las reglas.

A pesar de los pedidos de las familias de los asesinados en Parkland, de un mayor control, nadie hasta ahora con autoridad, ha sido lo suficientemente valiente para enfrentarse a la Asociación Nacional del Rifle porque se considera un suicidio político, dada la influencia que tiene esta organización.

El senador republicano por Florida Marco Rubio, quien recibió 3,3 millones de dólares de la Asociación Nacional del Rifle para su campaña de reelección, ha hecho algunos tímidos avances para suavizar su posición frente el derecho de portar armas.

Después del tiroteo en Parkland, Rubio afirmó que estaría dispuesto a apoyar una nueva ley que prohíba a los jóvenes menores de 18 años a comprar fusiles.

También aprobó la idea de fortalecer el sistema de verificación de antecedentes, y dijo que consideraría cambiar las reglas sobre los dispositivos que permiten disparos más rápidos.

Las culatas más grandes para armas pueden contener hasta 100 rondas de municiones y se han utilizado en muchos de los tiroteos en los últimos años.

Pero las sugerencias del senador Rubio, aunque son alentadoras, no van a resolver el problema principal que significa cuando alguien que planea un tiroteo decide comprar legalmente armas y municiones en el mostrador de una tienda.

La situación es un déjà vu.

Cada vez que hay una masacre empieza un nuevo debate, sin embargo, nunca pasa nada.

En pleno siglo XXI aún se considera que el derecho es sacrosanto.

Puede que esta vez los ciudadanos armados con el poder del voto puedan presionar por una revisión de la ley. Tal vez una verificación estricta de antecedentes y algunos cambios en el tamaño de los dispositivos de municiones, así como la prohibición de ciertos tipos de accesorios, si no, los individuos con una obsesión por las armas de fuego y el deseo de matar continuarán siendo una latente amenaza para la sociedad.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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