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Cierra una semana tremenda para el presidente Donald Trump. Su exgerente de campaña Paul Manafort fue declarado culpable de múltiples casos de fraude. Mientras que su abogado personal Michael Cohen se declaró culpable de numerosos cargos y expresó bajo juramento que había violado la ley de financiación de la campaña presidencial de 2016 al pagar a dos mujeres a instancia de un candidato para comprar su silencio (se asume que la referencia al candidato aluda a Donald Trump).

La pregunta que todos se hacen es ¿ahora qué?

La primera conclusión es que Robert Mueller, el fiscal especial designado por el Congreso, después de 15 meses de pesquisas tiene algo en la mano para justificar su nombramiento y continuar investigando en el entorno del Presidente en busca de la anhelada confabulación con los rusos para llegar a las Casa Blanca.

Pero no nos podemos llamar a engaño. Por mucho que averigüe el señor Mueller, va a ser muy difícil juzgar a un presidente en ejercicio ya que no puede ser acusado, según la ley.

A quienes apuestan por un probable “impeachment”, según la propia Constitución, para impugnar al presidente, se requiere una mayoría simple en la Cámara de Representantes. Para ello los demócratas deberían ganar las elecciones de mitad de término del próximo noviembre porque ahora mismo la Cámara está en manos republicanas con 241 escaños contra 194 en manos demócratas. Debido a la tremenda ideologización de la política no creo que muchos representantes republicanos estén a favor de impugnar a un presidente de su color político.

Si todas estas condiciones llegaran a cumplirse, la decisión de remover al presidente de su puesto tendría además que pasar por el Senado. Aquí este objetivo se puede convertir en una misión prácticamente imposible al necesitar el voto de dos tercios de dicha Cámara, la llamada supermayoría.

En la historia de EEUU solo dos presidentes han sido sometidos al proceso de impeachment. Andrew Johson en 1868 quien fuera acusado de violar la ley de permanencia en el poder y Bill Clinton acusado de perjurio, obstrucción a la justicia y abuso de poder cuando el escándalo de Monica Lewinsky

En ambos casos los mandatarios fueron absueltos por el Senado y pudieron terminar su mandato.

También tenemos que entender que las bases del presidente hasta ahora se mantienen incólumes. Ellas han hecho suya las idea de que Trump es una víctima de “la caza de brujas” orquestada por la maquinaria demócrata que aún no ha asimilado la derrota de 2016. Y por ello se han ensañado en buscar todos los errores cometidos por Trump antes de llegar a la presidencia. Incluso, el allanamiento de la vivienda y la oficina de Cohen hasta ahora son percibidos como un movimiento algo radical y desesperado del procurador Mueller tras el omnipresente fantasma ruso.

Trump siempre fue una figura pública. Célebre no precisamente por ser un santo. Entre sus características más notables se destacan sus pleitos y disputas legales. Esta semana que, para otro presidente habría resultado devastadora, para Trump significa estar en su ambiente, es una de las tantas semanas negras que ha tenido a lo largo de su vida donde él o sus empresas han estado envueltos en más de 3.500 juicios, según un análisis aparecido en US Today en 2016. La única diferencia es que ahora tiene una as bajo la manga: es el presidente en ejercicio de los EEUU.

Mientras que la economía siga sólida, los empleos mantengan el actual ritmo y las bases de Donald Trump continúen creyendo que en la Casa Blanca hay una persona luchando contra los poderes fácticos por sus intereses, el actual presidente estará sentado en la silla del poder.

Para derrotarlo, sus oponentes tendrán que ir a la confrontación política en las urnas de 2020 con un candidato capaz de movilizar a todos sus simpatizantes, como ocurriera con Obama en 2008.

Mientras, seguirán los escándalos, los twitter de madrugada y las presiones a contrapartes internacionales y sus sonados exabruptos. Esa es su peculiar forma de hacer la política y enfrentar la vida. Nadie espere ver a un Trump presidenciable, discreto, comedido y políticamente correcto.

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