“No me fío de esa gente que no publica cosas en Facebook. Dios sabe que vidas tendrán”. Esta frase anda sin firma por las redes sociales. ¿Conocen su autor o su autora? ¿Están de acuerdo? Yo no.

Para nada estaría a favor de tal afirmación. ¿Y qué hay de las personas reservadas hasta ahora virtuosas por esta manera de ser?… ¡Qué mundo!… Si no vas al compás del posteo, twiteo, retwiteo, texteo y cuanta cosa te mantenga la cabeza colgada frente a una pantalla de la dimensión que sea: ¡andas muy mal!

Imagino que tal postura de la cervical convertirá el cuello en un arco, y futuras generaciones ya nacerán así, con esta variación en la columna vertebral, y en el alumbramiento deberá estar presente un oculista para ponerle gafas primero al recién nacido y después, un biberón. La madre estará posteando en las redes sociales aún sin acurrucar junto a su pecho a su hijo/a.

Los que llegaron bajo esta era tecnológica están “a su aire”: de plácemes. Pero los que nacimos y acto seguido fuimos amamantados y acariciados, con menos de cinco fotos hasta la mayoría de edad –un puñado de estas generaciones– aún nos cuesta un poco esta adicción legal.

Ahora es distinto. Vienen a la vida ya retratados desde el período fetal y son exhibidos los ecogramas de esos “bebés” en pleno desarrollo. Pero después del primer grito, sus vidas son nulas sin fotos antes de la segunda bocanada de oxígeno. Cuelgan un video con el llanto de iniciación en este universo y lo ponen público y mundial. ¿Les gustará a estos recién nacidos esta falta de discreción? ¿Y la privacidad? ¿Ahora es un defecto?

Evitar las redes sociales para muchos sería algo así como: “No Existes”, y estoy de acuerdo en gran parte. Pero estas plataformas actuales de requetecomunicación llevan consigo de todo: verdades, mentiras, realización y caos personal; hasta el suicidio en vivo y en directo y gente anonadada mirando el final de una vida humana, disfrutando como si fuera un superhéroe de videojuegos para quizás dar un “me gusta”. ¡Inaudito!

¿Sienten placer por estar conectados?… no hay problemas. Si profesionalmente dependen de esto, no hay problemas. Si se divierten así, no hay problemas; pero no pueden juzgar a los que pueden vivir de otra manera ajenos a tantos aparatos. Todavía hay vida sin Facebook, Twitter, e Internet en su totalidad. Sí, gente feliz centrada en otras cosas, ¡por suerte!

Las noticias son las que se han llevado la mejor parte de esta época. La inmediatez por excelencia nos mantiene en muchos casos informados mientras los hechos ocurren. Desde el lugar más recóndito y mediante un celular hacen la nota del día. Sin ser periodistas, ni camarógrafos filmando, ni gastando en boletos de avión. Muy económico y acertado.

Recuerdo a una chica civil en su casa transmitiendo en vivo a través de su móvil cuando bombardeaban la ciudad de Alepo, y dijo que ese podía ser su último minuto de vida. ¡Qué gráfico!

¡Mi reino por un celular conectado a internet! Exclamaría Alejandro Magno, todos los faraones egipcios, los emperadores romanos y los sultanes, reyes y zares… hasta guerras habría por este diminuto y poderoso invento. Y nos asombraría la cantidad de mentiras históricas al descubierto y las verdades ocultas también.

Tendríamos colgado en YouTube el video de Cleopatra, reina de Egipto, cuando sorprendió al emperador romano, Julio César. La expresión de su rostro masculino... Y nos cercioraríamos de si ella podía competir o no como Miss Universo. Y las locuras de Calígula, siendo el primer travesti de la historia, según cuentan. Con millones de selfis ante el monumental ego de este romano cruel. ¡Una clase magistral de Aristóteles! ¡Un recital de Homero! Tendríamos filmados los milagros de Jesús ¿Lo imaginan?

Disfrutaríamos de cientos de fotos de las siete maravillas del mundo antiguo. Numerosas selfies con el cinturón de castidad en pleno uso, y alguien desmayado siempre por el aroma desprendido. Algún chantaje de alcoba de Josefina despechada contra Napoleón mediante imágenes comprometedoras de dicho emperador cuando este se casó con la joven María Luisa de Austria. Las intimidades que publicaría la emperatriz veterana para desacreditar la masculinidad de Bonaparte serían, quizás, vergonzantes.

La Biblioteca de Alejandría, la más grande e importante del mundo antiguo. Dicen que fue destruida mediante un incendio, otros afirman que, por un maremoto, en fin, todavía conservaríamos toda esa información preciosa y lamentablemente perdida a falta de una memoria, USB o pendrive, con unos cuantos gigabytes o megabytes. ¿¡Imaginan tal tesoro!? ¡Alucino!

La oreja de Vicent Van Gogh cortada, y videos de su recuperación y un posible tuit de arrepentimiento. Y la enemistad histórica entre dos genios: Miguel Ángel y Leonardo Da Vinci. Ahora conociéramos mediante sus whatsapp cuál era más injusto y más feroz. ¿Y quién envidiaba a quién?

Por estos días el trabajo de detectives y abogados en muchos casos se agiliza por las pruebas grabadas de texto, voz y/o video, aunque no siempre sean confiables y determinantes. Ya se acabaron los tiempos de: "Vi a mi esposo saliendo de un hotel con su amante". "¿Tiene testigos?". Esta es una pregunta casi en desuso.

Actualizada: "¿Tiene alguna foto de tal hecho?"... "No abogado, me quedé sin batería grabando un video, no, la película entera. Y ahora se lo voy a mandar al esposo de esa pelandruja y después pa’ Facebook y para todos mis contactos. ¡Que se entere Miami, Hialeah y todos los condados adyacentes!". Bueno, alguien traicionado se pone “bajito”, o sea, poco educado. ¡Al que le duele, le duele!… y las redes sociales aumentan la magnitud de la traición. ¡Qué pena!

Soy de las que usa las redes sociales sin exagerar. Existen vivencias de que las disfruto en privado y no tienen que ser sólo las sexuales. No me fío de esa gente que lo expone todo en Facebook. ¿El diablo sabe qué clase de vida tendrán?

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