La actual administración en la Casa Blanca ha apretado tuercas que consideraba “desajustadas” durante décadas. Cambios en las reglas de ventas de medicamentos han causado molestias en los grandes fabricantes radicados en Estados Unidos, por estas imposiciones anunciadas por el presidente Donald Trump.

El mandatario dice tomar estas iniciativas de control a favor de los pobres y de “quienes no son capaces de defenderse”. Lo cierto es que ha desarmado el blindaje que parecía convertir en intocable a un sistema claramente sobredimensionado por los precios que comercializa productos de salud.

Donde algunos temen que podría ser “peor el remedio que la enfermedad” es en las decisiones estrictas de inmigración.

Por un lado, hacia los venezolanos fuera de su patria se muestra una actitud de apoyo desde Washington en distintos niveles federales, tomando en cuenta las reiteradas menciones sobre la crisis de este país por parte del vicepresidente Mike Pence.

Sin embargo, en la frontera sur se mantiene latente la “cero tolerancia” de indocumentados, en su mayoría centroamericanos. Con una decisión ejecutiva que evita la separación familiar, la norma inmigratoria conduce a familias enteras en centros de retención, mientras aguardan por una decisión sobre su estatus.

Aunque estos nacionales parezcan abandonados a su merced, el gobierno de Honduras es el único que ha dado la cara por sus ciudadanos inmigrantes retenidos en la frontera estadounidense.

Además de la insistencia del presidente hondureño, Juan Orlando Hernández, quien ha acudido a Washington para sostener encuentros de “incidencia” con agencias federales y mediar en la situación inmigratoria no solo de los nacionales de Honduras, sino del Triangulo Norte; también la Primera Dama de este país, Ana García de Hernández, ha demostrado una política coherente sobre la asistencia de inmigrantes afectados en el tránsito hacia el anhelo americano.

Recientemente, la esposa del presidente hondureño visitó instalaciones federales de retención de inmigrantes en la zona fronteriza de Mcallen, en Texas. Allí, tras atender la exposición de los funcionarios de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos, le dio al cara a los padres e hijos retenidos por los uniformados.

El cumplimiento de la medida ejecutiva para mantener unidas a las familias fue corroborada en el recorrido realizado por la Primera Dama de Honduras. Pero mas allá, esta tensa situación se asiste con la coordinación entre ambos gobiernos para que los servicios consulares del país centroamericano sean participados sobre el arribo a los centros de retención de inmigrantes, por parte del la Patrulla Fronteriza.

“Garantizar una solución mas personalizada” hacia los hondureños es la premisa de esta misión que muestra esa necesidad humanitaria hacia cientos de familias que semanalmente desean ir mas allá del Rio Bravo del Norte.

El mensaje de atención también se une a la aclaratoria de Honduras hacia sus emigrados. Esta nación los espera con los brazos abiertos, así lo dice cada uno de los representantes de este país que se destaca en Centroamérica por la sensatez política de su planteamiento de desarrollo a corto, mediano y largo plazo.

El animo es vencer el impulso de autodesplazamiento poblacional de familias que temen al avance, por esa incredulidad sembrada por décadas en la cultura del hemisferio.

Las acciones de quienes representan a la nación hondureña levantan la atención incluso en otras partes del continente por la seriedad y compromiso de un gobierno para con su pueblo.

Sin duda que ante la dureza de una administración presidencial en Estados Unidos hacia las comunidades de inmigrantes sin autorización, el “remedio” proporcionado puede resultar inquietante. La posibilidad de que “sea peor que la enfermedad”, hace inminente mejor “prevenir que lamentar” y rescatar a unos ciudadanos que por ir tras un sueño solo alcanzarán unas rejas y el regreso obligado.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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