Los huracanes son fenómenos naturales de una alta capacidad destructiva, que dejan a su paso un elevado número de pérdidas humanas y materiales, y en muchos casos, si algo positivo traen consigo, es una serie de enseñanzas que nos permiten salvar vidas en el futuro.

En el condado Miami-Dade, podemos hablar del tema partiendo de la nefasta experiencia del huracán Andrew, cuyo poder demoledor causó daños por 26.000 millones de dólares, destruyó 49.000 viviendas, afectó otras 108.000 y dejó a 1,4 millones de personas sin electricidad durante días.

Una de las grandes enseñanzas de Andrew condujo a los residentes del sur de la Florida a tenerle un mayor respeto los designios de la naturaleza. Antes de este evento catastrófico había gente que realizaba los denominados hurricane party, aquellas reuniones estrambóticas en las que algunos jóvenes esperaban los huracanes con música y licor.

Pero, además, aprendimos a actuar con un mayor grado de humanismo. Entre vecinos las escenas de cooperación demostraban un elevado altruismo, despertando conciencia sobre lo necesario que es unirnos para superar una tragedia por muy grande que ésta sea.

Ahora les tocó el turno a los residentes del estado de Texas. Las escenas que observamos, a través de la televisión y las fotografías de medios impresos y digitales, nos llevan a pensar en la fragilidad de nuestra existencia.

Como sucediera en Miami-Dade, varias áreas de ese territorio pasaron a tener las características de barriadas tercermundistas a consecuencia de la fuerza devastadora del huracán Harvey. Estaban preparados, es cierto, pero frente a un evento de este tipo las medidas de prevención nunca son del todo suficientes.

Miles de personas han quedado sin hogar, y otro tanto sin vehículos. La cifra de muertos iba en ascenso y un panorama dantesco permitía ver a mucha gente tratando de descifrar en el horizonte si mañana tendrían dónde dormir o si habría electricidad. Un sentimiento de compañerismo era evidente en cada acción.

Nada podemos hacer para evitar que vuelva, con sus estragos inherentes, otro de esos fenómenos naturales. La experiencia nos indica que debemos tomar las más estrictas precauciones, y que no basta comprar mil elementos para afrontar el paso de uno de estos monstruos que se llevan todo tras su paso. Una actitud más humana ante la eventual tragedia también puede salvar vidas.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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