La historia de las sanciones contra, gobiernos y gobernantes gamberros, es un compendio de fracasos. Nos vienen, a la memoria con motivo de las impuestas a un grupito de altos cargos , por la brutal represión contra los participantes en la reciente explosión popular en Cuba.

Pongamos el ejemplo de los castigos expedidos por EE. UU., a través de a Oficina de Control de Activos Extranjeros, OFAC. Una, más, entre las numerosas agencias norteamericanas en la materia que registra, al día de hoy, millares de personas vetadas en lo comercial e inmigratorio a las que agregan, 15 países, incluidas ¡faltaría más! las republiquetas de Cuba, Nicaragua y la Bolivariana de Venezuela. No es cualquier cosa, encabezar, de manera recurrente, los rankings universales, en violaciones de DD. HH., narcoterrorismo, corrupción con furor de Mesalina, esclavitud contemporánea, estraperlo de armas de destrucción masiva y, en general, todo cuanto sea ilegal e inmoral.

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¿A quiénes afectan, en realidad, esas sanciones? A los desgobernantes parias, les importan un rábano, las carestías de sus desgobernados. A, Raúl Castro, Díaz-Canel, Ortega, Maduro, por referirnos a los nadires de nuestro vecindario, con sanciones o sin ellas, no les faltan, gasolina, medicamentos, servicios públicos, ni la comida -en el caso del último de los nombrados, lo atestiguan sus mofletes y su repugnante, esteatopigia. Si en los palacios de gobierno, residencias presidenciales o en cualquiera de sus escondrijos -el miedo es libre y la culicardia sí paga- se produce un apagón, sobran plantas generadoras porque dinero sucio, sobra para comprarlas.

Las sanciones tampoco derrocan gobiernos. Ni siquiera los adecentan. Bush, padre, había emitido veto devastador, porque a partir de una orden ejecutiva prohibió la entrada a puertos de EE. UU., sin importar la bandera, a todo carguero que hubiese atravesado el Canal de la República de Panamá. Algo que estranguló la economía de, esta última "¿Y?" le replicó Manuel Noriega encogiéndose de hombros. Fue necesario que los marines desembarcasen en el Istmo, para que el "Cara 'e Piña", machete incluido, entregase el Poder como un cordero. El mismo ejemplo, con sus matices, se repitió en el Iraq, de Sadam Hussein, en la Libia de Moamar el Gadafi, en la Gambia de Yahya Jammeh.

Narcogobernante, que se respete -valga el oxímoron- no entrega el Poder, en mesas redondas. Menos, todavía, con elecciones, limpias, transparentes, creíbles, respetuosas de los resultados, porque narcogobernante que es, narcogobernante, no celebra elecciones, limpias, transparentes, ni creíbles, ni respetuosas de los resultados.

A Álvaro López Miera, esbirro y viejo crápula del castrismo o a los integrantes de la Brigada Especial Nacional del Ministerio del Interior de la Isla, les tiene sin cuidado que el señor Biden les haya prohibido la entrada a EE. UU. y congelado sus bienes.

Por el contrario, deberían invitar a Miami, a la pandilla entera, gastos cubiertos o traerlos de cualquier forma y apenas toquen tierra, hacerlos presos en oblación de la jurisdicción que tienen todos los tribunales del Mundo para capturar criminales atroces.

En cuanto a la hipotética congelación de sus “ahorritos” -en el supuesto negado que los sancionados, hayan sido tan desaprensivos como para tenerlos depositados en un banco domiciliado en, EE. UU- nada más peligroso que corrupto con Poder, pero repuesto a su condición, original, de "pata en el suelo". Despojado de lo mal habido y aferrado a cualquier cargo público, el afectado, de inmediato, se declarará en campaña a objeto de recuperar con redoblada voracidad, lo que le ha sido embargado, pero elevado al cubo, por aquello de "corrupto precavido vale por cien". ¿Imaginan ustedes, la amenaza contra el patrimonio público qué significaría, un hombre-piraña o Pac-man de la política, como Diosdado, en medio de semejantes angustias?

A los desgobernantes gamberros, hay que deponerlos y sanseacabó. De un sopetón. De a poquito, no funciona. Profilaxia, en pro de la preservación de la especie humana. Materia pendiente para las democracias del Mundo. Cuestión ética pero, también, de supervivencia.

"¡Venirnos a nosotros, con sansionsitas!" responden, retrecheros, Raúl Castro, Díaz-Canel, Daniel Ortega, Maduro y sus capomafiosos, cada vez que les imponen, esas medidas que no conducen a nada.

@omarestacio

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