Después de analizar con cuidado las declaraciones de las supuestas víctimas de Michael Jackson realmente debo admitir que me embargan varias dudas y sentimientos encontrados. Por un lado, y en aras de proteger a las víctimas, siempre he establecido que siempre se debe escuchar a las víctimas y evaluar si sus declaraciones están acordes con la realidad de los hechos, pero nunca apresurarse a emitir juicios de valor de que lo que las víctimas denuncian es cierto o simplemente no creerles. Tenemos que evaluar el acervo probatorio para realmente entender lo que sucedió. Por un lado, estas personas, quienes alegan ser víctimas de Jackson, declararon bajo la gravedad del juramento en dos juicios que nunca fueron víctimas de Jackson, sin embargo ahora después de muerto, se viene a buscar abrir un escenario difícil de probar, sensacionalista y tal vez hasta temerario.

Como abogado, siempre evalúo las pruebas, comportamientos de las supuestas víctimas y supuesto victimario para poder entender el caso. Lo que me genera mayor curiosidad es por qué unos padres de familia se irían dejando a sus hijos solos, y cuando se da la oportunidad, en un juicio en corte, ninguno de los chicos, ya ambos adolescentes, denunció los hechos de los cuales hoy nos enteramos vía HBO con su documental “Leaving Neverland” o su traducción en español Dejando a Neverland. O sea, si los hechos ocurrieron como se afirma en el documental, ¿a partir de qué momento estas supuestas víctimas entendieron la gravedad de la situación y decidieron denunciarlo? O sea, obviamente no podemos salir a decir que no hay mérito para su denuncia porque si realmente esto sucedió están en la libertad de hacerlo, pero lo que genera dudas es el tiempo. Se hace esta denuncia cuando Jackson ya ha muerto, sin que pueda defenderse, y, peor aún, en una forma grotesca y temeraria en donde se utiliza el relato de unas supuestas víctimas para sacar provecho mediático y destruir la ya socavada imagen del artista.

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También se debe analizar, si ya se tenían sospechas, como lo manifiestan los padres de las supuestas víctimas, ¿por qué en los juicios ninguno de estos testificó?, y en cambio, apoyaron las versiones de sus hijos en donde aseveraron que Jackson jamás habría sido capaz de cometer dichos actos. Muchos podrán decir que Jackson era un anormal, que era raro, o que simplemente era gay, o que fue un chico abusado por su padre y después terminó medio loco con su reino de poder y fama, pero salir a decir que era un violador y pedófilo ya traspasa toda barrera. Hasta la fecha, y desde niño, adolescente, y abogado siempre vi la obsesión de algunos sectores de los medios por destruir a Jackson sin importa el costo. Ya muerto, lo último que hacía falta era este documental que deja mucho que desear.

Quisiera saber, si por ejemplo, el documental recopiló testimonios de las personas que estaban con Jackson en los periodos de tiempo cuando se aduce los hechos sucedieron, y, por ejemplo, establecer si los mismos sucedieron. Es evidente que el mánager, escoltas y otros personajes podrían corroborar estos hechos y darle más solidez a las denuncias. Es un tema de no permitir, como siempre, caerle al muerto, pero tampoco exponer a unas supuestas víctimas por un afán mediático para que después hagan el ridículo.

Durante años he estudiado a Jackson desde el punto de vista de la ciencia criminal para establecer en su comportamiento posibles características de comportamientos contrarios a la ley y, aunque como lo dije anteriormente, su comportamiento se podría calificar como un comportamiento desviado o socialmente repugnante, debido a que se comportaba como un niño, sin embargo, no veo a una persona, cuyas letras de sus canciones inspiraron tantas cosas buenas, en un comportamiento de pedófilo o abusador. Hasta el día de hoy no se ha probado que ninguno de sus comportamientos violó alguna ley, y, solo hemos tenido denuncias sin mucho fundamento pero si con mucho morbo. Algo sí debemos tener claro: muchos delitos son formas desviadas o anormales de comportamiento. Sin embargo, no todas las desviaciones son criminales, y algunos delitos no son vistos como desviados por quienes los cometen, o por segmentos significativos de la población.

En conclusión, el documental dejó más dudas que realidades y, sobre todo, el cuestionamiento de por qué se hace ahora y no cuando realmente se contaron esas historias, en los juicios a los cuales fue sometido Jackson por abuso sexual y acceso carnal de menores. También la responsabilidad de los padres, ¿a qué jugaban? ¿Qué era más importante, la fama y dinero de Jackson, o la seguridad de sus hijos? Al parecer fue más importante dejar que todo pasara y después de muchos años salir a decir: “Yo no le vi nada de malo a que durmieran con Jackson”. Si las denuncias son ciertas, ¿no deberíamos juzgar a estos padres por complicidad en la comisión de un delito contra menores?

Estas preguntas se las dejo a ustedes, mis lectores, pero realmente el documental no se debería llamar Dejando a Neverland, sino más bien “Destruyendo a Jackson”

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