El régimen de Nicolás Maduro y antes el de Hugo Chávez, están acostumbrados a vivir de la propaganda, de la puesta en escena, del teatro. Este viernes pudimos ser testigos de una escena para la humillación y el vilipendio. Una liberación de rehenes de la dictadura, de los denominados presos políticos en un show decadente que lejos de lavar la cara de la dictadura desnuda su talante y confirma lo que ya la gran mayoría sabía: las cárceles de Venezuela albergan presos de conciencia, reos por revelarse ante la dictadura, encarcelados sin que un juez les dictara sentencia en un juicio que respete las leyes y el derecho a la defensa.

El show no fue bien montado, la urgencia por lavarse la cara luego del fraude electoral que dejó aún más en evidencia a la dictadura, los hizo correr y obviar algunos detalles, como por ejemplo los discursos improvisados de algunos voceros del régimen que aparecieron en escena.

El acto fue presidido por Delcy Rodríguez como representante de la “Comisión de la Verdad” -vaya nombre- de la inconstitucional Asamblea Nacional Constituyente (ANC); acompañada del fiscal general impuesto por la ilegítima ANC, Tarek William Saab. Nada es legal, nada es legítimo, nada está en la Constitución. Son actores de un show, de una obra que intentan llamar Gobierno de Venezuela, pero que todos reconocen como dictadura.

Palabras más, palabras menos, Delcy Rodríguez dijo que Nicolás “solicitó esta medida lo más amplia posible para personas privadas de libertad por motivos políticos" y William Saab reafirmó que las liberaciones las ordenó Maduro; en lo que podemos sintetizar como un intento de suavizar su rostro de dictador pero con el resultado contrario: como él los encarceló, él mismo ordenó sacarlos de la cárcel, es lo que se concluye. Eran presos de Maduro.

Es tan evidente que los presos injustamente encarcelados son fichas que el régimen utiliza, que ni siquiera fueron trasladados a los tribunales naturales para que recibieran las medidas que los van a beneficiar. Fueron llevados a la Casa Amarilla, la sede de la Cancillería, para humillarlos con discursos propagandísticos, llamados a la paz y a la unión vacíos de contenido, antes de otorgarles algunos beneficios, pues no todos han sido liberados; muchos de ellos no pueden salir del país, deben presentarse a tribunales cada 30 días e incluso, los más emblemáticos como el exalcalde Daniel Ceballos o el general Ángel Vivas no pueden declarar a medios ni expresarse en redes sociales.

Hablaron de 39 liberaciones de presos políticos, pero solo 16 tenían tal calificación, de acuerdo con la ONG Foro Penal. El resto era un grupo de presos comunes y de detenidos por otras causas, incluso miembros de colectivos vinculados al chavismo.

Pero en su puesta escena, hubo actores que se salieron del libreto de la humillación pública. Fue así como se pudo apreciar al general Vivas, visiblemente disminuido por las condiciones en las que estuvo recluido, ante las cámaras del canal de propaganda estatal VTV, gritando: "muerte a la tiranía, viva la libertad, Francisco de Miranda".La humillación no pudo concretarse. El mundo fue testigo de un régimen que presionado por la crisis nacional y la comunidad internacional, libera sus rehenes, en búsqueda de un reconocimiento que luce muy lejano.

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