martes 28  de  julio 2026

Libido: palabra llana

El Diccionario panhispánico de dudas (DPD), en su edición impresa de octubre de 2005, precisa que libido se define como ”˜deseo sexual”™, y es una voz llana: [libído]

Claudia Ocampo y Ernesto González, dos lectores habituales de esta columna, me preguntan cómo debe pronunciarse la palabra libido. n

Pues bien, empezaré diciéndoles que el Diccionario panhispánico de dudas (DPD), en su edición impresa de octubre de 2005, precisa que libido se define como u2018deseo sexual u2019, y es una voz llana: [libído]. Además, aclara que no es correcta la forma esdrújula líbido, debida al influjo del adjetivo lívido con el que no debe confundirse. nEn el caso de lívido (a), el DPD explica que, etimológicamente, significa u2018amoratado u2019, pero hoy es más frecuente, y se considera válido, su uso con el sentido de u2018intensamente pálido u2019. n

Los abuelos preguntan n

Entre los lectores de esta columna, hay muchos abuelos, y varios me han preguntado acerca de la procedencia de la palabra pirsin que les escuchan decir a sus nietos.
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La repuesta, también, la encontré en el DPD. Allí se puede leer que pirsin es una adaptación gráfica propuesta para la expresión inglesa (body) piercing, u2018perforación hecha en una parte del cuerpo distinta del lóbulo de la oreja, para insertar pendientes, aros u otros ornamentos u2019.
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Vale añadir que su plural debe ser pírsines, y que este anglicismo puede sustituirse por expresiones españolas alternativas, como perforación (corporal). n

Atar los bártulos n

Como yo uso mucho el sustantivo bártulos, recientemente, tuve la curiosidad de indagar acerca de este término, definido como u2018enseres que se manejan u2019 por el Diccionario de la lengua española (DRAE). nY fíjense que la palabra debe su origen a Bártolo o Bártolo de Sasso-Ferrato, quien fue un eminente jurisconsulto italiano de la Edad Media. n

Bártolo se desempeñó como profesor de Derecho en las universidades de Pisa, Bolonia, Padua y Perusa. Sus obras, contenidas en trece volúmenes, sirvieron de material de estudio durante tres siglos a los alumnos de Derecho de toda Europa.
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Cuentan que los estudiantes españoles tomaban nota de las obras del ilustre tratadista y, una vez concluida la clase, ataban los apuntes por medio de cintas o correas. El conjunto de estos apuntes se conocía, familiarmente, por el nombre de bártulos. De ahí que, en la jerga estudiantil, a la tarea de reagruparlos y atarlos una vez utilizados, se le llamara atar (o liar) los bártulos.
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Con el transcurso del tiempo, el dicho terminó por aplicarse, asimismo, a toda disposición o preparativo que, por lo general, hace referencia a una mudanza, cambio de domicilio o traslado de utensilios. nY amigos lectores, ahora voy recogiendo mis bártulos, para regresar con más el próximo sábado.

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