Cuando aún no ha sonado el primer disparo oficial del comienzo de la refriega por la Casa Blanca, ya los votantes comienzan a recibir su habitual y lamentable cuota de mensajes sucios, golpes bajos y acusaciones de toda índole entre republicanos y demócratas. n
Los comentarios del estratega republicano Karl Rove contra la exsecretaria de Estado Hillary Clinton son el ejemplo más reciente. Rover afirmó que Clinton padece un"serio problema de salud", en referencia a un coágulo de sangre sufrido por la también exprimera dama tras una aparatosa caída hace algunos meses. n
Lo más probable es que en su momento, los demócratas respondan atacando a Rove y tratando de vincular su pasado y cercanía a la familia Bush y a escándalos del pasado con la imagen de quien resulte ser el candidato republicano. n
Así las cosas, los principales problemas que aquejan al país y, por ende, deberían ser el foco de atención de ambos partidos, se diluirán en la pelea sucia que promete ser la batalla presidencial donde el apellido Clinton aparezca.
Debe subrayarse, por cierto, que Hillary ni tan siquiera ha hecho explícito su deseo de aspirar a la más alta silla de la nación. n
Cada vez más las batallas electorales, no importa si se trata de contiendas a puestos federales o comisiones de limitado alcance regional, se deciden por la cantidad de lodo que uno y otro contrario logran lanzarse.
Al final, pareciera que los votantes y sus preocupaciones no estuvieran en el tope de la lista de los políticos.
El objetivo a veces ( u00bfo siempre?) es sencillamente ganar, a toda costa, a toda velocidad, aunque a la vera del camino una vez más quede el ciudadano con los brazos cruzados asistiendo cada vez con más desgano al circo de la política.