Hablar de los enemigos del sexo es hablar de los enemigos de la pareja, aún más si tenemos en cuenta la afirmación de numerosos sexólogos y psicólogos de que el sexo es el termómetro de la relación.

Justamente esta semana me llamó un amigo de España para comentarme que estaba pensando seriamente en dejar a su novia. “Hace más de dos meses que no tenemos relaciones y ya me cansé. No me siento querido ni deseado”, me dijo.

Al preguntarle si estaban discutiendo mucho me contestó que a todas horas, que siempre andaban molestos y enfadados por cualquier tontería.

He ahí uno de los grandes destructores del sexo, las dichosas peleas. Muchas son las parejas que acaban llevando sus conflictos a la cama, salpicando negativamente su intimidad. Y viceversa, cuando la intimidad es mala o nula también genera conflictos en la vida normal. Algo parecido a “la pescadilla que se muerde la cola”. Tanto es así que las consultas de sexólogos están llenas de parejas que no tienen relaciones sexuales porque siempre están enfadados.

Enfadarse no solo genera malestar, sino que también produce estrés, otro de los grandes aniquiladores del deseo sexual. El ritmo de vida y las excesivas responsabilidades del día a día van acumulando tensión y ansiedad hasta un punto en que el cuerpo se bloquea inhibiendo la respuesta sexual.

Elisa, enfermera de 37 años, me comentaba al respecto: “Cuando estoy estresada no puedo concentrarme en tener sexo, no me relajo y sigo pensando en todo lo que tengo que hacer al día siguiente. Termino fingiendo para acabar cuanto antes”.

Ricardo, ingeniero de 45 años, explicaba a su vez: “El estrés afecta directamente mi erección”. Precisamente esto nos hace pasar a otros enemigos del sexo que tienen que ver con el estrés, la edad y factores biológicos. Me refiero a las disfunciones sexuales. En el caso de los hombres las más comunes serían: eyaculación precoz o retardada, curvatura del pene, erecciones dolorosas y disfunción eréctil, o lo que es lo mismo, cuando no se consigue una erección prolongada.

Por su parte, muchas mujeres ven afectada negativamente su sexualidad al sufrir de anorgasmia coital (falta de orgasmo en el coito), falta de deseo, vaginismo (los músculos de la vagina se contraen de forma que impiden la penetración) y la dispaurenia (dolor antes, durante y después del coito).

Este tipo de disfunciones afectan a más gente de la que usted pueda imaginar, pero por vergüenza muchos no dicen nada ni piden ayuda profesional.

Hace un par de años entrevisté a una mujer cubana que sufría de dispaurenia y me relataba que para ella el sexo era sinónimo de sufrimiento y dolor. Lo evitaba a toda costa, al punto de preferir que su marido tuviera una amante antes de tener relaciones con él. Jamás había acudido a un especialista para tratar el problema.

Estadísticas han mostrado que el 70% de las parejas tardan entre uno a dos años en pedir ayuda y gran parte lo hacen muchos años después.

Al hablar de los enemigos del sexo, no podemos olvidar ciertos medicamentos que han demostrado ser auténticas bombas de relojería para la vida sexual. Los efectos secundarios de algunos antidepresivos, píldoras anticonceptivas, fármacos para tratar la caída del pelo, antihistamínicos (para las alergias), ansiolíticos para dormir o antihipertensivos (para tratar la hipertensión) provocan, en diferente medida, una caída en picado de la lívido.

No podría cerrar este capítulo sin mencionar uno de los peores enemigos de la vida íntima en pareja. Se trata de la rutina. Eso de tener sexo una vez a la semana, a la misma hora, en el mismo lugar y la misma posición es la fórmula perfecta para el fracaso y el aburrimiento. Nada como innovar, jugar y meter un poquito de picante a la relación, ya sea con lencería, juguetes sexuales, practicar cambios de roles, variar de posiciones, de lugares y lo más importante: comunicar tus deseos para que sean cumplidos.

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