martes 31  de  marzo 2026
educación

Los extraterrestres y el plurilingüismo

Una de las cuestiones que centrará la atención de la Convención Estatal del Consejo de Florida de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC), que se llevará a cabo los días 5 y 6 de mayo en el hotel Dadeland Marriott, es la enseñanza de idiomas y el bilingüismo. DIARIO LAS AMÉRICAS desea contribuir modestamente al análisis y debate de un tema de tanta importancia para los hispanos
Diario las Américas | EMILIO J. SÁNCHEZ
Por EMILIO J. SÁNCHEZ

Entre las teorías que deslizan los programas del History Channel está aquella que atribuye a la filantropía extraterrestre el sinnúmero de adelantos que se produjeron desde la década del 50 (precisamente después de los sucesos de Roswell, Nuevo México, 1947).

Computadoras, transistores, láser, aparatos de visión nocturna, fibra óptica, nanotecnología biomolecular, microonda, circuitos integrados; todos ellos serían regalos de los alienígenas.

El tema salió a relucir con fuerza a propósito de una película, Arrival, que llegó a acumular ocho nominaciones a los premios Oscar, cuya ceremonia se efectuó a fines de febrero.

Un cuento del escritor estadounidense Ted Chiang, La historia de tu vida, sirve de inspiración al filme. Con numerosos premios literarios en su haber, gira en torno a la necesidad de comunicación, pero da pie a reflexiones filosóficas, éticas y, sobre todo, lingüísticas. De hecho, su estructura argumental se basa en la hipótesis de Sapir- Whorf según la cual el idioma determina (o influye en) nuestra percepción del mundo. Y viceversa.

¿Pensamos como hablamos?

De Edward Sapir (1884-1939) es bastante conocido El Lenguaje, en la edición del Fondo de Cultura Económica, donde exponía la indisoluble relación entre pensamiento y lenguaje y su manifestación a través de la raza y la cultura. Benjamin Lee Whorf (1897-1941) desarrolló y llevó a extremos las enseñanzas de su maestro, y caracterizó la lengua como el instrumento moldeador de la visión y conceptualización del mundo.

En el cuento de Chiang, la lingüista Louise Banks se ve obligada a aprender la lengua de los extraterrestres y por ello su siquis sufre una transformación. A diferencia de los terrícolas, los visitantes (heptápodos), no discurren de manera lineal, sino circular y holística; su pensamiento integra pasado, presente y futuro. Por ello, al estudiar la escritura de los visitantes, Louise percibirá el tiempo de otra manera y tendrá la posibilidad de conocer el futuro.

La versión fílmica —dirigida por Denis Villeneuve y con Amy Adams, Jeremy Renner y Forest Whitaker como protagonistas— suscitó en la prensa un enorme interés por verificar su fundamento científico. Numerosos lingüistas fueron entrevistados para conocer su parecer acerca de la hipótesis Sapir- Whorf. Nunca tuvo tanto brillo la ciencia fundada por Ferdinand de Saussurre.

Ventajas de dominar idiomas

Lamentablemente, no contamos hasta ahora con ningún testigo que pueda mostrar los efectos del aprendizaje de una lengua extraterrestre, pero en cambio sí existe un sinnúmero de testimonios sobre las ventajas de dominar varios idiomas. Aprender otra lengua puede que no nos permita visionar el futuro, pero sí acceder a otros mundos, no alienígenas ni paralelos, sino culturales y que, aun próximos, permanecen ignorados o adulterados.

Sin duda, la lengua condiciona nuestra percepción del mundo en los planos consciente e inconsciente. Poseer otro idioma significa ensanchar —potencialmente al menos— la cosmovisión propia y sumar otras visiones.

El bilingüismo y plurilingüismo nos favorecen no solo en términos sociales y laborales sino también psicofisiológicos. El individuo percibe el mundo y lo expresa a través del lenguaje. El dominio de otra lengua transforma nuestro cerebro en tanto se forjan nuevas conexiones neuronales. Aprender un nuevo idioma es también aprender una nueva forma de pensar y actuar.

Cuando se habla, lee o escribe otra lengua el cerebro activa ciertas áreas neuronales y se expande la materia blanca, el transmisor que cubre las terminaciones nerviosas. Además, se afila la atención, concentración y memoria. En general, la mente se flexibiliza, lo cual potencia su capacidad creativa. Tanto es así, que la ciencia médica recomienda el aprendizaje de idioma como entrenamiento contra el deterioro mental asociado al envejecimiento y para retrasar la aparición del Alzheimer.

Investigaciones han comprobado que el cerebro de un bilingüe/plurilingüe se caracteriza por la flexibilidad ante los cambios; posee mayor poder de concentración y procesa mejor la información.

Maravilloso cambio de código

Los alumnos de la Maestría en Educación de Nova Southeastern University (especialidad Español) aprenden, ante todo, que enseñar el idioma español en Estados Unidos es una tarea radicalmente diferente a hacerlo en Madrid, Bogotá o Quito. En condiciones de lenguas en contacto se producen ciertos fenómenos sociolinguísticos: cambio de código (code switching), préstamos (borrowings), extensiones (extensions) y calco (copy). De ellos, el que mejor expresa la naturaleza y relevancia del bilingüismo es el cambio de código.

Cuando un bilingüe combina frases en inglés y español, ejercita una maravillosa facultad que lo distingue del monolingüe. Al moverse con facilidad de una lengua a otra no lo hace de manera arbitraria ni porque carezca de recursos de expresión en uno u otro idioma, sino con otros propósitos: respetar la lengua dominante del interlocutor, imprimir cierto énfasis, mostrar solidaridad o proclamar su identidad bicultural.

Al elegir la lengua en la que desea expresarse, el bilingüe demuestra la gran flexibilidad de su cerebro. Conmutar el idioma a voluntad y sin esfuerzo (cambio de código) entrena a ese órgano para procesar la nueva información.

Por eso resulta contraproducente estigmatizar en el aula una capacidad excepcional, resultado del desarrollo peculiar del cerebro. El maestro debe ponderar esa facultad y no inhibirla, sin por ello abandonar su misión, que es mostrar el idioma estándar, aquel que mejor puede cumplir su función universal de comunicación.

Ni para jugar Rayuela

Paulatinamente los niños bilingües van perdiendo esa condición debido a la pobreza de las clases de idiomas, a lo que se suma el desinterés o ignorancia de los padres, que no estimulan su empleo en el hogar. Difícilmente puede mantenerse y desarrollarse un idioma con clases de 15 minutos diarios, como las que se imparten en numerosas escuelas públicas del condado Miami-Dade; mucho menos cuando esos maestros son preteridos y sus clases “canibalizadas” para otras actividades escolares. Pero tampoco cuando los padres se ufanan de que sus hijos ya no hablan el idioma natal, de “tan estadounidenses” que se sienten.

Los extraterrestres de Arrival no revelan adelantos tecnológicos ni científicos. Su único obsequio a los terrícolas es esa extraña lengua que en la pantalla parece ejercicio festivo de calamares gigantes. Por fortuna, aprender un nuevo idioma no depende de seres del espacio interestelar. Es la posibilidad excepcional que nos permite, en el acto de comunicación, ver y sentir más allá.

Un regalo que nos damos. Sin intermediarios.

Periodista, profesor de Nova Southeastern University

[email protected]

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