Los venezolanos estamos habituados a los impromptus del diputado Louis Vuitton –habituados sí, resignados jamás–.

Como cuando aseguró –sin prueba alguna, porque tipejos como él están relevados de demostrar sus aseveraciones– que el mismísimo Baby Bush había convertido las pantallas de nuestros televisores en bidireccionales y orwellliano, voyerista, parafilítico, nos vigilaba a todos las 24 horas, los 365 días y noches de cada año.

O como cuando nos reconvino por consumistas y en medio de la reconvención, una reportera irreverente –las buenas reporteras lo son– lo contrarreconvino porque él, en persona, en el instante mismo de su reconvención, estaba calzando unos zapatos –de allí su remoquete a perpetuidad– Louis Vuitton, costosísimos, pero muy ridículos, para vejetes como, él.

O como cuando en sus tiempos de capitancito de la FAN se “enquesó” con la tesorería de la cantina del cuartel, en concreto, con las ventas del día, montantes a diecisiete bolívares con real y medio y cuartillo. A saber: seis empanadas de cazón, dos de caraotas fritas, una de carne mechada, tres cajetillas de cigarrillos vendidas por unidad o por separado y cuatro condones reciclados, marca “Sultán”, delito ese previsto y sancionado por el Código de Justicia Militar. Por lo que fue dado de baja con deshonra, por ratero o peor, cleptómano compulsivo y además mitómano, compulsivo, también. Como quedó demostrado al defenderse ante la Corte Marcial con el alegato según el cual, el botín había sido para socorrer a su abuelita enferma de gravedad, cuando era lo cierto que no tenía abuelas, porque ya cadáveres, estaban inhumadas desde décadas atrás en el camposanto de Mantecal, estado Apure.

El domingo pasado reapareció. Fue convocado al canal del Estado para amenazar a nuestros hermanos colombianos. En específico, para infundirles supuesto temor con los “temibles” Sukhoi, de la Fuerza Aérea Bolivariana, que ya no es fuerza ni aérea, porque la corrupción descocada ha dejado a sus aviones inoperativos y a los aviadores sin el exigente entrenamiento rutinario.

Impromptu, en realidad, no le hace justicia a la coprolalia ni a la germanía, del diputado Louis Vuitton. Hemos adoptado el término, sin embargo, para no ruborizar a los lectores, las lectoras sobretodo, con las expresiones que de veras se merecen.

¿A quién se le ocurre en un programa de TV, mapas, gráficas, vistas aéreas, puentes a bombardear incluidos, jactarse y con ello informarle al enemigo los supuestos planes del ejército propio en guerra avisada, de las que no matan soldados?

Pero la robolución forajida, es como es. Aquello que enaltece al buen padre de familia, avergüenza a todo sedicente bolivariano. Hablar zoquetadas –zoquete quien las expresa– insultar, amenazar, blufear, destemplar, echárselas de guapo o valiente, cuando se anda por esos caminos de Dios, cuajado de espalderos, autos blindados a costa del Erario Público, en lugar de estigmatizar, es motivo de ascenso político, pero sobre todo económico que al final, es lo único que motiva a semejante canalla.

La actual hecatombe compatriota, no la mitiga, ni la distrae el manido recurso del “enemigo externo” al que hay que bombardear, volarle cinco puentes o partirlo en mil pedazos. El verdadero enemigo, lo tenemos en nuestras propias entrañas: el llamado Socialismo del Siglo XXI cuya única metafísica la constituye la rapiña en este caso personificada por el diputado en referencia.

¡Urgente! Solicítase perro de la guerra. Interesados, presentarse en las taquillas de la Asamblea Nacional Constituyente. Favor preguntar por el honorable diputado Louis Vuitton. El impromptus de turno no puede pasarle liso y sin ganarse sus consabidos $$$.

@omarestacio

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