Nicolás Maduro nunca consideró que Estados Unidos desplegara una operación militar como la que se lleva a cabo en el mar Caribe. Y menos que desde la ONU un presidente de ese país anunciara su destrucción volándolo en mil pedazos como terrorista.
Y pensar que a Maduro eso le ha sucedido después del ruego epistolar hecho público que, en tono meloso y revelador de vulnerabilidad, juró su inocencia en esa carta dirigida a Donald Trump
Nicolás Maduro nunca consideró que Estados Unidos desplegara una operación militar como la que se lleva a cabo en el mar Caribe. Y menos que desde la ONU un presidente de ese país anunciara su destrucción volándolo en mil pedazos como terrorista.
Y pensar que a Maduro eso le ha sucedido después del ruego epistolar hecho público que, en tono meloso y revelador de vulnerabilidad, juró su inocencia en esa carta dirigida a Donald Trump.
Pero Maduro no ha detenido las operaciones del negocio a pesar de la dificultad en transportar la droga por el operativo militar. El lavado de dinero ha continuado. De hecho, en el estado Zulia y otros estados del centro occidente del país, aún hoy se están cerrando tratos de millones de dólares destinados a blanquear dinero del narcotráfico.
Son muchos los personajes que han logrado créditos, pero no de bancos tradicionales; son bancos de segundo piso que otorgan préstamos de hasta dos millones de dólares con fondos que administra el narcotráfico a través de la guerrilla y con la complicidad de altos funcionarios venezolanos.
En la operación utilizan camionetas cargadas con dinero en efectivo; usualmente un millón de dólares por cada vehículo, de los cuales 30 mil dólares son para el chofer que los transporta.
El receptor del préstamo antes ha sido recibido en Maracaibo por un equipo de técnicos y contadores que le han explicado lo que tiene que hacer. Le detallan las condiciones de pago, que casi siempre son las mismas: tres o cuatro años para cancelar la deuda, dependiendo de la confianza que se tenga con el cliente.
El trato se muestra ventajoso para el prestatario, puesto que del millón que le están prestando (siempre son billetes viejos, gastados), solo deben devolver 700 mil dólares. Es decir, que los narcos pagan 300 mil para que les laven su dinero sucio, que es regresado limpio en dólares o en cripto o en USDT.
Un detalle muy importante en esta transacción y que es de obligatoria aceptación para amarrar la negociación es que el cliente debe permitir una operación en la que le ingresan un chip que se lo instalan a la altura del omoplato con el que será vigilado. Si no paga o si pretende quitárselo, será hombre muerto.
Las operaciones de la dictadura son materia conocida como la reactivación de la milicia, un asunto con varias capas; la más manida es la que el régimen difunde en redes sociales. Son las imágenes de viejitos y señoras obesas empuñando torpemente fusiles. Sobre eso, algunos expertos militares coinciden en opinar que todo este teatro busca dos objetivos: el primero es provocar sentimientos varios, entre ellos la imagen deliberada de debilidad y desventaja.
Con el otro objetivo advierten que se trata de inocular el discurso de defender la patria de una invasión de Estados Unidos, un enemigo poderoso al que hay que odiar y combatir.
Sin embargo, el fracaso reciente en la convocatoria en la avenida Bolívar demuestra que esa mentira no mueve a nadie. Además, Patria con hambre no dura.
A la milicia también la usan como elemento de distracción, mientras al país han llegado aviones cargados de rusos en cantidades superiores a la normal.
Y está sucediendo algo no menos grave: el régimen está procurando la fusión con bandas terroristas extranjeras que se unirían a las peligrosas locales ya conocidas.
Y sin sorpresas, los cubanos vuelven a estar en todo. Ellos son quienes ocupan la sala de operaciones del Comando Estratégico Operacional y manejan todos los escenarios de una crisis que para ellos es urgente de solucionar porque pone en riesgo su negocio por razones obvias: si cae Venezuela, sería inevitable el derrumbe que cual piezas de dominó haría caer al resto de los tiranos de Latinoamérica.
Así que cuando ustedes vieron a Maduro uniformado de militar frente a una mesa señalando un mapa, rodeado de Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López, eso solo fue la escena de una comedia.
Son los cubanos quienes dan lineamientos al miedo de Nicolás, son quienes activan su paranoia convenientemente y quienes operan sobre lo que va quedando en una Fuerza Armada desmoralizada y silenciosamente atenta a un desenlace que muchos esperan que cambie su penosa realidad cotidiana. Un ejército que con minúscula ha sido deformado en operador de delitos, sobreviviente ante la necesidad y convertido en parte de una banda de delincuentes que sobrevive en la silenciosa espera de un desenlace de un país mejor.
