El expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero jamás habría llegado al poder. No le avalaba ninguna encuesta. Había logrado hundir en tiempo récord el partido socialista fuerte de las mayorías absolutas de Felipe González. Tenía en frente al Gobierno de Aznar que había obrado el milagro de salvar la economía y el empleo. Fue en las ocho horas posteriores al atentado terrorista del 11-M (2004) cuando el PSOE agitó tan burda como inteligentemente la calle, el Gobierno desplegó una de las peores campañas de comunicación de crisis de la historia de España, y Zapatero acabó en La Moncloa dos días después, mientras los españoles votaban bajo la conmoción del atentado. No hubo ilegalidad, sí hubo inmoralidad, pero la presidencia de Zapatero no fue, como la actual de Sánchez, por méritos propios, sino accidental.

Zapatero demostró lo que todos esperábamos: que sería el peor y más pernicioso presidente de la democracia española. Dividió y enfrentó a los ciudadanos, hundió la economía y el empleo, y engalanó a terroristas y separatistas, una política miserable cuyas consecuencias aún estamos sufriendo.

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En el plano internacional, la hazaña más recodada de Zapatero fue quedarse sentado y no aplaudir ante el desfile de la bandera de Estados Unidos en protesta por la guerra de Irak. Una gesta que demostró su confusión sobre lo que representan los símbolos nacionales, porque su desaire no fue a Bush sino a todos los estadounidenses, amigos y aliados de España desde siempre, pero más que nunca en la era Aznar.

Por lo demás, como tenía –y tiene- la peor de las famas, la de atraer la mala suerte, los líderes internacionales le esquivaban en las cumbres y él se paseaba en las reuniones como alma en pena.

Rajoy logró echarlo del Gobierno antes de que terminara de huir el país y como expresidente ha tenido un buen comportamiento, hasta el pasado año. Los venezolanos se echaron las manos a la cabeza cuando supieron que Zapatero andaba enredando con Maduro para poner en marcha una operación diálogo. Al fin y el cabo, él era experto en tratar con la peor calaña: recordemos su diálogo con los terroristas de ETA, que ha terminado con los que pegaban tiros totalmente blanqueados e integrados en las instituciones como si fueran angelitos de la caridad, pero vertiendo el mismo odio que siempre y sin un ápice de arrepentimiento. Ni que decir tiene que denigró a las víctimas de ETA todo lo que pudo para tratar de mantenerse en el poder, aquel infausto 2006, cuando se decantó por arrodillarse ante los asesinos y silenciar a los asesinados.

Con este historial, la intervención de Zapatero en Venezuela solo podía terminar así: con Maduro asaltando ilegalmente el poder. Al expresidente español se le empieza a conocer como experto facilitador de intentonas golpistas. Lo de Cataluña ha terminado en un golpe de Estado de los independentistas, aplastando y persiguiendo a la media Cataluña que no comparte sus tesis. Lo de Venezuela ha desembocado en el golpe de Estado de Maduro, la denigración y violencia contra la oposición, y el aislamiento internacional.

Dice Zapatero que con el Gobierno de Maduro se puede dialogar. Sí, sobre el modelo de pistolas que son más eficaces para abatir opositores.

Dice Zapatero que con su intervención evitó un conflicto civil. A la vista está.

Dice Zapatero que los encarcelados por el régimen y sus familias, le adoran. Creo que confunde la buena educación de esa gente de bien con sus ensoñaciones.

Dice Zapatero que Maduro debe entender que necesita medidas liberalizadoras porque las cosas no funcionan. Desde luego, no son las que él aplicó en España. Y puestos a decirle algo a su amigo Maduro, si Zapatero realmente quisiera hacer un bien a la Humanidad, bastaría con que se le acercara al oído, a esa oreja colosal que tiene Maduro –que es todo oreja, bigotes y sordera-, y le susurrara en bajito: “lárgate, tirano”.

Pero no hay mal que cien años dure. Para consuelo de los venezolanos, Zapatero ha expresado públicamente su apoyo a Maduro. Su fama de gafe se la ganó con este tipo de gestos. Nadie, ni uno de los personajes a los que Zapatero prestó su apoyo, ha sobrevivido a su abrazo. Incluso el declive de Obama llegó justo después de recibir el respaldo del expresidente español. De modo que se abre en Venezuela una oportunidad histórica. El régimen va a caer de un momento a otro. Maduro no sabe el lío en el que se ha metido juntándose con un tipo con tan mala sombra. A su paso las flores se marchitan, los pájaros se desploman en el suelo y la gente tropieza por la calle. Maduro está acabado.

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