No es desde luego una posición fácil la que tienen los congresistas republicanos elegidos en distritos de mayoría hispana. Por un lado, nadie se puede llevar a engaño de la política migratoria de la actual administración. Se prometió dureza en la campaña y por ese camino se transita. Se cerró la frontera de manera impecable e implacable y se redujo el número de entradas en el país dramáticamente. Una decisión razonable y apoyada masivamente por el pueblo estadounidense, incluso por los votantes demócratas.
Es incuestionable la efectividad de la medida y además deja en evidencia la gestión de Joe Biden y Kamala Harris entre 2020 y 2024. No se frenó la entrada masiva de inmigrantes ni por falta de medios ni presupuesto. El motivo fue la falta de voluntad política que propició la entrada masiva de personas decentes que buscaban una oportunidad de progreso en la vida, pero que llevó aparejada la infiltración de delincuentes y miembros de bandas criminales que se convirtieron en tema de controversia en campaña presidencial. No sé si fueron mil, cinco mil o diez mil los delincuentes que entraron al país, pero cada uno de ellos y cada una de sus acciones criminales son resultado de la nefasta gestión de una dupla cuyo fracaso fue el mejor regalo para allanar la vuelta a la Casa Blanca de Donald Trump.
Hasta ese punto, todos son halagos y beneficios para esta administración, que puede sacar partido de su decisión. En mayo de 2025, las entradas por la frontera se redujeron en un 88% sobre el mismo periodo de 2024. Los datos le avalan y al mismo tiempo lanzan un torpedo en la línea de flotación del Partido Demócrata, que aparece como incapaz de controlar la inmigración ilegal con la consecuente entrada de delincuentes comunes y terroristas.
Donde ya no es tan sencillo “vender” a los electores de un distrito como el 27, ubicado en el sur de Florida -que abarca el condado de Miami-Dade- es la política de deportaciones indiscriminadas y masivas de esta administración, que además se centran casi al 100% en la comunidad hispana. Cuando mencionamos el distrito 27, estamos hablando de más de 750.000 habitantes, con una mayoría aplastante de hispanos.
Ese factor, el de la presencia hispana, fue clave para que la republicana Ileana Ross Lehtinen, de origen cubano, dominara el distrito de 1989 hasta 2019. Ross Lehtinen fue tan popular y tan efectiva que hasta muchos votantes demócratas se rindieron ante su carisma. Su personalidad y su compromiso con los votantes de su distrito, marcando distancias cuando así lo creyó necesario con su partido, la hicieron invencible.
El factor hispano también fue clave para que la periodista María Elvira Salazar se hiciera con la victoria frente a la demócrata Donna Shalala en el distrito, en 2020. Shalala, amiga de los Clinton y perteneciente a la élite del Partido Demócrata no habla ni una palabra de español. Estos argumentos fueron un cóctel perfecto de ataque para la campaña de María Elvira, que acabó imponiéndose. En sus inicios políticos, la experiodista intentó distanciarse de Donald Trump pero el innegable tirón del Presidente entre los republicanos le hicieron volver al redil de manera ciega, seguramente calculando que ganar un distrito sin el apoyo del ahora inquilino de la Casa Blanca era misión imposible.
Ahora, la congresista del distrito 27, se levanta aplaudiendo las políticas de Trump y el zar Tom Homan de arrestos, redadas, fin del TPS, trabas al asilo político, etc., y se acuesta haciendo propuestas de reforma migratoria que proponen todo los contrario, una vía para la regularización a indocumentados sin delitos que lleven cinco años en el país. Ley Dignidad le llama. Y es que María Elvira Salazar debe tener pesadillas con las elecciones de medio término que se celebrarán en noviembre de 2026. De cómo podrá mirar a los ojos de muchos cubanos, nicaragüenses o venezolanos, a los que prometió proteger en los Estados Unidos mientras contribuía al fin de los regímenes totalitarios que imperan en esos países. Ahora esos que la votaron en 2024, vieron el fin del TPS, y sufren las deportaciones de familiares que no han cometido delito alguno mientras Ortega, Maduro y Díaz-Canel siguen cómodos en sus poltronas. Sobre eso, guarda silencio María Elvira…
Esta semana decidió presentar su reforma migratoria bipartidista, que suena tan bienintencionada como proporcionalmente carece de alguna posibilidad de ser aprobada. Su espíritu y su esencia chocan frontalmente con la actual política migratoria de Trump. Salazar ha decidido sin sonrojo poner una vela a Dios y otra al diablo. Los votantes del distrito 27 hablarán en 2026.