martes 28  de  julio 2026

Mi adiós a Gabriel García Márquez

El fallecimiento de este anciano de 87 años que amó la literatura con la misma terquedad que Florentino Ariza a Fermina Daza, me paralizó el corazón.

En el preciso momento que leí en la pantalla del ordenador el mensaje de Sonia Gallegos informándome que Gabriel García Márquez acababa de morir en México, sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo, no porque fuera un amigo íntimo, sino porque se desovilló el hilo de la memoria, y recordé en un instante cada hogar, cada biblioteca, cada lecho, donde por casi 50 años leí uno por uno sus libros inagotables. Aunque fuera la crónica de una muerte anunciada, el fallecimiento de este anciano de 87 años que amó la literatura con la misma terquedad que Florentino Ariza a Fermina Daza, me paralizó el corazón. Fue entonces que me invadió el aroma indiscutible de las almendras amargas. n

No me importó vivir en tiempos del cólera, ni que el otoño del patriarca se haya convertido en un largo invierno. nConspiré con los alquimistas, sentí en el paladar el sabor de los animalitos de caramelo y observé asombrada a Remedios elevarse entre sábanas blancas en el milagro literario de la ascensión. Me sorprendió de nuevo y por vez primera el hielo. Soñé despierta con un hombre caribeño vestido en un liqui liqui blanco inmune al frío invernal de Estocolmo, y bailé con él envuelta en el olor de las guayabas y la suavidad de los pétalos de una rosa amarilla. n

En un tiempo indefinido, que igual fue un segundo que los largos días y noches que llovió sin cesar, gota tras gota, sobre la inundada aldea, vi miles de mariposas revoletear sobre la cabeza de un hombre enamorado, y a un anciano cuya única ocupación era esperar el correo mientras un elefante dorado colgaba de la puerta. n

Colombia se convirtió en el mundo, Macondo en el universo, y escuché describir personajes y narrar historias a ritmo de vallenato. Sentí la soledad de nuestro continente, donde la realidad es tan irreal que quienes no la conocen la confunden con fábulas mágicas. Sufrí la mala hora de la noticia de un secuestro, no sé ya en cuál de nuestros países. En el relato de un náufrago, descubrí ojos de perro azul. El verano feliz de la señora Forbes, con esta bendita manía de contar, parió doce cuentos peregrinos. Quise anotar las memorias de las putas tristes, alquilarme para soñar, y me encontré con un general en el laberinto de una hamaca bajo un azul de nubes veloces. Saboreé mazapanes y dulces calientes de los conventos y barras de chocolate con canela siempre servidos en la merienda de las cuatro. u00a1Ay, el vapor de los jazmines, el aire que parece de diamantes y un cielo de abril con más estrellas que nunca antes!
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No puedes olvidarte que vienes a decir un discurso, me dijo una voz; y vi entonces a un brujo embrujado por un hombre de su misma edad, que le dio vueltas a una Isla, de modo que sus habitantes corrían siempre el riesgo de morir ahogados. Observé también que el brujo parecía en ocasiones tuerto, pero en otras extendía generoso sus manos y rescataba de las aguas o las cárceles a hombres y mujeres. Y vi que a otros más jóvenes les enseñaba de un mundo mágico que se llama cine, y se me olvidó cómo se cuenta un cuento, porque de pronto percibí que el periodismo militante se había convertido en una diatriba de amor contra o quién sabe si a favor de un pueblo sentado. n

Pienso que debo escribir una nota de prensa, anunciar los funerales del patriarca eternamente joven, pero que no puedo, no debo irme hasta que le den sepultura, porque nadie es de ninguna parte mientras no tenga un muerto debajo de la tierra. u00bfSerá todo hojarasca? Veo a un anciano de traje azul con una rosa en la solapa a quien le cantan las mañanitas y él sonríe, y parece feliz y perdido a un mismo tiempo. n

Y me veo a mi misma, exiliada, joven mamá, oficinista, estudiante, aprendiz de escritora, mujer madura, profesora, leyendo, anotando, gozando, aprendiendo, viajando por un país el alcance de los niños que aún tenemos la curiosidad para descubrir el mundo tan reciente u2026 cuando la cuartilla está virgen , la pantalla del ordenador vacía de palabras. n

Darle gracias al Maestro parece insuficiente. Asegurarle que su obra lo hace inmortal, una verdad de Perogrullo. Llorarlo sería admitir que la memoria no tiene caminos de regreso, que el amor, verdadero o desatinado, siempre será una verdad efímera. Ya Gabriel García Márquez lo sabe: la felicidad es sólo posible en la belleza de la creación artística, donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tendrán por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.

Miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

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