Cálculos de expertos apuntan a que en el planeta estamos regados entre tres y cuatro millones de venezolanos con derecho a sufragar. Esta cifra tan contundente aún desconoce si podrá hacerlo. Ni siquiera dentro de la oposición en el proceso de escogencia del candidato unitario a través de primarias, el tema ha avanzado. Tampoco se ve factible para las presidenciales precedidas de un destino incierto en la mesa de negociación.

La patria está con nosotros, pero sobre ella no podemos ejercer nuestro derecho. Desterrados y desperdigados, las circunstancias espaciales dificultan organizarse. Súmenle a eso la imperiosa necesidad de sobrevivir apelando a infinitas actividades agobiantes.

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Aún sí, nos toca dar esta nueva batalla porque si quienes nos vimos impelidos de salir del país no nos organizamos y exigimos el cumplimiento de la ley y por lo tanto nuestro derecho a ejercer el voto, nadie lo va a hacer.

El registro electoral del 22 de abril de este año indica que solo 107.297 venezolanos pueden sufragar en el exterior. Ese número de votantes es de hace más de diez años -en la última campaña de Hugo Chávez-; desde entonces no se ha cumplido con una inscripción institucional de venezolanos fuera del país. Ha sido así porque a Nicolás Maduro no le interesa. Su fragilidad institucional y la certeza de su mínima popularidad lo han llevado a tener como política oficial obstaculizar el cumplimiento de la Ley Orgánica de Procesos Electorales. En cálculos objetivos, tres millones de inscritos en Venezuela viven fuera, la mayoría huyendo de una tiranía. Todos con derecho a votar.

El camino para lograr actualizar ese registro se muestra complejo, engorroso, difícil, aunque no imposible, según el politólogo experto electoral Jesús Castellanos. Sin embargo, la propuesta del liderazgo opositor en el Reglamento de Plataforma Unitaria hecho público el 19 de octubre pasado sembró más dudas, mostró ambigüedad y dejó incógnitas que muestran un camino desalentador para los afectados porque aspectos económicos, legales o técnicos que son fundamentales para cumplir con el proceso, no fueron abordados.

Nos corresponde entonces a quienes vivimos en el extranjero dedicar esfuerzo inmediato para que se garantice nuestra participación tanto en las primarias opositoras, como en las elecciones presidenciales. Son dos batallas que significan vencer la resistencia interna de aquellos compatriotas que -por distintas razones- postergan nuestra opinión, y de los agotados, escépticos o desconfiados que se niegan a participar. También será una lucha por hacer respetar la ley.

Los centros iniciales para el registro serían las sedes diplomáticas de 88 países en 125 ciudades (embajadas y consulados) pero eso no es suficiente. La inmensa población votante de la actualidad exige multiplicar espacios y todo eso conlleva gastos. Y allí entramos en un territorio clave: la confianza. La sugerencia va orientada a conseguir ayuda, apoyo de organismos internacionales, de las universidades o de respetadas ONG´S.

Al exigir votar no estamos pidiendo una gracia o un favor. Se trata de un derecho, por lo tanto, de un asunto del interés para las democracias y sus defensores. Soportada en este principio, la coordinadora de Vente Venezuela, María Corina Machado solicitó medidas de protección ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para que los venezolanos en el exterior puedan sufragar porque impedirlo es discriminatorio e ilegal.

El reglamento de las primarias de la Plataforma Unitaria acota que la comisión responsable de llevarlas a cabo “promoverá los mecanismos viables a los efectos de la participación de los electores en el exterior”. Es una observación ambigua, pero es un principio, y hay que tomar a sus miembros la palabra y presionar para que se precise la ubicación de votantes en el extranjero y se inicie un intenso proceso de información que convoque a las comunidades a organizarse y a colaborar para hacer realidad ese voto.

En tanto capacidad organizativa -aunque no es comparable- existe un precedente que no se debería olvidar. Se trata del referéndum llevado a cabo el 16 de julio de 2017, esa expresión pacífica y cívica de desobediencia que puso a prueba la facultad para planificar y ejecutar de los venezolanos en distintos puntos dentro y fuera del país, y que concluyó en el repudio de 7 millones 186 mil 710 ciudadanos a la violación de la norma y al irrespeto a los valores democráticos. De ese total, 693 mil 789 venezolanos en el extranjero sufragamos. Lo hicimos en 500 centros de votación habilitados en pocas semanas en el mundo entero. Entonces, se logró.

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