viernes 27  de  enero 2023
Análisis

Momentos de transición

Cuba se enfrenta a una inexorable transición. Se han concatenado condiciones internas y externas que no sucedían desde la implosión soviética

Por Pedro Isern

El mundo se encuentra en transición. Las dictaduras y las democracias enfrentan inéditos momentos de cambio. Esto no es un problema para las democracias que, por definición, siempre enfrentan complejos desafíos porque aparecen nuevas demandas y se generan nuevas expectativas. El malestar no es un problema en las democracias porque simplemente exterioriza las inquietudes genuinas que tienen las personas viviendo en libertad. El malestar es un problema en las dictaduras. Por eso quien disiente, quien expresa un malestar, es reprimido o acusado de traidor. Esta situación puede mantenerse por un tiempo pero siempre depende de que no aparezcan cisnes negros o acontecimientos extraordinarios. Así, la dictadura es un sistema por definición inestable en el mediano-largo plazo que se esfuerza por sobreactuar estabilidad en el corto-mediano plazo.

El régimen comunista chino es el ejemplo más representativo de esta situación. Ha generado un artificial estado de satisfacción y estabilidad a partir de un crecimiento económico notable en los últimos años. Ese proceso ha llegado a su fin. El modelo capitalista-autoritario chino ha encontrado su límite. Enfrenta ahora una meseta que se transformará en declinación en el corto plazo. Un síntoma evidente de esa declinación es la creciente personalización del régimen en la figura de un nuevo Mao, el brutal Xi Jinping.

Así, China se enfrenta a una inédita transición. Ello impactará en los distintos modelos represivos alrededor del mundo. En algunos impactará poco, en otros bastante y en otros mucho. En Cuba el inminente estancamiento chino impactará mucho. Es que si hoy ya sabemos que hasta el modelo chino ha encontrado sus límites, más aún sabemos que el ineficiente modelo cubano corre el inminente peligro del colapso. Las protestas en China se escuchan en La Habana.

Cuba se enfrenta a una inexorable transición. Se han concatenado condiciones internas y externas que no sucedían desde la implosión soviética. La declinación china puede ser similar a la implosión soviética tanto desde lo simbólico como desde lo político y económico. Por su parte, el deterioro socioeconómico dentro de Cuba refleja indicadores incluso peores a los de 1989 y 1990. Más aún, hay una nueva referencia invalorable: el 11J. Hay un antes y después del 11J en Cuba como hubo un antes y un después de la caída del muro en el mundo soviético y, por cierto, como hay un antes y un después en el modelo chino con la saga que va desde la aparición del COVID en Wuhan, al posterior desaceleramiento económico y al quiebre de las reglas por parte de Xi en el último Vigésimo Congreso del Partido Comunista Chino en octubre pasado. La permanencia de Xi en el poder y la humillación realizada a Hu Jintao suponen un punto de quiebre en la política china post Den Xiaoping. No queda claro qué interpretó Xi y cómo cometió semejante error. Es cierto que el poder aísla a las personas y Xi ha profundizado un conjunto de problemas pre-existentes. En un punto, Xi encarna como nadie la sucesión de problemas que se consolidan en su persona y se profundizan hacia el futuro cercano.

El régimen chino enfrenta la inédita concatenación de graves problemas demográficos, sanitarios, políticos y económicos. El colapso demográfico chino tendrá repercusiones socioeconómicas y políticas dentro del país y tendrá repercusiones geopolíticas en la región y en el mundo. El historiador Niall Ferguson sostiene en un reciente artículo en Bloomberg, “La demografía de China no revela dominación sino declinación” (china´s demographics spell decline not domination), que hay 3 escenarios demográficos. En el peor escenario China podría pasar de los actuales 1340 millones de habitantes a 490 millones en el año 2100. En el mejor alcanzaría 1100 millones de habitantes en el 2100 y en el intermedio el país alcanzaría 750 millones en el mencionado año 2100. Un escenario es apocalíptico pero los 3 son complicados.

La crisis social tiene como principal referencia el ineficiente y arbitrario manejo de la política del COVID cero. Un régimen autoritario que pretendía mostrar un alto grado de armonía social tiene hoy que recurrir a una cuarentena inflexible como único recurso ante el contagio masivo. Ligado a ello, es hoy evidente que las vacunas de origen chino son de pobre calidad.

La declinación económica tiene como señales principales la persecución de empresas y empresarios icónicos (como el emblemático pero no único caso de Jack Ma, fundador de AliBaba), la caída de la inversión extranjera y las secuelas económicas por el desmanejo de la pandemia. Por su parte, es necesario remarcar que no solo China ya no crecerá a “tasas chinas” sino que los pronósticos para el corto y mediano plazo son mediocres y esta es una característica central del mundo que viene. China no solo ya no crecerá a 10% por año sino que, probablemente, tampoco pueda alcanzar tasas permanentes de 5% por año.

Por último, la crisis política tiene una dimensión represiva que se concatena con la desaceleración económica. Es decir, el grado de represión política interna y regional aumenta en un escenario donde esa creciente represión política repercute en incertidumbre económica en el corto y mediano plazo. Hay allí un círculo vicioso que no ha sido todavía analizado con precisión. La crisis política se institucionalizó con la permanencia en el poder de Xi Jinping, confirmando un tercer mandato que cambia las reglas de juego dentro del Partido Comunista Chino y genera movimientos tectónicos entre las diferentes elites y grupos del opaco régimen chino. Xi ha hecho una manifestación de fuerza que reconfigura el poder en China y produce una incertidumbre que tendrá profundas repercusiones económicas en el futuro próximo.

El modelo represivo capitalista chino ha llegado a su límite. Ha comenzado un proceso de declinación. Es decir, China ha comenzado una transición hacia algo desconocido. El modelo represivo-socialista cubano enfrenta ya la transición comenzada el 11J. El malestar dentro de la isla es creciente. Parte central de la tarea actual de los demócratas es transmitir a la población, con la mayor precisión posible, que ya se ha agotado incluso el anteriormente exitoso capitalismo autoritario en China. Por ende, si incluso China empieza su declinación, Cuba se encamina definitivamente a la transición.

La declinación China ha comenzado, la transición cubana se consolida en medio de la escasez interna y las limitaciones externas de todas las dictaduras. Ya no existe más la “exitosa dictadura china” como referencia y salvación porque son estructurales los problemas demográficos, económicos, políticos y sociales. El eficiente modelo chino se ha agotado y el siempre ineficiente modelo cubano no tiene mecanismos internos ni externos para sobrevivir. El tiempo ha llegado desde adentro y desde afuera. La revolución ha terminado y desde el 11 de julio de 2021 ha comenzado una transición. No sabemos cuán larga será ni cuáles serán sus distintas etapas pero podemos brindar la certeza del fracaso del autoritarismo socialista cubano y el autoritarismo capitalista chino. Sucede en Cuba un levantamiento cívico cuya razón de ser y espíritu es obviamente interno pero que hoy tiene una relevante referencia externa en el agotamiento del modelo chino.

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