Como salido de una acción de la comedia silente de repente habló el mudo. Parece el final de la película pero es solo el inicio. Habló. La esposa que acompaña al mudo, es experta también en lenguaje de señas, porque él no habla, traduce. Ella le concede entrevistas a las cadenas de televisión en la misma casa donde él se esconde. Lo hace presuntamente para estar cuidado. Ella vive con él. Ella puede hablar y él no.

Cuando la invitan a hablar a ella para apoyar la campaña de él, ponen al candidato hablando de ella pero todo está pregrabado, editado, perfilado, enfocado y trabajado con semanas de antelación.

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La periodista que habla con ella lo deja en claro. Dice: "Hablamos con él la semana pasada". Que es lo mismo que decir: "Ni se crean que esto que él está diciendo bajo ningún concepto es en vivo". El hombre le tiene pánico a las cosas en directo. Al paso que vamos los debates presidenciales serán de esa manera. Habría que mandarle las preguntas al candidato en su escondite. El teclea la respuesta que es enviada al filtro de sus asesores y luego un lector de tabaquería dirá en la pantalla: "Dicen que Biden dijo" y leerá en alta voz el enunciado del candidato silente.

El cine mudo tiene una nueva estrella y Kamala Harris una nueva oportunidad. Las primeras fotos generan tantos memes como opiniones encontradas. En la iconografía el candidato le susurra a la ahora también candidata a la vicepresidencia. Le susurra en la oreja. Dicen que él tiene un récord de susurrador sostenido. Apenas podemos hablar de él, porque en una campaña es casi imposible hablar de quien no habla. Los números lo siguen beneficiando pero este es un país en el que ya nadie cree en las encuestas. Este es un mundo en el que los resultados de los primeros sondeos son un nexo referencial de un acontecimiento del que en verdad nadie sabe a dónde va a llegar.

Los que creen ciegamente en las encuestas allá ellos. Si usted quiere saber cómo funcionan las encuestas debe ir a preguntarle a Hillary Clinton. Así funcionan, en un mundo que cada vez tiene más complicaciones. No faltaban los que especulaban que el nombre que se iba a anunciar era el de Michelle Obama. Hubo mucha gente trabajando esta idea hasta el último momento, hasta que aparece Kamala impresionando a casi todos. Esencialmente porque es como que usted tenga una fila de personas en concurso y se fije en quién ocupa el final.

Es curioso porque la posición en este tipo de filas es importante pues la intención al voto sí es un dato a no perder de vista. Las cadenas de televisión han hablado bastante de la ficha de esta mujer. Se ha cacareado hasta el cansancio toda su trayectoria. Hay cosas, casos y declaraciones. Comenzando hoy le aconsejaría a la candidata no exagerar con lo del origen de su familia. Cada noticia que sale complica más el árbol genealógico. Podría ser un perjurio involuntario el que se incurra respecto a la descripción del origen. Abuela esclava, papá de Jamaica y madre de la India no son tres vértices que necesariamente nos lleven a ser afroamericano. Nunca vi ese cruce ni jamás me pasó por la mente.

En su momento llegué a pensar que afroamericano tenía otro significado. Ahora me parece que es más una actitud. Inmediatamente se me aclara la mente porque desde hace mucho tiempo en el ambiente demócrata lo más importante es el color de la piel y después el género, como si las personas blancas no tuviésemos color. Me miro y no me considero invisible. No quiero detenerme en esto porque me hace pensar que esta es otra modalidad de racismo. Creer que no puedo valorar a una persona de la raza blanca, aunque tenga condiciones y méritos, para ser electo o nominado es enormemente racista.

Puede ser que ahora lo trending sea formar parte del estallido social generado por los abusos a los afroamericanos para llamar la atención, lo cual me hace recordar un verso endemoniado de Ricardo Arjona escrito como parte de una de sus canciones más baratas en el que dice: "Los negros tienen swing, los blancos tienen pecas". Una mezcla de contrastes y propósitos empujados por el buen Joe, el silente quien por fin rompió el silencio y dijo: "Tengo el gran honor de anunciar que he elegido a Kamala Harris, una luchadora intrépida por el pequeño y una de las mejores funcionarias públicas del país como mi compañera de fórmula".

Lo preocupante es que ahora la prensa liberal, la que sustenta el cariño inefable, nunca antes mejor cuantificado o peor enunciado, dice que en verdad ella es una gran opción porque es una mujer que tiene 55 años de edad. De este modo se están metiendo en un camino espinoso, con tufo a obituario, al reconocer ahora cómo la gran virtud de Kamala Harris que pudiese incluso ser la hija de Joe Biden, a la hora de juzgar por los almanaques. De este modo al destacar la juventud de Kamala también están reconociendo que lo peor de Biden es su supuesta decrepitud.

La prensa más entusiasta dice que Joe Biden hizo una elección que maximizó sus posibilidades de continuar haciendo de la carrera un referéndum directo sobre Trump y al mismo tiempo destacan que seleccionó a alguien cuyo currículum está listo para intervenir si Biden decide hacerse a un lado. De este modo se alimentan las teorías de la conspiración de unos y la certeza de otros que aseguran que el hombre no está en condiciones físicas de asumir una tarea tan difícil como la de ser presidente de los Estados Unidos. Lo dicen quienes apoyan a Biden a capa y espada.

El presidente Trump dice que a él le sorprende la nominación, que nunca esperó que esto ocurriese y cree que será como la no contendiente porque ha sido como buscar a la última en la cola.

Los votantes que quieran creer en Kamala Harris como compañera de fórmula tendrán que enfrentar sus ambigüedades. Desde su propio estado la mujer es conocida como la policía en sí por trabajar esencialmente en terrenos fiscales, de ley y orden, condicionando todo el proceso de mano dura. Al mismo tiempo por estar ahora en una postura que políticamente se acerca más a lo liberal debe estar en contra de lo que ella misma edificó en su carrera, al menos mientras dure la campaña. Es lo mismo que venir y decir hagan lo que yo digo pero no lo que yo hago, lo que tendría a su base confundida.

Una parte más liberal y progresista que rinde al partido la imagen que ella debería proyectar se verá enfrentada con el ala más conservadora y moderada que no entenderá bien las cosas y terminará jugándole a Kamala una mala pasada. En resumen, los demócratas no están convencidos de si los plus ultra liberales irán a votar por un candidato como el buen Joe o se quedarán en sus casas el día de las elecciones. No siempre el electorado más consignero es el más comprometido. Esta es la gran dicotomía de una mujer que acaba de empezar una campaña que de seguro estará llena de ambigüedades.

Hasta el momento el guión será lleno de doble sentido y confusiones. Estamos hablando de una película en blanco y negro con un actor silente aunque estemos en pleno año 2020. Ojalá el argumento no sea el de una niña triste que busca el esplendor absoluto, porque entonces será más telenovela que largometraje.

Dónde está el gran error, el de raíz: Creer que la obligatoriedad para hacer algo bueno por los afroamericanos es encontrar un candidato que lo sea. El gran error está en creer que para que me duela lo que sufre el prójimo yo tenga que tener su misma raza. Sería admitir que todo está perdido y no que el hombre vale por sus condiciones excepcionales, no por el color de la piel que tenga. Si alguien quiere tener un ejemplo de para que sirve que alguien de una determinada raza se sienta más sensibilizado o haga más por los de esa raza enajenada, aplastada o sufrida, remítase al desempeño de Obama como presidente de los Estados Unidos. Saldrá el sol y veremos.

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