Esta era la frase más utilizada por los Uribistas en medio de la campaña a Cámara de Representantes y al Senado como también durante los debates presidenciales. Durante ese episodio el Uribismo, al menos en el exterior, se la pasó promoviendo la inscripción de cédulas bajo la premisa de que acabarían con el proceso de paz bajo un supuesto referéndum revocatorio de los acuerdos, lo cual funcionó muy bien para lograr registrar votantes y ganar las elecciones, pero siempre fui crítico al decir que ese discurso era manipulador y solo era una forma efectiva de tener un discurso que sacara a la gente a votar por el Uribismo. Ahora que la Corte Constitucional acaba de ratificar que las objeciones a la JEP se hundirán y que la ley estatutaria de la JEP (Jurisdicción especial para la paz) deberán ser firmadas por el presidente Iván Duque, entonces nos preguntamos ¿cuál fue la estrategia del Uribismo? Resulta un poco ingenuo pensar que el gobierno no sabía que este sería el desenlace final y que las objeciones nunca llegarían a feliz término. Es claro que frente a los acuerdos y Santrich, el gobierno Duque se quedó en ni risas ni trizas, porque de ahí no pasó a más.

Siempre tuve claro que el proceso de paz era la salida, y que es un camino para que un país como Colombia se deje de matar entre sí, y también manifesté que nunca pude entender cómo autores de crímenes de lesa humanidad resultaron en el Congreso sin pagar primero por sus crímenes. Eso siempre lo manifesté, pero lo cierto es que ya estamos montados en el bus de la paz, y ahora nos toca avanzar hacia un país en armonía sin volver al pasado. Es claro que el discurso manipulador para ganar votos pierde vigencia y credibilidad a medida que ni hubo risas y tampoco pudieron hacer trizas los acuerdos. En el exterior fue realmente aberrante ver cómo se manipulaba al votante con el discurso mentiroso de destruirlo todo y acabar con las FARC y al final solo fue la forma más fácil de movilizar a la gente a creer en una alternativa que hoy parece se diluye en sus propias falsas promesas.

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En algo siempre he coincidido con aquellos que exigen justicia: es triste que un gobierno como el de Juan Manuel Santos no hubiese exigido que crímenes de lesa humanidad y las violaciones de niños fueran impedimento para que muchos de los que hoy son congresistas de las FARC no lo fueran. Creo que era lo mínimo que se podía exigir. Si bien no iban a pagar por sus crímenes ni entregar sus fortunas, de ñapa se les dio las curules en el Congreso. Eso me molesta enormemente, pero es claro que se pagó un precio muy alto por la paz y ahora es tiempo de seguir el camino de la reconciliación y no de la guerra. Entonces, claramente el Uribismo ganó las elecciones prometiendo una mano dura que a la fecha no se ve. Un ELN sin perseguir y sin un estrategia clara, tenemos a las bandas criminales sin ser perseguidas, un país sumido en manos de la violencia criminal en las ciudades; para rematar se matan líderes sociales y ciudadanos que apoyaron procesos de construcción colectiva y a la fecha vemos un gobierno en un desgobierno total sin atender estas problemáticas. Es claro que hay más preguntas que respuestas frente al gobierno actual. En el exterior se siguen nombrando personas que desconocen por completo la realidad del migrante colombiano y podemos seguir y seguir.

Ya vamos para casi un año del gobierno Duque y nada de lo que se prometió se ha cumplido. Un Uribismo que buscó el apoyo del Liberalismo y otros sectores para salir elegido, después les dio la espalda a aquellos liberales que los apoyaron como también a Germán Vargas pensando que el Congreso funcionaría como el partido de gobierno pidiera, y hoy vemos que eso no fue así. No solo fue un error menospreciar a los liberales, sino que fue otro peor menospreciar el poder de Germán Vargas. Sin duda, el gobierno Duque ha dado pasos en falso, y como ciudadano que apoyó esa fórmula en segunda vuelta, y por el bien del país, espero logre avanzar rectificando el rumbo pero el panorama no es nada alentador.

En conclusión, no hay nada de que sonreír en estos primeros 9 meses del gobierno Duque. Se necesitan menos Concejos Comunales y más gobierno para cumplir con las promesas de campaña. El presidente debe saber que su éxito es el éxito de todos, pero es claro que su liderazgo lo necesita ver y sentir el país porque si no, su partido se verá forzado a revivir la estrategia de generar crisis donde no la hay, ganando elecciones, desorientando al país, lo cual es claro que es la estrategia equivocada. Es necesario generar el debate con ideas y sin bloquear a los opositores. Siempre he pensado que a veces es mejor sonreír y avanzar hacia adelante que detenernos en los odios que hacen que nuestro país se quede en el pasado y no sea una nación del siglo XXI.

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