Desde el nacimiento de las organizaciones sociales, la política surgió como respuesta ante la necesidad de lograr consensos para facilitar la toma de decisiones y cumplir objetivos comunes, aunque esa misma dinámica derive en enemistades que pueden durar toda la vida.
La rivalidad política produjo uno de los duelos más famosos de la historia de Estados Unidos, cuando el 11 de julio de 1804 Alexander Hamilton, uno de los padres fundadores y artífice de la economía política de la nación, se encontró a las 7 de la mañana en un campo de duelo, cerca de Weehawken, en Nueva Jersey, con el entonces vicepresidente Aaron Burr, quien disparó fatalmente contra su antagonista político, provocando su muerte al día siguiente.
Hamilton consideraba a Burr un oportunista peligroso, y a menudo hablaba mal de él. Cuando Burr se unió a la candidatura demócrata-republicana de Thomas Jefferson, precursor del Partido Demócrata, como vicepresidente en las elecciones de 1796, Hamilton lanzó una serie de ataques públicos que forzaron a Burr a defender su honor reclamando un duelo.
Todos los tiempos hablan de rivalidades políticas, como la que en nuestros días han tenido el alcalde de New York City Bill De Blasio y el gobernador de New York Anthony Cuomo, ambos del Partido Demócrata.
Un artículo en The Nation, de Ross Barkan, de 2020, cuenta uno de los muchos episodios de la disputa entre Cuomo y De Blasio: “La guerra fría de larga duración, psicoanalizada incesantemente por expertos políticos de Nueva York, salió a la luz cuando De Blasio, el alcalde de la ciudad de Nueva York anunció que las escuelas públicas permanecerían cerradas durante el año escolar para contener la propagación del coronavirus. Menos de tres horas después, Cuomo lo calificó de mera ‘opinión’ dejando abierta la posibilidad de que de alguna manera las escuelas reabrirían antes de junio”.
Cuomo y De Blasio han estado enfrentados desde que el alcalde asumió el cargo en 2014 y parte de la tensión se deriva de la fricción natural entre la oficina del gobernador y la oficina del alcalde.
Recientemente, la vuelta a la escena política de la exgobernadora de Carolina del Sur, la republicana Nikki Haley, cambiando su tono para referirse al expresidente Donald Trump, llamó la atención de los medios.
Haley reafirmó su apoyo a Trump pocos meses después de haberlo criticado por su papel en los disturbios del 6 de enero en el Capitolio, a la par que predecía que la carrera política del magnate había terminado.
Esos comentarios pusieron en peligro las aspiraciones políticas de Haley y ahora rectifica, tomando en cuenta que el apoyo de Trump es clave para lograr cualquier posición dentro del Partido Republicano.
Haley no ha confirmado hasta el momento si piensa lanzarse en pos de la Casa Blanca y de hecho ha dicho que sí Trump se presenta, ella lo apoyará.
Con republicanos en el Senado negándose a respaldar una comisión de investigación sobre el ataque al Capitolio, la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, anunció que creará un comité selecto en la Cámara baja para llevar a cabo una investigación.
Si se descubre algo nuevo ¿se mantendrá Hayley fiel a sus críticas iniciales contra Trump?
Aunque gran parte de la atención estos días se centró en el anuncio del presidente Joe Biden sobre un acuerdo bipartidista en torno al programa de inversión en infraestructura que el Congreso aún debe aprobar, las elecciones de 2024 y los movimientos en el Partido Republicano nunca están lejos del radar noticioso.
También, el exvicepresidente Mike Pence siguió la misma estrategia de Hayley, pues en un reciente discurso instó a los republicanos a continuar con las políticas de Trump, elogiándolo por su muro en la frontera con México, aunque añadió estar orgulloso de su papel en la certificación del resultado del Colegio Electoral de 2020 ante el Congreso, confirmando la elección presidencial de Biden, en contra de los deseos de Trump.
Otro de los aspirantes presidenciales es el exsecretario de Estado Mike Pompeo, quien ha lanzado un ‘súper PAC’ (comité de acción política) para financiar a los republicanos que se postulen en 2022 para cargos públicos con el lema de defender los valores estadounidenses, lo cual suena muy a Trump.
Tanto Haley, como Pence o Pompeo saben que no pueden anunciar su interés por la Casa Blanca hasta que Trump decida si se presentará y, aun así, todavía deberán esperar para ver a quién respaldan.