martes 28  de  julio 2026

No perder el humor

Eso estoy aprendiendo estas últimas semanas: no esperar a que mi hija haga todo lo que yo quiero hacer, darle siempre la opción de elegir

En este último tiempo siendo madre estoy aprendiendo que algo que parece fácil, pero es realmente difícil: tratar de convertir lo que podría ser una orden, en una sugerencia divertida. En otras palabras: negociar.
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El sábado pasado fuimos al zoológico. Creo que había dormido mal, o estaba más sensible de lo normal, pero me molestó que ella se quedara mirando las aves y no quisiera a venir a ver los monos con nosotros. A mí los monos siempre me han parecido más interesantes que las aves, pero puede que a mi hija no, y yo olvidé por un momento que las personas no somos todas iguales, así que perdí la paciencia. n
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En mi caso, perder la paciencia no equivale a hacer una escena de rabia, sino a quedarme sin ideas, sentada en una esquina, sin nada que decir. n n

Él se sentó conmigo y la miramos en silencio. Un rato después, conseguimos ver los demás animales, pero no estábamos cómodos: había mucha gente, hacía mucho calor, los papagayos chillaban fuerte, los monos parecían saltar todos al mismo tiempo, el camino se hacía largo. Entonces tuve la mala idea de comprarle a mi hija un helado, que se derritió en minutos, lo que provocó un llanto irremediable que duró todo el camino de regreso a casa.
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Cuando llegamos a casa, me encerré con ella a solas en su cuarto, cerré las cortinas, apagué las luces, la dejé llorar un poco más, luego la senté sobre mis piernas y la abracé fuerte y le hablé al oído: todos tenemos malos ratos, pero no debemos llorar sin parar, eso no arregla las cosas, yo te entiendo, entiendo que no fue un buen día, pero cuando uno está triste, es mejor respirar, muy bien. n
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Luego la llevé a la tina y la sumergí en agua tibia. La quise mucho. Al salir del agua ya parecía contenta, pero yo me había quedado tensa, porque no me gusta verla llorar así, y porque él estaba disgustado con nuestro paseo a los animales, y estaba encerrado en su cuarto escribiendo. Sentí que yo también me merecía un baño, así que la dejé en su cuarto, ya en pijama, acompañada por la nana. Salí al jardín, puse música y me metí a la piscina desnuda. n
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Nadando en la piscina repasé cada momento en mi mente, pensé en las cosas que hubiera podido hacer distintas. Tres palabas vinieron a mi mente: buen humor, creatividad, negociar.
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Desde entonces soy más consciente de que debo darle siempre a mi hija la opción de elegir, negociar cuando es realmente necesario, no perder energía insistiendo en asuntos que no son tan importantes. Si quería mirar los papagayos, porque le interesaban más que los monos, u00bfpor qué eso debía afectarme?
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Desde entonces decidí poner en práctica esas tres cosas palabras clave: Hace poco hicimos una actividad en la que mezclamos café en granos con goma blanca, cuando terminamos, sus manos quedaron pegajosas y no quería lavárselas. En vez de insistir para que vaya a lavarse, le dije: tú elijes quedarte con goma en las manos, no pasa nada. Es solo goma en las manos, a veces los adultos nos hacemos problemas por asuntos que no son importantes.
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Otro día llegamos del colegio y ella se quedó jugando en el auto, le divierte jugar a que la camioneta es un camión de bomberos. Yo siempre quiero bajar del auto enseguida y echarme en la cama o sentarme en la computadora y hacer mis cosas, pero sé que a esa hora debo darle su almuerzo, darle un baño, prepararla para su siesta. Son actividades a las que, aunque esté cansada o tenga cosas que hacer, simplemente no puedo renunciar.
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Ese día no quería bajar del auto y tenía clases de música. Antes la hubiera bajado aunque no quisiera. Esta vez le dije, con el mismo tono de voz como si estuviera negociando con un adulto: puedes elegir quedarte jugando en el auto o puedes salir ahora y almorzar conmigo y luego ir a tus clases de música. Se lo repetí un par de veces, se quedó pensando, y luego bajó sola. n
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Eso estoy aprendiendo estas últimas semanas: no esperar a que mi hija haga todo lo que yo quiero hacer, darle siempre la opción de elegir, decir que u201cno u201d solo cuando es realmente necesario (se gasta mucha energía). Y sobre todo, no dejar de negociar, de proponer soluciones, no quedarme sentada sin hacer nada, incluso cuando uno ya está de mal humor, especialmente cuando uno está de mal humor.

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