Defino Cubaneo: Manera de actuar como un cubano o una cubana (persona nativa de Cuba). Mantener costumbres de La Mayor de las Antillas que no las pudo borrar ni el comunismo.

Cada vez que escucho esta frase: “No soporto el cubaneo de Miami ni de Hialeah, me voy para otro Estado", pregunto: ¿De dónde eres? ¿De dónde vienes? ¿En quién te convertiste? ¿Naciste en el Jackson? ¿Y ahora, qué prefieres?... Porque emigrar y olvidar no son sinónimos, al contrario. Cuando sale de su país, la mayoría de la gente trata de crear un mini mundo que conserve la esencia de la tierra donde nació.

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La política errónea de la INVOLUCIÓN CUBANA que hemos padecido millones, explica en gran parte este aborrecer. “Un número creciente de cubanos ha confundido la Patria con un Partido”, como expresó valientemente el arzobispo de Santiago de Cuba, Pedro Meurice Estiú, en la misa de 1998 del papa Juan Pablo II en territorio santiaguero.

Y continuó jugándose la vida al afirmar: “Han confundido… la Nación, con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas (…) y la Cultura con la ideología (…). Son cubanos que al rechazar TODO de una vez, sin discernir, se sienten desarraigados, rechazan todo lo de aquí…, de Cuba, y sobrevaloran todo lo extranjero”.

Mediante este inolvidable análisis público, se puede entender el motivo de tanta confusión. Amar la bandera dentro de Cuba, en ocasiones se ha visto como un acto comunista. ¡Créalo o no! Cantar el himno nacional con emoción, también. El caos ha sido y es de tal magnitud que se siente como un exterminio de toda raíz dentro de tantos corazones de cubanos al tener prohibido casi hasta el propio y genuino Ser.

Recuerdo a una vecina que celebraba “su esperada fiesta de quince años” y como era el día en que mataron al Che Guevara, el presidente del CDR mandó a parar dicho festín porque era una falta de respeto al “guerrillero heroico”. Y masticar chicles, en mi adolescencia, era diversionismo ideológico –contrarrevolución–. Hasta hoy, los estudios universitarios son para los revolucionarios.

Se desacreditaron todas las religiones –aún son espiadas–. Se abolieron costumbres de todo tipo que ellos si continuaron practicando. Como uno de los entretenimientos favoritos de Raúl Castro: la pelea de gallos. En Camagüey, en la casa del difunto Pablo Martínez, por la década de los 80’s, este anciano cuidaba como a bebés recién nacidos varios ejemplares de esta especie de lidia. Mensualmente mandaba todos los suministros para que estos gallos pelearan y ganaran. Como en el Coliseo de Roma, tienen que ganar “sí o sí” porque eran y son los favoritos del Emperador.

Celebrar el año nuevo para los Castro, es alabar el primero de enero como el día que se “sembraron” en el poder. Allá en la isla todo lo colorearon de rojo. Todo es político. Entonces, es entendible que cause pavor vivir entre pasajes que recuerden aquel padecer desde 1959 que, inconscientemente, se reniegue de cualquier semejanza o cualquier estampa que regrese a la mente algún acto del sistema más absurdo sobre el planeta Tierra.

Las burlas entre coterráneos abundan y llegan a ser ofensivas. Desde Cuba me escribió un viejo amigo y con ironía me preguntó: ¿Dónde vives? ¿En Hialeah? Le contesté que sí, aunque en ese momento vivía en otro condado. Y le repliqué: ¿Cuál es el problema? –ya había vivido en la ciudad que progresa–, y proseguí: Quisieran ustedes que, en los repartos residenciales habaneros de Miramar, Atabey y Siboney, tuvieran la libertad con que vivimos. Allí los nuevos y autorizados ricos TIENEN que apoyar a la dictadura. En Hialeah soy libre de verdad y no me siento extranjera. El olor a café cubano “sin chícharo agregado”, acabado de colar, se percibe por doquier. Las cajeras de tiendas y mercados te saludan hasta por tu nombre si eres asiduo en esos negocios. Chismean contigo un poquito en lo que escanean cada producto: "¿Sigues en el mismo trabajo? ¿Dónde haces los taxes? Ayer me hice ciudadana". ¡El resumen de una vida en una compra!

Los ancianos jubilados, debatiendo la última noticia del día en la entrada de estos mercados, me hacen sentir en casa, cuando me saludan y dicen algún piropo criollo aprovechando que no vas con tu pareja. Mi respeto para estas generaciones, a pesar de que llegaron cuando acababan de estafarles en la isla negocios de antaño, todas sus propiedades, de ser excarcelados o de llorar por familia fusilada sin juicio justo ni derecho alguno respetado. En vez de amargarse por tanto dolor, trabajaron muy duro y condicionaron este pedacito del sur de la Florida para que nosotros ahora disfrutemos de todo, de una manera fácil y hogareña.

En Hialeah y en todo Miami los cubanos seguimos siendo cubanos… y este cubaneo, me encantaaa

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