martes 28  de  julio 2026

Nobel: palabra aguda

En sueco, su lengua de origen, es una palabra aguda ([nobél]), y así se recomienda pronunciarla en español

A raíz de que el pasado jueves 17 de abril murió el escritor colombiano Gabriel García Márquez, premio Nobel de Literatura, se ha escuchado mucho el término Nobel, y no, precisamente, bien pronunciado. n

Si revisamos la edición impresa de octubre de 2005 del Diccionario panhispánico de dudas (DPD), encontramos que Nobel es el nombre de los premios instituidos por el químico sueco Alfred Nobel.
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En sueco, su lengua de origen, es una palabra aguda ([nobél]), y así se recomienda pronunciarla en español, a pesar de que la pronunciación llana [nóbel] está muy extendida, incluso entre personas cultas.
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Aquí vale recordar que por tratarse de una palabra aguda no lleva tilde, pues termina en -l, y las agudas se acentúan ortográficamente cuando terminan en -n, en u2013s o en vocal. n

El DPD aclara que cuando este vocablo se refiere al nombre del premio, se escribe con inicial mayúscula y es invariable en plural: Los premios Nobel son los más prestigiosos del mundo; La ceremonia de entrega de los Nobel es muy vistosa. Sin embargo, cuando hablamos de la persona que lo ha recibido, se escribe con minúscula y hace el plural en -es: Al congreso acudieron cinco nobeles. n

No debe confundirse gráficamente con el adjetivo novel, que se escribe con uve y es sinónimo de u2018principiante u2019. Novel es, también, una voz aguda: [nobél]. Y no resulta correcta la forma llana nóvel. Como podemos darnos cuenta, Nobel y novel son homófonos: suenan de igual modo, pero difieren en el significado. n
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Del refranero popular n
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Es muy probable que usted haya escuchado, y hasta utilizado, más de una vez la frase: u201cAhí le aprieta el zapato u201d, la cual se usa cuando se descubre el punto débil de una persona, o algo que le molesta o duele sobremanera. n

Pues bien, según he podido indagar, la expresión debe su origen a un simpático cuento castellano protagonizado por un cura y un zapatero. n

Relatan que este último, muy apesadumbrado, fue a visitar al párroco para contarle que quería separarse de su mujer. Entonces, el cura intentó disuadirle, y comenzó a mencionarle las cualidades de su esposa: u201cEs bella, es buena cocinera, es una cristiana modelo... u201d.
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Después de escuchar todos esos argumentos, el zapatero mostró sus zapatos al cura, y le preguntó: u201c u00bfQué le parece este par? u201d. El párroco respondió: u201cMe parecen unos hermosos zapatos, hechos con una piel muy buena y parecen cómodos u201d. A lo que el artesano replicó: u201cAsí es, padre, pero usted no puede saber dónde me aprietan u201d.
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Un dicho muy parecido a este es u201cyo sé dónde me aprieta el zapato u201d, y proviene de una anécdota que cuenta el historiador, biógrafo y ensayista griego Plutarco en su colección biográfica Vidas Paralelas. n

De esta manera, me despido por hoy, para regresar con más, el próximo sábado.

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