Cuenta un torturador de reciente acción, que Delcy Rodríguez y Gustavo González López, jefe del SEBIN, gustan de sumar sus iniciativas a la creatividad cubana de destrozar la mente y el cuerpo de los presos políticos venezolanos. El ministro de Comunicación del régimen, Jorge Rodríguez, complementa el trío con el placer de acoplar una narrativa sobre los hechos inventados, de mostrar un cuento con historias entrelazadas cuyos protagonistas son personajes opositores secuestrados, extorsionados, aplastados, aterrorizados, narcotizados. Un horror.

Las acciones las llevan a cabo bajo el amparo de estar en el poder.

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No se detienen ni siquiera con niños o ancianos de la familia. Incluso con los suyos. ¿Qué hace Maikel Moreno, presidente del [ilegítimo] Tribunal Supremo de Justicia en un conflicto de ruptura matrimonial que vive su hijo Samuel? Despliega abuso. Para castigar a su nuera por haber salido del país con su nieta, ordena encarcelar a su consuegro para convertirlo en instrumento de extorsión y obligar a Alba Alonso -esposa de su hijo- a que regrese a Venezuela de donde huyó en conocimiento de la catadura de la familia Moreno. Ella sabe de lo que son capaces de hacer. En pocas palabras, corrió para salvar su vida.

Aún falta tiempo para reconstruir la vida de miles de venezolanos después de haber sufrido el infierno de la prisión. Son muchos los que han estado detenidos y 388 que todavía a la fecha de Navidad siguen encarcelados con sus almas tatuadas por monstruos con el control de las cárceles venezolanas en las que han sido depositados como presos políticos.

Casi todos han sido torturados.

El presidente director del Foro Penal, Alfredo Romero, precisó en un mensaje esta Navidad que la cifra de 388 presos políticos es la más alta registrada por la organización no gubernamental.

Esta cantidad de prisioneros se ha mantenido con algunas variables de acuerdo con las necesidades del régimen que en ocasiones ha decidido liberaciones para simular un gesto de conmiseración (y plantear al mundo “que las cosas están mejorando”), al tiempo que encarcela a otros tantos, según su conveniencia. Es lo que asertivamente ha sido definido como “efecto puerta giratoria”.

Los gestos teatrales del régimen están claramente precisados. Las solicitudes de la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachellet, eventualmente son atendidas y alguna que otra recibe una respuesta.

Lo evidente es que los presos políticos son rehenes explotados por la dictadura para sus intereses. Una liberación puede ser un manjar mostrado como una carta de triunfo. Eso es lo que ansía la llamada mesita, despreciada por chavistas y opositores y urgida del video de un preso liberado para atribuirse con llanto la felicidad de un ser humano en libertad diciendo que se logró gracias a su gestión.

Pero ni siquiera eso concedieron este año.

Con las diligencias de esa mesita ocupada por pintorescos personajes como Timoteo Zambrano, Claudio Fermín y Henri Falcón, que si bien han obtenido gruesos beneficios personales –además de abrazos fraternos con Maduro y los Rodríguez y extensas giras por el mundo–, en el balance público su acción ha sido nefasta. Desde la aparición de ese parapeto, se ha incrementado la persecución a representantes del Parlamento venezolano, incluidas detenciones ilegales. La más reciente, la tercera prisión contra el diputado Gilbert Caro, a quien se procura tener recluido hasta el 5 de enero como mínimo, para impedir que ejerza su voto para la ratificación de Juan Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional y por lo tanto como presidente encargado. También el periodista Víctor Ugas fue encarcelado en ese operativo.

La urgencia del régimen –por encima de la necesidad de aliviar la presión política que la comunidad internacional no ha dejado de ejercer– es fracturar a la oposición y tomar el control de la Asamblea Nacional. Para ello ha usado las instituciones bajo su control, convertidas en parapetos de la dictadura. Sin pudor, un gordo con un maletín cargado de dólares compra conciencias (y votos) de diputados. A otros los extorsionan con aspectos de sus vidas privadas, a algunos les secuestran sus familiares y están los que encarcelan. Son los casos judiciales construidos desde Miraflores y el TSJ, que han llevado a parlamentarios a esconderse o huir del destino de las mazmorras.

Es en estos días navideños cuando más ruego para que los presos políticos consigan sostenerse con la fuerza y la valentía demostradas hasta ahora. Que sus familiares se mantengan en la lucha con esperanza. Y que los venezolanos no los olvidemos. Vendrán tiempos en los que la justicia se recobrará y que los responsables de tantos y tan abominables crímenes, pagarán por lo que han hecho.

Igual vaya mi abrazo de Feliz Navidad para todos y mis deseos por un venturoso 2020.

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