Si bien la economía y la política pertenecen a las ciencias sociales, transitan caminos diferentes y los expertos no logran ponerse de acuerdo sobre cuál prevalece sobre la otra, pero lo que sí es seguro es de que cruzan caminos de manera sorprendente, según un artículo de la web del Fondo Monetario Internacional publicado en 2020.

Utilizando como ejemplo los efectos devastadores de COVID-19, Jeffry Frieden, profesor en la escuela de Gobierno de la Universidad de Harvard, señalaba cómo los entendidos en salud pública habían advertido con tiempo que enfrentaríamos una gran pandemia, esperando mayor preparación, pero los formuladores de políticas, concentrados siempre en las próximas elecciones decidieron no invertir tiempo, ni recursos ni capital político, para abordar la posibilidad abstracta de una crisis futura.

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La conclusión es que los gobiernos generalmente impulsan la economía antes de las elecciones, para crear los llamados ciclos económicos o flujos y reflujos de actividad económica en torno a los comicios.

Por lo pronto, tanto el mundo económico como político recibieron una sacudida luego de que La Reserva Federal estadounidense volviera a elevar las tasas de interés en 75 puntos básicos por tercera vez consecutiva, mientras su titular, Jerome Powell, indicaba que “Nadie sabe si este proceso conducirá a una recesión o de ser así, cuán significativa sería”.

Siguiendo el ejemplo de Estados Unidos, los responsables de las políticas monetarias en todo el mundo hicieron lo mismo.

A propósito de esta movida, Mark Cabana, un analista de Bank of America comparó las condiciones actuales del mercado con las de marzo de 2020, cuando el COVID-19 trastornó la economía mundial, pero sin un respaldo político agregando que, la Reserva Federal está actuando a un ritmo muy rápido en un ambiente de máxima incertidumbre macroeconómica. “Esto parece como conducir a 75 mph, pero sin saber a dónde nos llevará el camino: un accidente parece inevitable".

En política, por primera vez, el presidente Joe Biden puso en duda si se presentará a un segundo mandato en las elecciones de 2024.

Estos dos factores centrarán la atención de los votantes en las últimas semanas antes de las elecciones intermedias de noviembre.

Aunque el costo de vida, el empleo y la inmigración tendrán prioridad en noviembre, más que la pregunta sobre si Biden y Trump serán candidatos presidenciales en dos años, el tema no se puede obviar.

La respuesta un tanto ambigua de Biden “eso está por verse" en el programa de CBS, 60 Minutes, sobre si perseguirá un segundo mandato, fue una sorpresa.

Hasta ahora había asegurado que quería seguir siendo presidente.

Esto tal vez significa que, si los demócratas pierden el control del Senado y de la Cámara de Representantes, Biden tendrá que reconsiderar su futuro.

La presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, se negó a comentar sobre lo dicho por el mandatario, solo dijo que había vencido a Trump antes.

La misma incertidumbre rodea a Trump con las muchas acusaciones que le rodean: la investigación del FBI sobre los documentos clasificados encontrados en su residencia de Florida, el cargo en su contra de la fiscal general de Nueva York, Letitia James, por fraude comercial y una nueva denuncia por violación a una mujer en la década de 1990.

A pesar de estas incriminaciones, la popularidad de Trump apenas ha cambiado. De hecho, parece que las acusaciones solo han ayudado a promover su esperada campaña presidencial para la Casa Blanca.

Si los demócratas, retienen el control del Senado y la Cámara, Biden probablemente lo tomara como una señal de que tiene buenas posibilidades de ganar un segundo mandato.

Si a los republicanos les va bien y recuperan el control mayoritario del Senado y posiblemente incluso de la Cámara, y los candidatos respaldados por Trump ganan escaños en el Congreso, entonces Trump sin duda hará su anuncio.

La dificultad para Biden como para Trump será si las elecciones intermedias producen un resultado intermedio, es decir, si los demócratas retienen el Senado, pero no logran mejorar la mayoría o si los republicanos ganan el Senado, pero pierden muchas de las opciones personales de Trump.

Los eventos, como dijo una vez el primer ministro británico, Harold Macmillan, son los que dictan el éxito o el fracaso de un líder.

Entonces, ¿Podemos acaso determinar el rumbo de la política siguiendo la pista a la economía o viceversa?

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