Las clasificaciones varían, pero está demostrado que existen padres buenos, malos, fantasmas y los que la tienen casi imposible para demostrar el tipo de padre que son.

Un buen padre debe ser el que le dé alas a sus hijos para volar hasta tan alto como se atrevan. Son los que aceptan, admiran y fomentan tus virtudes. Los que conocen tus defectos y, en vez de humillarte por ellos, ayudan a que disminuyan, desaparezcan o entienden que forman parte de ti.

Un buen padre te ama a pesar de que no seas una visión escaneada y mucho menos clonada de su persona. Disfruta tus diferencias. Será tu amigo más fiel a pesar de todo. Te muestra una cara del amor que muy rara vez volverás a encontrar.

Un padre bueno es comparado con una cabaña en medio de la nada. Sabes que siempre estará allí. Que te protegerá del viento, de la lluvia, del frío. Que tendrá abierta su puerta como los brazos que necesitas. Es la seguridad que encuentras en el verdadero amor.

Los malos padres, en ocasiones, traen consigo demonios del trato que sufrieron por la intolerancia de tus abuelos. Te toca heredar toda su ira hacia el mundo, a pesar de que aún odien esas maneras abusivas, y el blanco puedes ser tú: su hija o su hijo.

Quieren calcar en ti cada conducta que consideran apropiada. Eso aprendieron. Y en caso contrario, pueden ser verdugos consanguíneos. Te tuercen la manera de ver el mundo. Si escapas de esto, es un milagro. Te hacen dudar de todo y de todos. Donde tenía que haber sosiego y confianza, sólo se halló traición y dolor.

Entonces, te costará entregar tu corazón. Siempre existirá el recelo. Te protegerá un acorazado blindaje donde dudas, muchas veces, hasta de ti. La autoconfianza se vuelve una rareza. Te lastimas las heridas que no sanan, y casi siempre herirás a los demás aunque trates de evitarlo.

Los padres fantasmas son de los que todos hablan, pero que casi nunca o nunca los puedes ver. Son los ausentes por excelencia, los que aportaron por accidente una parte de tu concepción.

Hay quien tiene la suerte de tener un padre no biológico, pero digno en el papel que juega amorosamente como progenitor.

Puede que este “padrastro” sea un regalo de la vida. Un buen hombre ama, educa, protege al hijo que acogió sin miramientos por genes ajenos. En ocasiones como esta, la biología no es confiable.

Y llegamos a los padres que no los dejan ser padres, ni buenos, ni malos. Para desgracia familiar se encontraron con mujeres fatales. De esas que: estás con ella o no tienes hijos.

Te podrán proteger las leyes y un juez dictaminar la frecuencia de las visitas. De lo que no se escapa es de la frecuencia de ideas de odio inoculadas en esos pequeños cerebros que llegan a creerle a sus madres.

Exterminan la buena imagen de un hombre que por más que luche se encontrará con el fatídico resultado de una “madre” frustrada y caprichosa, que sólo piensa en su retorcido bienestar anulando la felicidad de estos niños que crecerán y formarán, casi seguro, familias disfuncionales, carentes de paz.

Se ve de todo. Hijos que agradecen y los ingratos. Estos últimos, a veces a ciegas, envenenan la conducta normal de sus sucesores. Después no entienden el por qué su propia prole se comporta con un cinismo que le inculcaron indirectamente cuando maltrataban a los abuelos.

Los hijos agradecidos tendrán la maravillosa vivencia de compartir el mundo a los pies de este ser que inundó con un inmenso amor a todos los que siguen a su lado, por eso le hereda a su descendencia la adoración que merece el abuelo.

Nada es definitivo. Este tema tiene aristas como familias vivas. Lo que sí es muy difícil es encontrar ingratitud en un hijo amado y bondad en un hijo odiado.

La orfandad es la única manera de no poder acercarte a un padre que se equivocó y deseas perdonar. Aunque discrepen en casi todo.

Imagino de vivencias muy duras que a veces no se pueden ni narrar.

En caso de que las diferencias no sean en extremo irreconciliables, por el hecho de ser más feliz, quitarte un peso de años y educar a tus hijos con la muestra de la tolerancia, quizás a partir de este nuevo día en honor a la paternidad sé un padre que proyecte con la buena acción el gran don que te regaló la vida de engendrar vidas nuevas.

@idaysicapote

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