El CELAC y su relación íntima con el Foro de Sao Paolo:

Los ciudadanos como destinatarios de las políticas públicas observan con asombro la presencia de gobernantes acusados de delitos graves contra la humanidad, paseándose en cumbres internacionales. Así tenemos como un ejemplo, las reuniones dentro del organismo creado en el 2011 denominado “CELAC”, mecanismo intergubernamental diseñado para el diálogo y el acuerdo político, que incluye 33 países del continente americano.

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Ellos se describen, como un “… foro regional que aspira ser una voz única y la toma de decisiones políticas estructuradas en el ámbito político y la cooperación en apoyo de programas de integración regional…”, pero la realidad es que detrás de ese entramado regional, se encuentran el Foro de Sao Paolo, como plataforma electoral integrada por los partidos y movimientos políticos de izquierda extrema, y el Grupo Puebla, que programa la temática y concentra los liderazgos de políticos que impulsan esa ideología en la región.

Precisamente, los fallecidos presidentes de Cuba y Venezuela, Hugo Chávez y Fidel Castro, fueron los protagonistas de la creación de esa organización (CELAC) mediante el cual se abordan temas en su agenda para delinear acciones contra los retos y desafíos de la nueva era, donde se inserta la robótica, la inteligencia artificial, el desarrollo sostenible, los ejes climáticos, problemas de derechos humanos, asuntos migratorios, y la guerra viral contra la Pandemia COVID-19, que azota a la humanidad.

Método de control del poder:

En estas reuniones de la elite política socialista todo gira en torno al poder, ya sea mantener el control del poder donde los detentan por décadas o alcanzar el poder en los países donde estos movimiento políticos extremos han generado protestas de calles, como ocurrió en Chile y en Colombia. Hoy presentan modelos nuevos de los sistemas de educación, de salud y otras temáticas sensibles de gobernanza, proyectados hasta el 2030, con un contenido de sesgo ideológico peligroso que intentan imponer en la mayoría de los países de este continente, utilizando como ejemplo la ideología implementada en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, entre otros.

Se trata de la imposición de un método renovado de autoritarismo, donde gobernantes de turno, se abren paso en estos escenarios internacionales, buscando sustituir o debilitar los organismos multilaterales creados por Tratados Internacionales, asistiendo como protagonistas sin importarles que sus manos estén manchadas de sangre por delitos graves cometidos contra la humanidad.

Solo hay que observar las personas que dirigen los destinos de naciones como Cuba, Nicaragua y Venezuela, acusados de graves violaciones de derechos humanos y delitos de lesa humanidad, y aun así se pasean por el mundo, firmando documentos de compromiso de paz y justicia.

La hipocresía de la sociedad:

Hay una hipocresía de la sociedad moderna que acepta a estos “presidentes” que han vaciado la democracia en sus países, terminando estos encuentros internacionales con un sinsabor que alimentan la desesperanza de la gente, quienes ven agravados sus problemas de vida por los modelos establecidos desde el inicio del llamado socialismo del siglo XXI.

Los cubanos, nicaragüenses y venezolanos, cada día visualizan en la lejanía su libertad, agravado por la complicidad de países con democracias y otros sin ellas, que les inyectan dinero y le conceden respaldo político, siendo una válvula de oxígeno para que estos regímenes se mantengan con el control del poder.

Estos regímenes han usado y siguen usando por la vía de la alienación, el sistema de justicia, el sistema de leyes y también imponiendo una legitimidad a juro con procesos electorales sin ninguna integridad. A la par continúa presentándose la represión policial, detenciones ilegales, torturas, desapariciones de personas, entre otros delitos y violaciones graves de derechos humanos, contra aquellos que se atreven a disentir, cuestionar o resistirse, es por ello que son regímenes de la mentira, donde los ciudadanos están atrapados en diálogos, elecciones y acuerdos políticos que generan desesperanzas.

Solo basta revisar las detenciones de la mayoría de los candidatos presidenciales en las recientes elecciones realizadas en Nicaragua, que conducen a la ilegitimidad de quien ocupa el cargo de presidente. En Bolivia, el expresidente Jeaninne Añez, ha sido apresada y sometida a los peores vejámenes, a pesar de que su paso por la presidencia fue en un período de transición que contó con el aval de la Constitución Boliviana y una decisión del Tribunal Constitucional, así como el reconocimiento de la OEA y el Parlamento Europeo.

No puede faltar Cuba, con represiones del régimen en contra de la población que salió a las calles reclamando libertad y democracia, mientras el tirano Díaz Canel se presenta ante la comunidad internacional como si no ocurriese nada, no sin antes asegurarse, que la represión sea el modo de hacer valer la normalidad del horror de la dictadura más antigua de América.

Mientras, en Venezuela, la oposición da un giro completo en la lucha, y decide participar en elecciones nacionales controladas por el régimen, avaladas por un diálogo que le concedió beligerancia a Nicolás Maduro, persona que perdió toda legitimidad para conducir los destinos de esa Nación. Aun así, un grupo de políticos está solicitando se active un proceso de referéndum revocatorio, corriendo el riesgo de que el ilegitimo y usurpador se vuelva legítimo con un proceso controlado por el régimen. ¡Qué peligro!

Se politiza la tragedia:

Lo más grave, es la politización de la tragedia humanitaria que se vive por la pandemia, que aprovechan estos regímenes de la mentira, para seguir dilapidar los bienes públicos y manejar millones de dólares con la excusa de combatir la pandemia, y controlar la vida de los ciudadanos atrapados en unas políticas públicas de salud donde impera las carencias de servicios e insumos.

Al final, la justicia sigue estando diferida en estos países, y solo se cuenta con algunos casos, que maneja la justicia internacional, para apresar a colaboradores de estos regímenes, sin embargo, esto no es suficiente, porque continúan violando derechos humanos y dilapidando el erario público, en detrimento de millones de ciudadanos que, en medio de la tragedia de una pandemia y décadas de abuso de poder, buscan como sobrevivir a toda costa.

Por ello, es urgente revisar los estándares de democracia a partir de la importancia de la institucionalidad como represa contra la arbitrariedad y el abuso de poder, y continuar la denuncia contra los gobernantes que cometen delitos graves, para que se haga valer la justicia, en los espacios que existan.

Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo. Abraham Lincoln

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