@RicardoEMontes

Sólo bastaron tres semanas de malos resultados y de comentarios polémicos para que la imagen respetada de un líder se derrumbe; o por lo menos que se comience a disparar.

Ya hace más de un año que Adam Gase llegó a los Dolphins como nuevo director técnico, con un aura de “especialista en mariscales de campo” que ilusionaba a los aficionados de Miami, de que por fin verían la explosión de Ryan Tannehill, quien tuvo un gran año en el 2016, cumpliendo las expectativas iniciales; al menos antes de la lesión.

El 2017 ha sido todo lo contrario. En el primer entrenamiento previo al arranque de la campaña, Ryan Tannehill se volvió a lesionar la rodilla: fuera por el resto del año. Ante eso Gase convenció a la gerencia de Miami para traer a un viejo amigo, Jay Cutler, quien vio el mejor año de su carrera bajo las órdenes del actual técnico de Miami.

Diez millones de dólares después, Cutler ha hecho honor al dicho “ha sido peor el remedio que la enfermedad”, ayudando muy poco a una ofensiva que ha sido anulada por equipos que, a comienzos de temporada, formaban parte de la parte “sencilla” del calendario de los Delfines.

Pero como si el tema de Tannehill/Cutler no fuera suficiente para el complicado arranque de los Dolphins, a eso hay que agregarle el tema de Lawrence Timmons, el linebacker recién llegado de los Steelers de Pittsburgh, quien no pudo participar en el primer encuentro porque no se presentó en el estadio, al punto que la gerencia de Miami tuvo que reportar su desaparición al 911.

A estas alturas todavía no se conoce con exactitud en dónde estaba Timmons, pero los reportes más fuertes indican que fue al campo de entrenamientos de su exequipo de Pittsburgh, producto del arrepentimiento de haberse ido de allí.

Pero aquí está el problema mayor. Originalmente Gase, quien en la primera conferencia de prensa tras la situación de Timmons expresó su molestia con el jugador, le había impuesto una suspensión indefinida. Ante la necesidad defensiva, Gase tuvo que ceder y levantarle el castigo tras un solo compromiso.

Gase es el encargado de llamar las jugadas ofensivas de los Dolphins, y ante el fracaso vivido, el técnico ha decidido culpar a la línea ofensiva, más que a su protegido Cutler.

Esta cadena de hechos y decisiones han comenzado a acabar con la credibilidad y fortaleza de Gase, quien en cuestión de días ha pasado de ser el salvador de este equipo a uno de los culpables principales.

En el fútbol americano la fortaleza y la determinación de un técnico es vital para el destino de un equipo. Hoy, Gase lo ha perdido.

El running back Jay Ajayi no ha podido carburar, aunque la falta de uso ha sido factor para su lento arranque. Y, nuevamente, el culpable de la falta de uso es quien llama las jugadas: Adam Gase.

Parece mentira que con todo lo ocurrido en estos últimos años, incluyendo la clasificación del equipo a la postemporada en la zafra pasada, le sigamos echando la culpa de los problemas del mariscal de campo y running back a la línea ofensiva. Excusas que retumban en la memoria de cada aficionado de Miami.

El año pasado ocurrió algo similar, comenzando con un registro de 1-4 que acumularon antes de conseguir una racha merecedora de un cupo para los playoffs. Pero la situación hoy es diferente; en el 2016 no se esperaba mucho de los Dolphins, era el primer año de Adam Gase, y no se había descubierto a Jay Ajayi, quien ni siquiera estuvo el roster del primer juego.

Hace un año escribí una columna titulada “los Dolphins son un desastre”, justo antes del comienzo de esa racha ganadora. Esperemos, por el bien del fútbol americano en la ciudad, que a partir de ahora el equipo consiga el ritmo que se esperaba a comienzos de temporada.

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