@navarroadris

María, de 63 años, quedó viuda hace nueve. Tras la pérdida de su esposo, y con la idea de animarse, decidió acudir a uno de los comedores gratuitos de su municipio destinados a personas de la tercera edad. Allí hizo muchas amigas y también conoció a Rubén, un hombre divorciado de 65 años con el que comenzó a intimar. La posibilidad de un embarazo era tan absurda que la idea de los preservativos ni le pasó por la cabeza. Tampoco le importó demasiado el historial amoroso de su pareja; total a estas alturas, ¿para qué? Conforme relataba su historia, su rostro se desencajó por completo al contarme los resultados de aquella revisión médica en la que resultó positiva la prueba del Sida. “No puede ser, no puede ser”, se repetía una y otra vez. Pero al final sí fue.

Este es uno de los tantos casos de hombres y mujeres de la tercera edad que acaban siendo infectados por el virus del VIH. Según el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de los Estados Unidos, casi una cuarta parte de todas las personas que portan el virus del Sida tienen 50 años o más. El número podría ser incluso mayor ya que este colectivo no está familiarizado con la prueba y muchos de ellos confunden los síntomas de la enfermedad, parecidos a la gripe, con molestias propias de la edad. Algunos, cuando reciben el diagnóstico, ya tienen el virus en su fase más avanzada.

A diferencia de otras épocas, hoy en día la gente vive más y llega a la tercera edad con una mejor calidad de vida. Esto se traduce, a su vez, en una sexualidad más activa y plena. Además, numerosos hombres y mujeres, viudos o divorciados ya no tienen reparo alguno en rehacer su vida emocional y por ende, sexual. Lo que sí parece frenarles es el uso del preservativo, de manera que sus encuentros íntimos no suelen ser muy seguros.

“¿Ponerme yo un condón?, ¿a mi edad? ¡Por favor! Eso es para los jóvenes”, me decía Andrés, un señor viudo próximo a los 70. Pero al preguntarle si tenía pareja, su respuesta fue: “Una no, ¡varias!”. Vamos que si Andrés llegara a portar el virus del Sida sus muchas novias quedarían condenadas. Y no solamente por el virus mortal, sino por cualquiera de múltiples enfermedades de transmisión sexual, como la sífilis, clamidia, gonorrea, herpes y verrugas genitales.

Otro factor que influye en una mayor y más plena actividad sexual en la tercera edad es que ya no existe ese pudor en buscar ayuda médica para superar las limitaciones en la alcoba. De hecho, en el caso de los hombres, los tratamientos para tratar la disfunción eréctil, incluyendo el consumo de viagra y similares, están a la orden del día.

Las mujeres también hacen frente a problemas de dolor o carencia de lubricación a través fármacos y cremas. Precisamente la falta de lubricación las coloca en un mayor riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual ya que es más fácil sufrir lesiones vaginales por las que estas acceden al organismo.

Lamentablemente la mejora de la cantidad y calidad de sus relaciones sexuales no se traduce, necesariamente, en un conocimiento de los peligros que pueden ocasionarles, si no se cuidan como es debido.

La escasa información sexual, normalmente dirigida a adolescentes y no a los adultos mayores, la creencia de que ya se tiene la experiencia suficiente en la materia y el evitar estas cuestiones con los doctores, han ocasionado un incremento importante de portadores del VIH y otras enfermedades sexuales.

La buena noticia es que nunca es tarde para hacerse la prueba (la venden ya en farmacias) y existen tratamientos muy eficaces para hacerles frente. Detectar el virus VIH en sangre puede tardar de 3 a 6 meses después de ser infectado y en esta página www.hivtest.org encontrará información al respecto y lugares donde hacerse el examen con sólo ingresar su código postal.

Recuerde que el Sida no conoce edades, razas ni religiones y que nada como el uso del condón para evitar enfermarse y enfermar.

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