Y de pronto es enero, hora de remontar la montaña de expectativas y satisfacciones que nos brinda esta forja de futuro que son las aulas del Miami Dade College.

Les confieso, queridos lectores del Diario Las Américas, que he disfrutado el asueto de diciembre. Por supuesto me he preocupado por las continuas comelatas, pero cómo negarse a tanta delicia. Ya desde casi las primeras horas del nuevo año comencé a ensayar la dieta rigurosa, aunque a veces he cedido, pues la idea de celebración me seguía iluminando. Espero despejar todas las incógnitas para volver a sufrir con las verduras y las mínimas calorías. Es recomendable.

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Durante la pausa puse en práctica mi idea del descanso, siempre cercano a un buen libro “impreso”, a la antigua, para manosearlo y sentir el olor del papel y la tinta, sin pantalla ni fuente de energía.

También me puse al día con el cine, porque ahora comienza la temporada de premios y es una emoción, tal vez una frivolidad, que disfruto, aunque pienso que el arte no debía competir como atletas de campo y pista. Es algo injusto.

El gusto, la excelencia estética son factores tan subjetivos, difíciles de aprehender en estadísticas, en algún tipo de métrica. Cómo resolver una ecuación que nos pide elegir entre filmes tan sofisticados, exquisitos y trascendentes como Cold War, de Polonia, y Roma, de México. Ambos, paradójicamente, fotografiados en blanco y negro, los dos especulando sobre el recuerdo, con seres humanos como nosotros lidiando, muy a su pesar, con encrucijadas de la vida.

Quienes se hayan quedado con ganas de ver más buen séptimo arte, recuerden que, del 1 al 10 de marzo, nos convertimos en la capital cinematográfica del mundo, cortesía de nuestro exitoso Festival de Cine de Miami.

Los programadores de la muestra cinematográfica me han confiado que tendremos lo mejor de lo mejor. Por cierto, hemos cambiado una de las sedes, la del Regal en Miami Beach pasa al downtown, cerca del Olympia, en las nuevas salas del cine Silverspot.

Me da mucha satisfacción presenciar la llegada de nuevos estudiantes. Los miamenses no pierden la perspectiva y saben que alcanzar una profesión a la altura de los nuevos tiempos, cifra el futuro de promisión buscado en estas tierras generosas.

Estamos hablando de más de 300 programas de estudio a disposición de nuestra comunidad con los más avanzados medios tecnológicos y un profesorado de lujo, en capacidad de establecer una relación cercana con el alumnado, como ya no suele ocurrir en otras instituciones de educación superior.

Enero de 2019, siglo XXI, cuánto honor poder pararnos en este pórtico y estar aquí en la nación más generosa de la tierra y poder tomar decisiones personales que completen la ecuación del futuro y felicidad que venimos buscando.

Familias, congéneres, comunidad toda de Miami, sumemos a nuestros propósitos de año nuevo el beneficio personal pero también el colectivo. Inviertan ahora mismo en su educación y ya verán como no se arrepentirán. ¡Feliz año nuevo!

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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