martes 23  de  junio 2026
OPINIÓN

Sobre biblioterapia y amistades peligrosas

Las más recientes investigaciones sitúan a la biblioterapia, terapia a través de la lectura, como uno de los métodos más eficaces para reducir la tensión
Diario las Américas | EDUARDO MORA BASART
Por EDUARDO MORA BASART

Los actuales desafíos psicológicos de la pandemia del COVID–19 nos obligan a diseñar estrategias para protegernos de una tendencia natural a sentir estrés, soledad, ansiedad o hasta miedo a causa del aislamiento social que sufrimos.

Las más recientes investigaciones sitúan a la biblioterapia, terapia a través de la lectura, como uno de los métodos más eficaces para reducir la tensión; quizás, por esa condición casi mística que posee como revela el francés André Maurois al asegurar: “leer un buen libro es un diálogo incesante donde el libro habla y el alma contesta”.

Por eso, en medio de esta condición tendente, por momentos, a sumirnos en un estado de inercia me he dejado atrapar por monumentos literarios como “La montaña mágica” de Thomas Mann, “El extranjero” de Albert Camus, “Ulises” de James Joyce, revisitando, además, alguno de los clásicos de la “Generación” de escritores estadounidenses tipificada por Gertrude Stein como “Perdida” -Ernest Hemingway, John Steinbeck, William Faulkner, Francis Scott Fitzgerald -.

Ese hurgar me llevó hasta la novela de Pierre-Ambroise-François Choderlos de Laclos “Las amistades peligrosas”, cuya lectura me había marcado años atrás al comentar el libro para la editorial cubana Arte y Literatura. Una huella afianzada por la magistralidad de una puesta cinematográfica donde confluyen dos gigantes de la actuación: Glenn Close y John Malkovich.

La novela se desarrolla en un contexto histórico previo a la Revolución Francesa (1789); momento donde la ambición por el poder y la decadencia social carcomen a Francia. Allí impera el libertinismo como doctrina y práctica, alimentada, entre otros factores, por el pensamiento de enciclopedistas e iluministas, quienes se encargaron de debilitar la fuerza política de una iglesia que se percibía incapaz de oponerse a los intentos de subvertir la fe y la moral religiosas dejando el camino expedito al empuje de los nuevos héroes de la maldad.

Era un período en que los salones del Palacio de Versalles mostraban, sin el menor de los pruritos, los amoríos de Luis XV con Madame Pompadou y Madame Stael. Deviniendo constantes los cotilleos sobre relaciones lésbicas de la reina María Antonieta de Austria en una corte extasiada ante las libertinas representaciones pictóricas de François Boucher y Jean-Honoré Fragonard.

Esa es la atmósfera que permea “Las Amistades Peligrosas”. Un genuino fresco sobre una clase monárquica ávida de dinero para saciar sus antojos; una burguesía a quien urgen reformas raigales; en tiempos donde las mujeres perviven como grupo social predestinadas al enclaustramiento, aun cuando las rejas las impone la sociedad, no el matrimonio.

En sentencia lapidaria Pierre-Ambroise-François Choderlos de Laclos subrayó: “¡Oh, mujeres! Acérquense y acudan a oírme. Que su curiosidad, dirigida por una vez hacia objetos útiles, contemple las ventajas que les dio la naturaleza y que la sociedad les arrebató. Acudan a saber cómo de compañeras naturales del hombre llegaron a ser esclavas; cómo, caídas en ese abyecto estado, llegaron a complacerse y considerarlo su estado natural (…) no esperen ayuda de los hombres autores de sus males (…) Aprendan que sólo se sale de la esclavitud a través de una gran revolución. ¿Esta es posible? Ustedes deben decirlo, ya que depende exclusivamente de su valor. ¿Es verosímil? Me callo sobre este punto…”

Es admirable la capacidad de la novela para atraparnos en un intimista juego epistolar - antecedido en el siglo XVIII por “Cartas Persas” de Montesquieu - donde lo confidencial se hace público. Siendo poco usual en la historia de la literatura encontrar dos personajes tan bien trazados como la marquesa de Merteuil y el vizconde de Valmont capaces de reptar por los caminos de la seducción y la conquista, apelando a la destrucción física y psicológica en una atmósfera de furibundas luchas por el poder.

Un escenario plagado de conflictos convierte a la novela de Laclos en una de las más fascinantes obras epistolares en la historia de la literatura universal y a su autor en uno de los dos más grandes cronistas del último cuarto del siglo XVIII francés junto al Marqués de Sade.

La profundidad y destreza en el modo de delinear los personajes marca la obra. En ella amor, celos, seducción, poligamia, deshonra, prostitución, impotencia, adulterio, violación y depravación se mueven con total impunidad, expresando no solo la antinomia hombre – hombre, sino hombre – mujer.

La obra de Chaderlos de Laclos es un gigante literario en un siglo sobresaliente por sus análisis críticos y el predominio de un discurso didáctico. Algunos teóricos lo bautizan como “un siglo sin novela” por ser la ensayística el modelo discursivo predominante. Francoise Baudelaire sentenció: “si este libro quema, debe quemar como el hielo” pues sus personajes – cito a André Malraux en el prefacio a la edición de 1939 - "desarrollan actos premeditados, en función de una concepción general de la vida".

Leer es un excelente recurso terapéutico no sólo en tiempos de COVID–19. En la antigua Grecia las bibliotecas se publicitaban como un espacio para curar el anima – alma -, siendo las obras literarias herramientas de crecimiento existencial. Estudios científicos aseguran que, quienes leen, sobre todo obras de ficción tienen menos probabilidades de sufrir depresión y manifiestan niveles inferiores de estrés que quienes no lo hacen. El psicoanalista Sigmund Freud recetaba libros a sus pacientes como componente de las terapias.

Es admirable la capacidad de obras como “El conde de Montecristo” de Alejandro Dumas para exacerbar la fortaleza espiritual, el aporte de “El guardián en el centeno” de J. D. Salinger si se trata de aceptarnos tal y como somos, de “Momo” de Michael Ende en la búsqueda del sentido de la vida o de “El Mercader de Venecia” de William Shakespeare si se trata de diferenciar en la vida la relación dual entre bien y mal.

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