No hay duda de que Estados Unidos le ganó la batalla militar a Irán.
La victoria militar de Estados Unidos frente a Irán genera escepticismo en el Capitolio ante los detalles del acuerdo, que incluye un fondo de inversión para Teherán y la reapertura del estrecho de Ormuz.
No hay duda de que Estados Unidos le ganó la batalla militar a Irán.
Al menos así lo ha afirmado en numerosas ocasiones el presidente, Donald Trump, que el ejército iraní ha sido "totalmente destruido" y que solo conserva alrededor del 21 % de su capacidad de misiles, tras los ataques estadounidenses e israelíes.
Sin embargo, lo que está en juego ahora no es una operación bélica, sino la victoria a largo plazo, y es que ambos contrincantes persiguen objetivos distintos.
Cuando el presidente Donald Trump finalmente firmó, en el Palacio de Versalles, Francia, el acuerdo inicial para sellar un alto el fuego con Irán, con vistas a consolidar la paz, esperaba recibir el reconocimiento y las felicitaciones en casa; aun así, desde el Capitolio, incluso algunos miembros republicanos de alto rango se mostraron escépticos ante los detalles del Memorando de Entendimiento, publicado la semana pasada.
“Las guerras se definen por sus narrativas”, según el Council on Foreign Relations, y aludiendo a la muy comentada hoja de ruta entre Irán y Estados Unidos sostiene que “los estadounidenses hablan de paz, mientras que los iraníes hablan de victoria”.
Parte del problema también radica en que Irán recibiría un enorme impulso económico gracias a la promesa de un fondo de inversión de 300.000 millones de dólares, que provendría de diferentes fuentes: el descongelamiento de activos en bancos europeos y el levantamiento de las sanciones petroleras, e incluiría inversiones privadas a cambio de que el régimen de Teherán reabra el estrecho de Ormuz, en el Golfo Pérsico.
Los críticos en Washington han señalado que el estrecho ya permitía el libre tránsito de unos 300 buques diarios antes de que Estados Unidos e Israel entraran en guerra el 28 de febrero. Entonces, ¿se le está recompensando a Irán con el levantamiento de sanciones y una inyección de fondos en sus arcas a cambio de aceptar algo que ya era una realidad hace apenas cuatro meses?
La clave del acuerdo, especialmente para los críticos de Trump, residirá en las negociaciones de los próximos 60 días, que ya han comenzado en Suiza.
El asunto más importante y pendiente de discusión es el programa nuclear de Irán y, en particular, el enriquecimiento de uranio, que podría alcanzar un nivel apto para la fabricación de armas nucleares.
El Memorando de Entendimiento establece que Irán no intentaría producir ni adquirir armas nucleares, y el mandatario ha destacado en gran medida este compromiso asumido por el régimen de Teherán.
No obstante, sus críticos han vuelto a señalar que Irán siempre sostuvo que no tenía planes de fabricar armas nucleares, por lo que no es de fiar.
Términos similares figuraban en el acuerdo alcanzado con Irán durante la administración de Obama en 2015.
Las negociaciones ya iniciadas sobre la cuestión nuclear y la futura "administración" del estrecho de Ormuz —Irán sigue hablando de cobrar tasas— determinarán si Trump logra el legado que desea al resolver uno de los desafíos geopolíticos más complejos de las últimas décadas o si por el contrario, sus críticos tienen razón en que el acuerdo con Irán aporta escasos beneficios a la región de Oriente Medio.
Trump alberga grandes planes para animar a más naciones árabes a normalizar sus relaciones diplomáticas con Israel, por lo que espera que el acuerdo con Irán ponga fin a la amenaza que Teherán representa para toda la región.
De concretarse, se produciría una reconfiguración positiva en Oriente Medio.
Trump inició esta política visionaria durante su primer mandato, cuando convenció a Baréin y a los Emiratos Árabes Unidos de establecer relaciones diplomáticas con Israel en los llamados “Acuerdos de Abraham”.
Dado que Israel sigue decidido a combatir a Hezbolá, grupo respaldado por Irán, en el Líbano, el sueño de ampliar los Acuerdos para incluir a otros países de Oriente Medio, como Arabia Saudita, parece todavía una esperanza lejana, aunque tras el cese formal de las hostilidades con Irán, cabe la posibilidad de que el plan dé sus frutos.
Sin duda, es importante que el Oriente Medio entre en una era de estabilidad en la que los conflictos sean cosa del pasado y los próximos 60 días determinarán si este sueño tiene alguna posibilidad de hacerse realidad.
