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Es un secreto a voces: los datos de los usuarios de Internet se venden y se trafican libremente entre las compañías interesadas.

Recientemente estalló el escándalo de Cambridge Analytica cuando se supo que esta compañía había utilizado la información de millones de usuarios para influir en la campaña presidencial estadounidense de 2016 en favor de Donald Trump y el referendum del Brexit, cuando Inglaterra decidía su permanencia o no en la Unión Europea.

La pregunta que debemos hacernos todos es si ¿realmente es posible que funcionen este tipo de plataformas gratuitas con millones de usuarios a nivel mundial sin negociar con su mayor tesoro, los datos de sus clientes?

Al parecer no. De las informaciones que han brotado a raíz del escándalo que envuelve a Mark Zuckerberg, fundador de Facebook y uno de los hombres más ricos del mundo, trasciende que algunos ejecutivos de la mayor red social permitieron en 2014 que los datos de “sus usuarios” fueran recabados “con fines académicos” por Aleksandr Kogan, un profesor de la Universidad de Cambridge que dirigía la firma Global Science Research.

Esta autorización de aparente carácter positivo e inocuo es reveladora de una gran verdad. La privacidad de las personas que utilizan la mayor red social global está a merced de la buena voluntad de los ejecutivos de la compañía y sus políticas de negocio. ¿Por qué Facebook puede “donar” o compartir datos privados con otra institución para fines académicos? La respuesta es simple, porque son sus datos y en eso consiste su fortaleza.

Acaso, ¿qué significa utilizar los datos de millones de personas con fines académicos? ¿Cuál iba a ser el resultado de esos estudios? Pues simplemente crear un producto para venderlo al mercado.

Si cualquiera siente curiosidad y averigua qué es Global Science Research encontrará que es una firma fundada para optimizar las estrategias de marketing con el poder del Big Data y las ciencias psicológicas. “Nuestros métodos innovadores”, dice en su página, “producen una visión en una escala revolucionaria que permiten a los clientes entender a los consumidores, los mercados y los competidores de forma más profunda y precisa que nunca”. A esta compañía Facebook le dio acceso a los datos de millones de personas.

No hay que ser un gran avezado en el tema para entender cuál es el negocio de Global Science Research, investigar y negociar los resultados de sus estudios en forma de productos.

Al parecer en 2015 Facebook supo que Cambridge Analytica (CA) estaba en posesión de los datos de los usuarios cedidos un año antes a Global Science Research y entonces la empresa de Zuckerberg hizo lo que se esperaba de ella, le pidió a CA que “se comprometiera a no usarlos y a borrarlos”. ¿Es posible pedirle a una empresa de Big Data que no use los datos de millones de personas que tiene en su posesión?

Pues parece que no. En semanas recientes se supo que estos datos habían sido utilizados como combustible para influir en el público inglés y estadounidense a la hora de tomar dos importantes decisiones políticas.

La duda que no podremos satisfacer es, ¿en qué otros ámbitos han sido utilizado los datos de los usuarios de Facebook?

Los niños como objetivo

A finales del año pasado este gigante de las redes sociales lanzó la aplicación Messenger Kids. Una aplicación que permite a los niños menores de 13 enviar mensajes de texto y chatear por video con amigos y familiares en un espacio seguro.

Hasta ahora, para evitar el incumplimiento de una ley federal de EEUU (Ley de protección de la privacidad de los menores en Internet, COPPA por sus siglas en inglés) las redes sociales más importantes se habían opuesto a que cualquier persona menor de edad se registrara.

Messenger Kids ha encendido las alarmas porque ahora Facebook pone sus ojos en los más vulnerables de la sociedad. Los jóvenes y niños nacidos en una era donde las redes sociales sustituyen al patio de la escuela, al parque infantil y los juegos con los amigos.

La sociedad centra sus miedos en el temor de que sus menores puedan ser víctimas de depredadores sexuales, o que pierdan mucho tiempo en las redes sociales. O, como dice un estudio de la Universidad Estatal de la Florida, que lo vincula de alguna forma al aumento de las tasas de suicidios, al uso indiscriminado de las redes sociales.

Estos temores se vieron reforzados incluso por Sean Parker, expresidente de Facebook, cuando recientemente reconoció que la plataforma explota las “vulnerabilidades de la psicología humana” y genera adicción. Facebook no es una empresa maldita, simplemente está incentivando el consumo de su producto. Así lo hacen Mc'Donalds o Coca Cola cuando adicionan escandalosas cantidades de azúcar a sus productos para causar adicción.

La verdad es que todos miramos con impotencia y con alguna complicidad el negocio de nuestros datos en la red de redes. No nos llamemos a engaño, Facebook no es la única, ni es Cambridge Analytica o cualquier empresa envuelta en los recientes escándalos. Vivimos en la era de la información y nuestros datos son la materia prima básica del mercado del Big Data.

Todo lo que tocamos y hacemos deja una huella informática. Estas empresas u organizaciones que estudian y analizan hasta el milímetro nuestras preferencias políticas, nuestro estado psicológico, nuestra comidas predilectas, nuestras enfermedades, nuestro ADN, nuestros itinerarios, nuestras lecturas, no lo hacen como un acto de curiosidad abstracta o académica, sino para obtener la materia prima más valiosa de la actualidad: nuestros datos.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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