Es casi seguro que cuatro importantes asuntos marquen la campaña electoral del próximo año, y si el presidente Donald Trump tiene éxito en cada caso, no hay duda de que será reelegido.

El juicio político que se le sigue a Trump no parece ser uno de los problemas más apremiantes, ya que el magnate, quien busca su segundo mandato en La Casa Blanca, espera que el Senado no lo destituya, ya que los legisladores republicanos nunca votarán a favor de destituir a su candidato presidencial y además el caso no ha ganado más fuerza entre los votantes.

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Según una de las últimas encuestas de la Universidad de Quinnipiac “las dos semanas de audiencias legislativas públicas no han afectado tanto la popularidad del presidente Trump. Mientras que el 40 por ciento de todos los votantes registrados aprueban el trabajo que el presidente Trump está haciendo, el 54 por ciento lo desaprueba. Esto se compara con un índice de aprobación del 38 al 58 por ciento en una encuesta que fue realizada el 23 de octubre, y se encuentra dentro del rango de su índice de aprobación de los últimos dos años”.

Por ello, los problemas que podrían impactar la reelección de Trump son la economía nacional y los asuntos con China, Corea del Norte y Afganistán que tienen gran incidencia nacional.

El estado actual de la economía favorece a Trump porque las últimas cifras muestran que hay confianza, ya que los consumidores están gastando más de lo que se había anticipado.

Obviamente, la economía puede ser un sector volátil pero las cifras de hace unos días, muestran un continuo y rápido crecimiento, un menor riesgo de recesión y la tasa de desempleo más baja en los últimos 70 años, apartados que pueden conducir a la victoria.

También es cierto que la guerra comercial con China, podría cambiar todo eso. Los aranceles comerciales ya están ejerciendo una presión negativa sobre la economía estadounidense y la bolsa de valores.

Pero las recientes señales políticas estadounidenses podrían haber dañado las posibilidades de un acuerdo comercial parcial entre Washington y Pekín, luego de la decisión de Trump de aprobar una ley dictada por el Congreso que apoya a los manifestantes prodemocracia en la antigua colonia británica de Hong Kong, lo cual sin duda ha irritado al Gobierno chino.

De igual manera, los aranceles comerciales tienen un impacto negativo en la economía china, por lo que será de interés para ambos encontrar vías de entendimiento.

Cualquier acuerdo comercial a partir de ahora será una noticia favorable para Trump.

Por el lado de Corea del Norte, el desafío es incierto.

La administración estadounidense siempre ha dejado en claro que Corea del Norte tiene que desmantelar sus armas e instalaciones nucleares antes de que se levanten las sanciones económicas.

La línea adoptada por Washington ha sido siempre rechazada por Corea del Norte y ahora su líder, Kim Jong-un, ha condicionado una tercera cumbre con Trump a que la posición de Estados Unidos cambie para iniciar conversaciones.

Para aumentar aún más la presión, Pyongyang ha impuesto una fecha límite del 31 de diciembre para un cambio de política.

Trump se ha mostrado abierto a una tercera cumbre con Kim Jong-un, aunque las dos reuniones anteriores, en Singapur y Vietnam, produjeron solo promesas y buenas intenciones.

Afganistán es otro desafío vital que necesita algún tipo de resolución para que Trump pueda demostrar que su estilo único de gobernar funciona.

Si bien es cierto que Trump rompió las conversaciones de paz con los talibanes en septiembre, después que un soldado estadounidense en Afganistán fuera asesinado por un terrorista suicida, el Presidente acaba de anunciar, durante una visita sorpresa a las tropas estadounidenses por el Día de Acción de Gracias, que el diálogo de paz había comenzado nuevamente, asegurando que los talibanes querían un trato.

No hay duda de que el fin de la guerra en Afganistán y el regreso a casa de la mayoría de las 13.000 militares estadounidenses sería un gran impulso electoral para el Presidente.

El intento de Trump de retirar a todas las tropas estadounidenses de Siria, por ejemplo, fracasó. Todavía hay 600 soldados en el norte de Siria y una vez más están lanzando operaciones contra los militantes de ISIS.

Sin embargo, aunque no hay garantías del éxito en estos desafíos todavía queda un año antes de las elecciones y un presidente en funciones casi siempre tiene la posibilidad de cambiar el curso de la historia.

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