martes 23  de  julio 2024
CINE

The Boys Temporada 4: conspiraciones, alianzas y redención

Ambientada a pocos días de la entrega anterior, esta temporada se desarrolla en una Norteamérica polarizada entre republicanos y demócratas

Diario las Américas | LUIS BOND
Por LUIS BOND

Son pocas las cosas nuevas que se pueden decir de los super héroes hoy en día. Marvel y DC se han encargado de monopolizar el discurso alrededor de ellos para alimentar las salas de cine y servicios de streaming. Apostando por la creación de “universos”, el género lleva rato sufriendo una suerte de elefantiasis que obliga al público a tener que consumir cientos de horas de contenido para no perder el hilo conductor que une al personaje A con el antagonista B y que pudiese derivar en un potencial encuentro en el largometraje C. Esta dinámica urobórica, donde los productos solo se sostienen por tener el sello de determinado estudio, fue rentable durante más de una década, pero desde hace un par de años está viviendo su etapa de declive. Tal vez —y casi como una respuesta contra el mainstream— a esta inconformidad se deba parte del éxito de The Boys, una de las puntas de lanza de Prime Video. Basada en el cómic homónimo de Garth Ennis y Darick Robertson (y adaptada a la pantalla por Eric Kripke).

The Boys apareció en 2019 como un bálsamo que revitalizó las potencialidades de los superhéroes al desconstruirlos y humanizarlos —con patologías incluidas. Separándose por completo de los discursos binarios entre bien y mal, la historia explora temas que, fácilmente, serían claves en nuestro día a día de realmente existir estos personajes: ¿cuáles son las implicaciones políticas a las que debe enfrentarse una nación que posee personas con poderes extraordinarios?, ¿qué sucedería si estos “héroes” fuesen propiedad de la empresa privada y recibieran el tratamiento de rockstars (que, gracias a sus habilidades y rentabilidad, tienen carta blanca para hacer lo que sea)?, ¿cómo controlar el hybris de un ser todopoderoso e inmortal con delirios tiránicos? Estas y muchas interrogantes más son las que la serie ha ido desarrollando en cada una de sus temporadas y esta semana llega a Prime Video la cuarta y penúltima de esta arriesgada historia.

Ambientada a pocos días de la entrega anterior, esta temporada se desarrolla en una Norteamérica polarizada entre republicanos y demócratas que, al mismo tiempo, proyectan todos sus ideales en dos grandes héroes: Homelander (Antony Starr) y Starlight (Erin Moriarty). Las tensiones entre ambos bandos, el clima de incertidumbre política y la necesidad de un cambio en las leyes alrededor de los superhéroes forman el contexto que sostiene este nuevo arco dramático. En paralelo, The Boys, el grupo de disidentes que quieren exponer los crímenes de los superhéroes y acabar con Homelander, intentan construir alianzas con diferentes antagonistas mientras siguen con su propia agenda tras bastidores. Las cosas se complican para todos cuando Homelander decide unir a The Seven a dos nuevas heroínas: Sister Sage (Susan Heyward), la persona más inteligente del planeta, y Firecracker (Valorie Curry) una conspiranoica que agita a las masas con sus descabelladas teorías sacadas de foros de internet. Ambas terminan creando un cocktail sumamente peligroso y que agita el clima político hasta el punto de llevar al país a un estallido social inminente. Esto hará que The Boys tengan que tomar decisiones extremas y, en algunos casos, irreconciliables entre ellos mismos, para intentar detener la cuenta atrás que amenaza con destruirlos a todos.

Si bien es cierto que The Boys siempre ha sido una serie con un componente de crítica social muy marcado, es en esta temporada es donde las intrigas de poder, el gobierno y la política juegan el rol más preponderante en la trama. Manipulación mediática para exacerbar el fanatismo de las masas, la fuerza de la industria privada y su control sobre el Estado, los dobles agentes que hacen inside jobs, la dinámica del chivo expiatorio, la dicotomía entre la estrategia y la violencia, la cancelación, el racismo y el falso patriotismo son algunos de los temas que los capítulos explora con la agudeza y humor negro que caracteriza a la serie. Dejando a un lado las similitudes —por momentos aterradoras— con lo que sucede actualmente en Estados Unidos y en el mundo, este arco también se enfoca en las consecuencias que tiene para muchos personajes su pasado (explorando historias de fondo de cara al presente), la dinámica compleja de lo paterno, la necesidad de redención, el miedo a la vulnerabilidad, el paso inexorable del tiempo —y la cercanía de la muerte—, la lucha entre el amor y el resentimiento, el idealismo en un mundo sin ley y el eterno dilema de no transformarte en un monstruo mientras luchas contra uno. El resultado es una temporada un poco más madura —y oscura— en comparación a las anteriores (sin por eso perder el tono de comedia, gore, sátira y absurdo que la serie siempre ha tenido) y que sirve de abreboca para el esperado final de la serie.

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Una de las principales virtudes que tiene The Boys es la complejidad de sus personajes y el tiempo que se toma en explorarlos. Aunque a simple vista pareciera que la línea entre “buenos y malos” es bastante clara, con cada episodio los límites se desdibujan y esta temporada no es la excepción (haciendo que empaticemos con antagonistas y demoliendo cierto idealismo que teníamos proyectado sobre algunos protagonistas). Si en la entrega pasada la lupa estaba puesto en Butcher (Karl Urban) y Homelander, en esta el tiempo de exploración en pantalla del resto de The Boys y de The Seven está mucho más nivelada (sin por eso dejar a un lado los conflictos que corroen a ambos líderes de cada grupo en pugna: el primero pasándose progresivamente al “lado oscuro” y el segundo volviéndose cada vez más vulnerable). Al mismo tiempo, esta cuarta temporada se toma el tiempo de profundizar en varios personajes secundarios que ya conocemos, traer de regreso a otros olvidados, regalarnos un par de cameos maravillosos y darle tiempo (y peso) en la trama a los nuevos integrantes del cast que será claves en el cierre de The Boys.

Siguiendo con la maqueta de las temporadas pasadas, esta nueva entrega cumple con todos los landmarks de sus predecesoras: hay secuencias de acción absurdas y gore, escenas de subidas de tono llenas de parafílias, momentos que conmueven profundamente, muertes sorpresivas, Supes que parodian héroes de Marvel y DC, vueltas de tuerca que te hacen cuestionar el rumbo de la historia, relaciones amor-odio con los personajes (y las dinámicas entre ellos), crítica al stablishment y diálogos construidos para herir todo tipo de sensibilidades. La gran diferencia es que ya comenzamos a tener la sensación de final inminente en ciertos conflictos y algunos arcos dramáticos parecen casi listos para cerrarse (sobre todo después del cliffhanger con el que termina esta temporada).

De las actuaciones, como siempre, estamos más que satisfechos. Todo el cast está maravilloso y perfectamente nivelado explorando múltiples registros (como el histrionismo de Colby Minifie, la comedia romántica con Tomer Capone y Karen Fukuhara, la parodia con Chace Crawford, el suspenso con Jeffrey Dean Morgan, etc). Pero, como ya es costumbre, es Antony Starr y Karl Urban los que se roban el show. Karl Urban nos ofrece a un Butcher que debe lidiar con un ticking clock que lo obliga a radicalizarse mucho más y que saca su parte más psicopática y autodestructiva. Anthony Starr sigue explorando todos los matices de Homelander con maestría, esta vez poniendo el acento en su dinámica paterna, el enfrentamiento con su parte más emocional (que lo hace dependiente de la aprobación y “amor” de otros) y la conciencia de su propia vulnerabilidad. Susan Heyward, como adición al grupo, está genial y se vuelve una fuerza antagónica fascinante (supliendo una de las patas cojas que tenían en The Seven) que poco o nada tiene que envidiarle a otros homólogos del grupo. Valorie Curry es otra grata sorpresa que brilla como agitadora de masas resentida y fan número uno de Homelander. Jeffrey Dean Morgan también se luce en sus apariciones en plan “tipo duro” que, por momentos, hacen ver a Butcher como un niño de pecho. Curiosamente, el que menos brilla de todo el grupo es Cameron Crovetti. A pesar de que Ryan es un personaje clave dentro de la historia —y tiene presencia en casi todos los capítulos debatiéndose entre Butcher y Homelander para proyectar a su figura paterna—, todavía su arco no termina de desarrollarse con las complejidades que uno pudiese esperar. Posiblemente los guionistas estén guardando su evolución como un gran pay-off en la última temporada.

Esta cuarta (y penúltima) temporada de The Boys es una bisagra que recoge las consecuencias de muchas de las acciones de la historia y, en paralelo, pone los cimientos sólidos que sostendrán el final de la serie. Aunque sigue manteniendo su particular tono de humor negro y gore, esta nueva entrega está más cerca del thriller político y del drama que de la acción y el desparpajo al que estamos acostumbrados. Como ya es costumbre, entre risas nerviosas y diálogos mordaces, The Boys hace una radiografía de la política Norteamericana —y mundial— desnudando las incongruencias de bando y bando e invitándonos a reflexionar sobre nuestra posición como ciudadanos en la lucha contra el poder. Al mismo tiempo, esta temporada pone el foco sobre la necesidad de enfrentarnos a nuestro pasado para poder crecer y obtener la redención que muchos anhelamos sin importar el contexto en el que nos encontremos. Lecciones valiosas que nos invitan a surfear el caos colectivo que experimentamos y que nos recuerdan que no es necesario perder nuestra humanidad para poder lograr un cambio real en el mundo.

Lo mejor: el poder profundizar en la historia de fondo de varios de los personajes principales. Las intrigas políticas, su desarrollo y su similitud con la realidad. Los nuevos Supes y su funcionalidad dentro de la trama. Las vueltas de tuerca del guion y los cameos.

Lo malo: el cliffhanger con el que termina la temporada es el más heavy de toda la serie y tener que esperar 1 año para resolverlo es diabolical. Algunas decisiones irreversibles dentro de la historia van muy rápido y no da chance de asimilarlas con todo lo que está sucediendo.

Crítica por: Luis Bond // @luisbond009

Sobre el autor:

Luis Bond es director, guionista, editor y profesor. Desde el 2010 se dedica a la crítica de cine en web, radio y publicaciones impresas. Es Tomatometer-approved critic en Rotten Tomatoes (https://www.rottentomatoes.com/critics/luis-bond/movies ). Su formación en cine se ha complementado con estudios en Psicología Analítica profunda y Simbología. Es co-host del podcast Axis Mundi donde profundiza en el análisis fílmico, la literatura, la psicología y los lenguaje simbólicos.

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Web: www.luisbond.com

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