Al llegar a los Estados Unidos con mis padres empezando los 80's, siendo muy niña y extranjera, cuando ingresé a la escuela elementaria comencé a darme cuenta de cómo te inculcaban en este país el amor patrio y respeto a la bandera. Antes de iniciar las clases, el director del colegio desde su oficina, con un micrófono, daba un mensaje de bienvenida a los estudiantes que lo escuchábamos por medio de unos parlantes que tenía cada salón. Se terminaba este saludo, y mi maestra, Mrs. Pinkney, recuerdo mucho, prendía el televisor a las 8:00 a. m. con el himno nacional de Estados Unidos, y empezábamos a cantarlo con nuestra mano derecha posada sobre el corazón. Después de terminado el himno, se continuaba con el juramento a la bandera, iniciando así la jornada escolar hasta las 3:00 p. m. Así era de lunes a viernes.

Hago énfasis en esto para que entiendan un poco del porqué este país, que es la democracia más sólida del mundo, jamás perderá su libertad, la solidez de sus instituciones y la firmeza de una justicia que no contempla la impunidad como arma política. Este es el país donde sus ciudadanos nacen con la bandera en la frente y la libertad en la mano. Por eso, la amenaza latente que hoy se vive en nuestro continente con la plaga del mal llamado “socialismo del siglo SXXI”, cuyos sus hilos se mueven desde Cuba y Venezuela, encontró dos muros de contención: uno en Estados Unidos, llamado Donald Trump, y Álvaro Uribe, en Colombia.

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Ese modelo de socialismo busca causar caos y anarquía a través de organizaciones terroristas (Así las llama Trump) como Antifa y KKK, o movimientos como Black Lives Matter (movimiento infiltrado por la extrema izquierda internacional) en Estados Unidos. En Colombia utilizan a los jóvenes (la mayoría estudiantes) para el vandalismo en las calles, daños a la propiedad privada y ataques a la Fuerza Pública para lograr sus propósitos.

Una investigación de la DIJIN (autoridad de investigación judicial en Colombia) arrojó que más de 2.000 de estos jóvenes fueron reclutados por células urbanas de los narcoterroristas de las FARC y ELN para acciones al estilo Antifa. También utilizan a sindicatos afines a la extrema izquierda y hasta la minga indígena para lograr la desestabilización de gobiernos elegidos democráticamente.

En Colombia, al igual que en Chile, manejan el mismo modus operandi, un libreto que siguió Fidel Castro en Cuba para sucumbir a su pueblo en la miseria y la desolación, que después se lo heredó a Hugo Chávez haciendo lo mismo con los venezolanos al inculcarles discursos populistas antiimperialistas para tapar y justificar su fracasada revolución.

Con el muro de contención llamado Uribe, la izquierda neochavista comandada por el exterrorista Gustavo Petro ‘Alias Aureliano’, narcoterroristas de las FARC e Iván Cepeda, y con la ayuda del ‘Nobel de Paz’ Juan Manuel Santos, lograron solo por dos meses abrirle una filtración a ese muro con el bulldozer de la justicia llamado Corte Suprema Justicia, para limitar que se siguiera fortaleciendo para el 2.022. Al atar los cabos de los ataques en Colombia y Chile, en Estados Unidos están tratando de hacer lo mismo con el ‘muro Trump’ a través de poderosos. Por eso, el presidente candidato inició su campaña en contra del narcosocialismo.

El presidente Donald Trump le está apostando al voto latino en la Florida y, sobre todo, al voto colombiano en un estado en el que hay uribistas muy fuertes como lo son el representante por los colombianos en el exterior, Juan David Vélez, y el activista político Fabio Andrade, que han trabajado de la mano de la comunidad colombiana durante muchos años ayudándola a fortalecerse, a ser emprendedora, y más participativa en la política colomboestadounidense.

Bajo el liderazgo de los excelentes resultados de su gestión siendo Congresista, y con unos proyectos que han dado muy buenos frutos, el representante uribista Juan David Vélez, les ha mostrado a los políticos estadounidenses la importancia de la votación de la comunidad colombiana en las elecciones presidenciales del país más poderoso del mundo. Los colombianos que se encuentran en el exterior están participando hoy en día más en la política al ver la amenaza que representa tener como vecinos a la narcodictadura de Maduro, sabiendo así que la mano dura y la persistencia de Trump y Uribe, podrán frenar la llegada de esta plaga a estos dos países hermanos, que por muchos años han fortalecido sus relaciones con el lema de la lucha antidrogas.

El uribismo está haciendo historia en Estados Unidos, y ¿quién lo creyera?, Uribe metió el discurso castrochavista en la campaña presidencial más importante del mundo y en lo que advirtió para Venezuela hace años, no se equivocó en ningún punto y coma. Sus palabras de que allá se estaba cocinando una dictadura no fueron mentiras, y hoy en día lo está haciendo con su propio país, aun sabiendo que sus enemigos acérrimos lo seguirán persiguiendo utilizando a la justicia porque electoralmente saben que no podrán derrotarlo.

Ruego a Dios que a estos dos muros de contención no logren derribarlos porque se vienen tiempos muy difíciles por las muchas decisiones importantes por parte del presidente Donald Trump, en contra del famoso Establishment y de la narcodictadura de Maduro, para lograr por fin el liberarse de la camisa de fuerza, y al pueblo venezolano desprenderse de esas cadenas que lo acongoja desde hace más de veinte años.

Cayendo el narcorégimen en Venezuela, se cae la estantería y se deja coja a la extrema izquierda colombiana, que es su gran aliado, y caerán los gobiernos socialistas de Cuba, Nicaragua y Argentina.

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