jueves 30  de  julio 2026

Un aplauso para el sindicato de maestros

Alguien estimó que la Gran Recesión que comenzó el 2008 le costó a la educación en la Florida un recorte de alrededor de 1.200 millones de dólares. Medio millón de alumnos de las escuelas públicas se vieron seriamente afectados.

Los maestros tuvieron que recurrir como nunca a la ayuda de los padres para comprar papel o cuadernos, y ellos mismos debieron hacer un sacrificio.

Se estima que un maestro promedio debe poner de su dinero entre 700 y 1.000 dólares al año para útiles de sus niños. nEran los años de las vacas flacas, así que hubo que olvidarse, por supuesto, de aspirar a mejoras salariales significativas. nPero pasó lo peor de la crisis, y el condado Miami-Dade fue uno de los primeros en reaccionar.

Se aprobó el año pasado, en una consulta popular, devolverle a la educación el dinero que se le había restado. Una fiebre de mejoras y reparaciones contagió a la Junta Escolar, que a marcha forzada viene recuperando el tiempo perdido: se reparan puertas y ventanas, se compran nuevas computadoras, se mejoran los baños. n u00bfPero y los salarios de los maestros?
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Para llegar a ser maestro hay que pasar cuatro años por la Universidad. Luego se deben rendir ciertos exámenes y obtener algunas licencias. Un maestro, cuando se inicia alrededor de los 24 años de edad, recibe 40.000 dólares al año. Después de 30 años de trabajo, si se esforzó y obtuvo una maestría, estará ganando 72.000 dólares.

De esa suma, ellos deben pagar su retiro. nHabía llegado pues el momento de mejorar también los salarios, y si bien no tengo motivos para dudar de la buena voluntad de la Junta Escolar, no me quedan dudas tampoco de que sin la intervención del sindicato de maestros del condado (Union Teachers of Dade), quizás la decisión de ser justos también con los educadores se habría demorado, o no habría sido tan decidida y resuelta.
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El sindicato de maestros del condado viene de una crisis de credibilidad muy profunda. El año 2003, su cúpula directiva fue atrapada en un escándalo de corrupción. Años de sacrificios para fortalecer la organización se vinieron abajo. Hace poco se consiguió por fin elegir una nueva directiva.

Por primera vez, un afroamericano se puso al frente, el señor Fedrick Ingram. Por primera vez, una hispana, la señora Karla Hernández-Mats, Secretaria Tesorera, ocupa una de las más altas dignidades. Ellos, y el resto del equipo, comenzaron una negociación salarial muy compleja con todo ese cúmulo de fortalezas y debilidades. u201cNos hemos propuesto recuperar la credibilidad de la organización, y con ese espíritu fuimos a la negociación u201d, me dijo Karla Hernández-Mats.
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Finalmente se llegó a un acuerdo sobre salarios y condiciones laborales el lunes de la semana pasada, y lo llamativo es que, por primera vez en mucho tiempo, según me cuentan, ambas partes, la Junta Escolar y el sindicato, se sienten ganadores. Eso es muy bueno, porque significa que en realidad los auténticos ganadores serán los niños y sus padres. n

No todas las diferencias están resueltas. El sindicato sigue creyendo que se ponen demasiadas trabas a los maestros para subir en el escalafón, a pesar de que sólo un insignificante 0,5% de educadores del condado no aprueba la evaluación que realizan los principales de cada escuela.

La junta escolar, asimismo, desearía que el rendimiento de cada maestro cuente más a la hora de fijar el salario. Pero si esas diferencias se resuelven de la misma forma que la reciente negociación salarial, podremos sentirnos satisfechos.
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Me permito por eso pedir ahora un aplauso de nosotros, los padres de familia, para el sindicato de maestros. Esta vez se lo han ganado. Que sigan así.

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