El partido demócrata está optando por la “no pelea” para garantizar la victoria de Joe Biden en las próximas elecciones presidenciales.
El partido demócrata está optando por la “no pelea” para garantizar la victoria de Joe Biden en las próximas elecciones presidenciales.
Por ilógico que parezca, los estrategas de campaña del exvicepresidente han centrado sus maniobras en dar dos pasos atrás y dejar al contrincante lanzando golpes al aire.
Apuestan por los errores y el ridículo que puede autoinfringirse el presidente Donald Trump con sus salidas inesperadas y sus contradictorias declaraciones.
Y hasta ahora, el absurdo plan les ha resultado efectivo, les está funcionado esta táctica del “no existir”.
Más deben tener claro que “correr por el ring” no es suficiente para arrebatarles la Oficina Oval a los republicanos. En algún momento Biden y sus asesores van a tener que dar la pelea y es mejor que desde ahora comiencen a mover sus brazos.
Al final del camino están los debates presidenciales y para nadie es un secreto que el presidente Trump con su high energy tiene las de ganar en estas lides y que, a diferencia de Sarah Palin, él sí puede sacudir al candidato demócrata hasta dejarlo sin aliento y desorientado.
El temperamento arrollador del actual presidente debe ser dominante ante la paciencia y postura de político calmado que el candidato demócrata siempre ha mantenido.
Y cuando estén frente a frente, de nada le servirá alejarse un poquito o hacerse como que no escucha la música estridente que le lance Trump en su cara.
Biden tiene que empezar a bailar ya.
Y no un pasodoble, porque no puede, no aguanta. Más bien debe ensayar un bolero lento, pausado, en español, que le permita mantener su ritmo cardiaco y de paso hacerle gracias al voto latino al que tan poca atención le viene prestando.
La Florida es fundamental para sus pretensiones, porque si Trump pierde el Estado del Sol será un pase directo de los demócratas a la Casa Blanca. Pero Biden tiene que luchar y ganarse el voto latino, porque no puede esperar el beneficio de un voto de castigo contra Trump. Esa estrategia llevó al fracaso a Hillary Clinton y a otros candidatos como Al Gore.
Los hispanos de la Florida no sienten a Biden, no saben por dónde anda su campaña. A excepción de unos insípidos anuncios televisivos no hay otra referencia de la campaña demócrata. Y si no corrigen esto, sus pretensiones se ahogarán en la orilla.
Hay otras contradicciones que la campaña Biden tendrá que resolver antes de llegar a los debates presidenciales, como identificar claramente su posición frente a las protestas y los desórdenes que hoy consumen a varios estados de la nación.
Estos movimientos, tanto los legítimos como los delincuenciales, generan una marea de apoyo y de posibles votos para la bancada demócrata, pero en esencia están en contraposición del “centrismo” con que se nos presenta Biden, quien hasta ahora ha llamado a respetar los derechos civiles, pero sin identificarse con las posiciones radicales que asumen estas organizaciones y grupos.
Una ambivalencia que ya no le queda tan cómoda, inclusive una de las cofundadoras del movimiento Black Lives Matter, Alicia Garza, ya ha dejado claro que Biden está muy lejos de representar los cambios que los votantes demócratas necesitan y quieren.
(https://time.com/5867282/alicia-garza-black-lives-matter-biden/ )
El problema está en que si Biden se declara un luchador de barricadas pierde el voto moderado que ha arrastrado en los últimos meses. Y si no se declara militante activo de esta nueva izquierda puede decirle adiós al sector de votos que estos inconformes representan.
La campaña ha decidido resolver esta crisis eligiendo una candidata a la vicepresidencia que sea afroamericana y reformista, por llamarlo de la forma más conciliadora, pero habrá que esperar a la primera semana de agosto para conocer quién es la elegida.
Otro problema del candidato demócrata es la imagen de hombre cansado, de abuelo frágil, que proyecta. Una broma en las calles de Miami asegura que al votar por Biden se está votando por la vicepresidenta porque de seguro el político no aguanta los cuatro años de mandato.
Aun así, es Joe Biden quien lidera las encuestas en todo el país y quien sin duda marcha al frente en la intención de votos cuando quedan menos de cien días para las elecciones. Un efecto logrado a base de pandemia, el asesinato de George Floyd, una contracción económica como no se veía desde 1958 y la cuenta de Twitter del presidente Trump.
Hoy ganaría, pero mañana, quién sabe. Así que todo depende de que se pare de una vez del sillón y de la destreza que tenga como bailarín.
