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@DesdeLa Habana
Un país, que otrora fue el gran exportador del preciado producto a alimentario, hoy importa por causa de los múltiples errores que ha cometido la dictadura
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LA HABANA,- Durante el trayecto al antiguo central azucarero Hershey, en Santa Cruz del Norte, en el occidente de Cuba, uno de los 11 municipios de la ahora provincia Mayabeque, una brisa caliente que llega de la costa te golpea en el rostro. El chofer sube un poco la ventanilla e intenta sobrepasar a un campesino que conduce con parsimonia un carretón halado por un caballo cadavérico.
Después de transitar por un camino polvoriento, se llega al otrora famosa ingenio. En la esquina, dos hombres beben aguardiente barato, un señor con sombrero de guano vende ristras de cebollas moradas y una mujer vocea: “Dos tamales calientes por 100 pesos”, cerca de seis dólares al cambio informal.
Un rayo se dibuja en el horizonte. Reinaldo, obrero jubilado, alza la cabeza y mira al cielo encapotado. Está sentado en el portal del Barracón, antiguo parador del central. “No tenía nada que envidiarle a un hotel de ciudad. El poblado de Hershey era una joya. Los bungalós dónde vivían los ingenieros y los jefes eran iguales a los de una zona residencial de clase media en Estados Unidos”.
Actualmente el barracón es un albergue de orientales que huyen de la miseria en sus provincias e intentan probar suerte en el occidente del país. Cercado por la maleza, el central hoy es un amasijo de hierros oxidados.
Fidel Castro ordenó detenerlo en el 2000. "Cuando dejó de moler caña, la gente llorño. Toda la vida trabajando en el ingenio, acostumbrados a escuchar la sirena y el olor de la melaza. Éramos 1,200 personas que, de una forma u otra, dependíamos del central. Comenzó un éxodo. Los que quedamos hemos tenido que reciclarnos a la fuerza. Unos se ganan la vida vendiendo ajo y cebolla. Otros bebiendo o robando y matando vacas para vender su carne. Hershey se ha convertido en un pueblo fantasma”, cuenta Reinaldo.
El desastre de la producción azucarera en Cuba es dramático. De 1911 a 1958 la producción fluctuaba entre cuatro y siete millones de toneladas. “Zafras que rara vez superaban los tres meses y medio. La productividad por hectáreas estaba entre las mejores del planeta, a nivel de Hawaii y otras potencias azucareras de la época. Éramos líderes mundiales en eficiencia. Con la llegada de Fidel Castro al poder en 1959 comenzó el lento declive de la primera industria nacional”, explica un experto.
“Los disparates se sucedieron a granel. La falta de piezas de repuesto e insuficiente capacitación del personal técnico de los centrales, quienes ocupaban puestos importantes gracias su lealtad política, fue minando la industria azucarera. Por su megalomanía, Fidel se involucró a golpe de autoritarismo en el sector del azúcar. Sus planes y delirios hicieron mucho daño. Sustituyó por puro capricho la variedad de caña que se sembraba en los campos cubanos, muy resistente a plagas y con alto volumen de sacarosa. La zafra de los Diez Millones en 1969-1970 fue el tiro de gracia”, señala.
De los 161 centrales que existían en Cuba en 1958, el 62% sus dueños eran cubanos y 37% pertenecía a firmas estadounidenses. Según el experto, el rendimiento promedio por hectárea antes de 1959 rondaba las 60 toneladas de cañas. Los hacendados más productivos superaban las 80 toneladas. Los rendimientos en estos últimos 21 años han caído estrepitosamente. De 44 toneladas de caña por hectáreas en 2014, a menos de 12 toneladas de caña por hectárea en la zafra de 2025”, indica el especialista.
El rendimiento industrial antes de 1959 era 13,3%. En estos momentos, los mejores ingenios no superan el 8%. El cierre de más de 100 centrales fue decretado por Fidel Castro en octubre de 2002. Lo denominó Tarea Álvaro Reinoso. Más que un reordenamiento fue un despropósito que provocó el desempleo de casi cien mil obreros. Sin contar que el costo económico para el país ha sido oneroso.
Gustavo, economista, argumenta que “con la tonelada de azúcar a unos 43.000 dólares en el mercado mundial, si hubiéramos tenido una zafra de seis millones de toneladas azúcar, la economía cubana hubiera ingresado de ganancias más de 6,000 millones de dólares, cifra muy superior al de la industria turística en sus mejores tiempos. Si hubiéramos invertido en la modernización de los centrales y Fidel no hubiera tirado por la borda a nuestra principal industria, probablemente la producción actual se acercaría a los 12 millones de toneladas."
"Brasil, aclara el economista, el mayor productor de azúcar, produce 28 millones de toneladas de azúcar, más de 30.000 millones litros de etanol y genera otros miles de millones de dólares en producir muebles de madera de bagazo, fertilizantes, comida animal y produce 12,000 megavatios de electricidad a partir del bagazo".
Evelio, exfuncionario del desaparecido Ministerio del Azúcar (MINAZ), considera que la industria azucarera es altamente rentable. "No es solo la producción de azúcar, cuyo precio fluctúa en el mercado mundial, es que la producción de etanol, que Fidel descartó por falta de visión, con los altos precios del petróleo en la actualidad, hubiera sido otro rublo exportable y serviría para sustituir la exportación de gasolina. Además, la biomasa del bagazo de caña, junto a otras fuentes de energías renovables como la solar o la eólica, podrían estar produciendo el 60 por ciento de la generación eléctrica en Cuba. A ello se suma el uso del alcohol de caña en la elaboración de ron. No había que abandonar la industria azucarera para potenciar el turismo. Las dos industrias se complementaban y las dos podrían generar miles de millones de dólares”.
Pero el régimen de Castro jugó mal sus cartas. Los datos de las producciones azucareras son secreto de Estado. Analistas consultados, calculan que la zafra de 2025 produjo menos de 150 ,000 toneladas de azúcar. Esa cantidad es cuatro veces y media inferior a las 700.000 toneladas de azúcar que consume el mercado interno. Para la zafra de 2026, apenas operarían 16 centrales.
“Cada año que pasa el desastre se supera. Pensaba que la zafra de 2025 era la más baja de la historia en los últimos 130 años. Pero la de 2026 no va a llegar a 40.000 toneladas de azúcar. Habrá que importar grandes cantidades para el consumo local. No es nada nuevo. Ya en 2001, 2017 y 2018 se importó azúcar de Francia y pequeñas cantidades de Brasil”, afirma Evelio.
En los bodegones privados, el kilogramo de azúcar blanca se vende entre 700 y 800 pesos (aproximadante 1.35 dólar) . Varios dueños de Mypmes importan azúcar producida por los hermanos Fanjul, a quienes Castro expropió sus centrales y refinerías. Alfonso 'Alfy' y José 'Pepe' Fanjul, pertenecientes a una dinastía empresarial originaria de Cuba, controlan uno de los mayores imperios azucareros del hemisferio occidental en Florida. Dirigen un conglomerado valorado en cuatro mil millones de dólares, que abarca desde plantaciones hasta marcas mundialmente reconocidas como Domino Sugar y Florida Crystal.
En un discurso pronunciado en 2013 en la Universidad de Fordham, Nueva York, 'Alfy' Fanjul recordaba “que estaba sentado en la oficina familiar cuando la gente de Fidel Castro entró a discutir lo que iba a pasar. Nos sentamos con los abogados, yo tenía un bloc amarillo y un lápiz, y pusieron las ametralladoras encima de la mesa. Charlamos un rato, y entonces el líder agarró la ametralladora, señaló el mapa en la pared donde teníamos las diferentes propiedades de nuestra empresa, me miró, y dijo: vamos a desmantelarlo todo”.
Esa escena simbolizó el final de la familia Fanjul en Cuba, y de otros cientos de miles de empresas y compañías privadas confiscadas forzosamente a sus dueños sin la debida compensación.
Un exfuncionario del estatal antiguo ministerio de azúcar rememora “que en algún momento de la era de Obama, un grupo de la empresa Fanjul recorrió el antiguo central San Lino, hoy Cinco de Septiembre, en Rodas, provincia de Cienfuegos. La intención era establecer un negocio mixto con ellos. Al final el plan no se concretó.
“En esta zafra estaba planificado que molieran 16 centrales. Pero solo arrancaron ocho o nueve. Y entre febrero y marzo, a raíz del déficit de combustible pararon todos. Es muy probable que la zafra no haya alcanzado ni las 30.000 toneladas. Se le ha propuesto el negocio azucarero a China, Rusia y Brasil. Pero nada se ha concretado. Al final la salvación de nuestra industria azucarera va a estar en manos de los cubanos, a los que Fidel Castro expropió sus ingenios”, señala el exuncionario.
El último central azucarero que paró este año fue el de Tuinucú, rebautizado por el régimen como Melanio Hernández, a ocho kilómetros de la ciudad de Sancti Spíritus. El batey de Tuinucú nació al lado de un trapiche de caña. Para 1914, con el crecimiento del ingenio, se construyó una iglesia, tiendas de víveres, calles, escuelas y los barracones de los obreros azucareros que trabajaban doce horas al día.
Con la llegada al batey del ingeniero estadounidense Frank H. Jones, Tuinucú fue pionera al protagonizar en 1912 la primera transmisión radial de onda corta con carácter experimental en Cuba. Unos 114 años después Tuinucú, patria chica de mi familia materna, es un pueblo aburrido, con apagones de cuarenta horas, calles agujereadas que han perdido su capa de asfalto y donde las personas intentan cobijarse del sol en el portal de una vieja bodega a pocos metros de la entrada principal del central azucarero.
Osvaldo, operario de 56 años, recuerda con nostalgia el pasado. “El corazón del poblado era el central, incluso en tiempo muerto. Gracias al central no había apagones, pues producíamos con el bagazo nuestra propia electricidad. Ahora esto es una ruina. La gente huye de Tuinucú en cuanto puede”.
A 60 kilómetros al este de Tuinucú, en el municipio Ciro Redondo, provincia de Ciego de Ávila, los avileños caminan como zombis por sus callejuelas destrozadas o al borde de la añeja Carretera Central se paran a vender piñas, mangos, aguacates o barras artesanales de guayaba.
“Hace tres años que produce azúcar central (se refiere al antiguo central Morón, hoy Ciro Redondo). Ni muele caña ni traen marabú para la planta de biomasa que, en teoría, debía generar sesenta MW de electricidad al sistema electro energético nacional. La mala gestión del gobierno ha tirado a la basura una inversión de 300 millones de dólares”, se queja un ingeniero de la planta.
La dictadura verde olivo no puede justificar la caída de la producción azucarera culpando al embargo económico de Estados Unidos. Como tampoco tiene respuesta para explicar por qué en los últimos ocho años las cosechas agrícolas, ganaderas y porcina han caído entre un 60 y 90 por ciento.
Cuba llegó hacer la azucarera del mundo en el siglo XX. El 60% del azúcar que contenían las tabletas de chocolate y las latas de leche condesada que consumían las tropas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial se elaboraba en un algún ingenio de la Isla. El lema, sin azúcar no hay país, no ha perdido vigencia.
