u00bfExiste un instrumento para medir la corrupción? u00bfInventaron ya el u201ccorruptómetro u201d? Todavía no. Pero el otro día en la sala de espera de una oficina pública de Miami; en una pantalla de televisión transmitían las noticias; el locutor informaba que un alcalde de la Florida estaba siendo sometido a investigación por algún negociado oscuro; y entonces un murmullo de enojos recorrió el lugar. Las caras a mi alrededor lo decían todo: esa gente sentía la necesidad de expresar su indignación. nNo era un corruptómetro, pero funcionó como tal. n
Mi conclusión es que un sector de la Florida siente que la corrupción se está extendiendo demasiado y que ha llegado la hora de hacer algo, porque lamentablemente, lo que se está haciendo, no funciona. Caen muchos funcionarios corruptos, pero eso no detiene a los demás. Al revés, es como si cada noticia de actos de corrupción sirviese de ejemplo y aliciente para que otros sigan el mal ejemplo. n
Hace algunos años, Robert Klitgaard intentó establecer la fórmula de la corrupción: C = M + D - R, donde C es corrupción, M es monopolio, D es discrecionalidad y R es rendición de cuentas. n
Escuché a Klitgaard explicar su fórmula hace algunos años en una conferencia que dictó en Washington, con auspicio del Banco Mundial. Yo era apenas un periodista del Tercer Mundo, así que no me atreví a decirle en público que su fórmula me parecía muy buena pero que yo tenía otra que me parecía mejor: C = Is + Am, donde C es corrupción, Is es indiferencia social y Am es apatía de los medios. n
Por mi experiencia he llegado a la conclusión de que la corrupción se extiende donde los ciudadanos se dejan de interesar en los asuntos públicos, abandonan completamente las decisiones en manos de los políticos, y los medios se limitan a informar de cada escándalo, pero no incentivan un debate profundo sobre las causas y posibles soluciones. n
La corrupción es un mal inevitable de todas las sociedades, y eso incluye, naturalmente, las sociedades democráticas. La corrupción es una herida, dicen algunos, pero una herida pequeña. n
Semejante actitud impide ver el momento preciso en que la pequeña herida se convierte en gangrena, y como nadie ha inventado todavía el corruptómetro, entonces quedamos abandonados a nuestra suerte.