La oposición en Venezuela acudió al diálogo con el Gobierno con cuatro requerimientos fundamentales: cronograma electoral, libertad para los presos políticos, un canal humanitario para la llegada de alimentos y medicinas y el respeto a la Asamblea Nacional y a sus atribuciones constitucionales.
Un mes y una semana después de que se sentaran el pasado 30 de octubre, ninguno de los cuatro puntos acordados - y refrendados en una cuestionada misiva enviada por El Vaticano al gobierno de Nicolás Maduro- se ha cumplido. Bajo la mirada de la comunidad internacional y los mediadores encabezados por El Vaticano, el Gobierno repitió lo que ha sido su actitud ante cualquier compromiso asumido con los venezolanos: lo irrespetó.
Venezuela vive tiempos que demandan acciones inmediatas; los venezolanos arriesgan su vida todos los días por la inseguridad, por la falta de medicinas, hurgan en la basura por la escasez y el alto costo de los alimentos. Venezuela requiere urgentemente un cambio de Gobierno, y más que diálogo, lo que hace falta es una negociación, bajo la presión popular en las calles que permita la salida electoral en la que tanto se ha empeñado el pueblo venezolano.
Maduro desechó la salida constitucional por medio del referendo revocatorio o elecciones y asumió el riesgo de la rebelión popular, el pueblo en la calle o la implosión social, mientras la oposición se sentó a “dialogar” dejando a un lado sus herramientas más fuertes de negociación: la presión popular y el juicio a Maduro en la Asamblea. A más de un mes de haber iniciado las conversaciones, con las manos vacías y la crisis aún más profunda, no queda otro camino de reinventar la lucha democrática ante un gobierno dictatorial. El tren del diálogo parece que ya pasó y el gobierno alcanzó los objetivos inmediatos trazados: desactivar el revocatorio, dividir a la oposición y enfriar la presión en las calles.
Luego de un retroceso político, la dirigencia opositora debe revisar sus acciones, ampliar y fortalecer la unidad y trazar objetivos concretos y tangibles. Hablar de negociación política en lugar de dialogar sobre temas abstractos que se diluyen en la verborrea oficial y retomar la lucha popular, parece un camino de obstáculos que debe asumir la dirigencia.
La comunidad internacional, con El Vaticano incluido han sido testigos de la tragedia venezolana y la conducta gubernamental. La urgencia de medidas en Venezuela no acepta los tiempos de un falso diálogo.