Por muy nuevo o innovador que nos parezca cualquier acto de la dictadura cubana en estos tiempos siempre es aconsejable revisar la historia de los últimos 60 años porque de seguro ya lo habían intentado antes, o al menos lo habían copiado de otras naciones.”
Así sucede con el inusual acto del nieto de Raúl Castro de enviar a un testaferro a territorio estadounidense para forzar la entrega de una carta al presidente Donald Trump. Según el criterio profesional de un exoficial de la inteligencia cubana a quien identificaremos como Serafin Roche, lo que se ha revelado en este asombroso caso no es otra cosa que una acción cotidiana de cualquier sistema de inteligencia a nivel mundial, “se trata de buscar un atajo, encontrar la forma de acelerar las condiciones de negociación que te convienen, sobre todo si cuando sospechas que alguien en el medio está obstruyendo tus intereses”
El “alguien en el medio” a quien hace referencia nuestro dizque experto es nada menos que Marco Rubio, el secretario de Estado cubanoamericano a quien la Inteligencia cubana y el equipo del depuesto y apresado dictador venezolano Nicolás Maduro, identifican como “el tipo que se la ponía mala a Trump, el que le daba al presidente del país la versión más fea para conseguir que Trump atacara a las dos dictaduras”, dice Roche, “si revisas los discursos de Maduro y de La Habana desde enero del 2026 verás que están todo el tiempo tratando de abrirle los ojos a Trump para que les mire directamente y no a través de Rubio, como si no confiaran en las intenciones de negociador del cubanoamericano”.
De cualquier forma, le aseguro que me resulta absurdo, temerario e imprudente emplumar al negociante Roberto Carlos Chamizo González con la misión de encontrarse a Trump; como quien se topa con un conocido en la calle y aprovechara la ocasión para darle una carta del cangrejo.
Roche sonríe, “de seguro que no fue así, aquí tendemos a simplificar todos los relatos y a ponernos como tontos, ese vino a conectarse con otro intermediario, uno al que seguro la Inteligencia cubana lleva rato vigilando o trabajando y les pareció que se prestaría para el juego”.
Según Roche todo pudo comenzar a partir de la reunión en La Habana a principio del mes de abril entre una delegación del departamento de estado que voló directo de Washington para negociar con un equipo del régimen, en el que supuestamente estaría el nieto de Raul Castro como figura emergente del castrismo.
“La reunión evidentemente no trajo buenas noticias para ninguno de los dos bandos y eso llevó a La Habana a cazar la oportunidad de denunciar a Rubio ante Trump, para que el presidente entendiera que el secretario de Estado lo estaba enredando todo y que mejor hablaban en vivo y directo”.
Según el experto, el destinatario elegido para que sirviera de intermediario pudo estar en la delegación de Washington, quizás haciendo el papel del policía bueno, lo que llevó a La Habana a arriesgarse a la aproximación informal. También contempla otra posibilidad: “puede ser alguien que venía dando señas de inconformidad con la política hacia Cuba y decidieron acelerar la relación, de paso lo empoderaban ante los ojos de Trump como un buen intermediario”, ahora Roche niega con la cabeza, en gesto de inconformidad, “pero el tipo no mordió, quizás se asustó con la llegada de Roberto Carlos y lo echó pa’lante”.
Según el abogado criminalista Belarmino González el mensajero se puede dar con un canto en el pecho porque solo lo botaron del país, “podían haberlo metido en la cárcel, juzgarlo por un delito de ejercer sin registrarse como agente extranjero, algo por lo que otros han terminado condenados hasta a veinte años en una prisión estadounidense”.
La pregunta es ¿por qué no pasó así esta vez?, el abogado no tiene respuesta y Roche especula, “le están dando cordel al cangrejo, un tirón de orejas y que siga aplicando a través de la ventana de Marco Rubio”. O sea que según esta versión le han dicho al nieto de Raul no trates de acelerar o buscar atajos y cumple con lo que te pedimos para que te quedes.
¿Lo han intentado antes?, dice Roche que sí, incluso él participó cuando usaron a los exiliados cubanos Bernardo Brennes y Napoleón Vilaboa para colársele a Jimmy Carter con lo que terminó siendo los sucesos del puerto del Mariel. “Pobres tipos, descubrieron que habían jugado como peones de la inteligencia cubana cuando ya los habíamos cocinado en aceite hirviendo”, se burla Roche, “nunca lo pudieron superar, ni el exilio tampoco y mucho menos Carter que le tocó comerse lo que le cocinaron desde las oficinas de Línea y A”.
Más en el caso de Roberto Carlos y la carta de marras parece una acción desesperada o una pérdida de la profesionalidad de la que presume Roche, “puede ser, recuerda que Raúl nos botó a todos en 1989, nos convirtió en gusanos y trajo a sus soldaditos de las FAR, sin preparación y locos por la pacotilla, recuerda que por eso estoy aquí”.
Para Lizardo, un experto en temas cubanos, la abortada misión suicida del amigo del cangrejo es la reedición del caso de Rudolf Hess pero con un final feliz para el agente. Lizardo se refiere al caso del lugarteniente de Hitler que se lanzó en paracaídas en Inglaterra el 10 de mayo de 1941 para llevarle a un noble británico la propuesta de un pacto de no agresión con Alemania buscando que se le presentara al primer ministro. Hitler e Inglaterra por separado insistieron en que fue un acto individual.
Hess termino suicidándose en la prisión luego de casi cuarenta y un años condenado por el aventurerismo unilateral que se montó para impresionar a su jefe, quien ya lo estaba echando a un lado.
Así que el negociante o nuevo rico cubano Roberto Carlos Chamizo González chifló cuando lo dejaron regresar a la isla después de semejante metida de pata “o de que algún fiscal estatal se enterara de lo que andaba haciendo por aquí”, me dice el abogado Belarmino, “lo podían haber detenido y enjuiciado de inmediato, pero, raramente el FBI no le reportó a la fiscalía correspondiente”.
“Al final, con la filtración de lo que pasó el cangrejo consiguió su objetivo, porque Trump se enteró de la carta y de lo que decía”, le rebato a Roche, aquí se equivoca, para mí fue un tiro al aire, una muestra de desespero, de evitar una acción militar de Estados Unidos. Al final nadie le prestó atención y le dejaron a Marco Rubio con el cronometro en la mano, esperando por la liberación de los presos políticos, en una carrera contra reloj de la que el régimen nunca saldrá bien parado.