El presidente Donald Trump no ha tenido la oportunidad de otros líderes políticos, quienes luego de ser electos han podido disfrutar una “luna de miel” durante las primeras semanas o meses de su gobierno, envueltos en el entusiasmo de la nación que espera ver cómo las nuevas promesas mejoran la vida de todos.

Trump ha sido demasiado polémico para poder unir al país detrás de su proyecto, y desde el momento que entró a la Casa Blanca ya había cierta aprehensión, no sólo en Estados Unidos sino en el resto del mundo, sobre lo que sería su estilo de gobierno.

Ahora le ha tocado saber que, aunque es el presidente de Estados Unidos, con el mandato para implementar sus políticas, puede y de hecho está siendo bloqueado.

Muchos legisladores republicanos se opusieron al proyecto de ley para eliminar el Obamacare porque la alternativa incrementaba costos y dejaba a muchos sin cobertura.

Esta es la primera revuelta en el Capitolio contra el fenómeno Trump, pero anteriormente ya se habían presentado signos de incomodidad.

La acusación de Trump de haber sido espiado por el Gobierno de Obama durante la campaña electoral, estuvo circulando en Washington durante semanas, pero ahora pocas personas en el Congreso parecen validar esa denuncia, que de paso genera dudas sobre la sustancia de los tuits del Presidente en general.

Con el Senado y la Cámara de Representantes de mayoría republicana era de esperar que la agenda de la administración Trump avanzara rápidamente, pero el Presidente con su estilo controversial ha provocado que republicanos de alto perfil se cuiden de replegarse a sus ultimátum y en cambio prefieran darle prioridad a sus responsabilidades con sus electores, así como todo el país.

Las propuestas de Trump para impulsar el gasto de defensa son otro tema. Cualquier aumento en el presupuesto militar es música para los oídos de la mayoría de los republicanos, aunque todavía no haya un plan estratégico sobre cómo invertir ese dinero adicional de la mejor manera.

Es de esperar que legisladores veteranos, como el senador John McCain y el senador Lindsey Graham, serán los primeros en quejarse si perciben que un aumento en el presupuesto militar puede conducir a decisiones pobres o estrategias confusas.

Para los demócratas la preocupación se enfoca en el destino que el Pentágono le daría a los 54.000 millones de dólares adicionales prometidos por Trump, luego de que un informe oficial, publicado en 2015, afirmaba que 125.000 millones de dólares fueron desperdiciados por el Departamento de Defensa.

Si Trump, por ejemplo, dejará caer la estrategia militar del presidente Obama en la región de Asia y el Pacífico, para contrarrestar el creciente dominio de China, McCain y Graham podrían considerar que ese cambio de planes enviaría un mensaje equivocado a Pekín.

Por lo pronto, Trump ha adelantado que entre sus planes está invertir para mejorar la preparación de los militares. Esto significa más tropas, más equipo y más entrenamiento, así como el aumento del arsenal de armas nucleares y un portaaviones adicional.

En todo caso, el Congreso ha dejado claro que hay un proceso democrático y una negociación que debe cumplirse, antes de firmar un cheque en blanco a las propuestas presidenciales.

Seguramente habrá más lecciones políticas para Trump sobre el arte de gobernar y quedará en él decidir si las toma en cuenta o las ignora.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

Deja tu comentario