Venezuela vive la peor crisis de gobernabilidad de los últimos 20 años. La escasez, la violencia, la corrupción y el clientelismo político han lanzado a su pueblo a manifestarse para pedir el fin del Gobierno de Nicolás Maduro y la convocatoria de elecciones libres. Un borrón y cuenta nueva vistos como la única solución para liberarse de esta tenebrosa trampa que ha caído la República de Venezuela.

El saldo de cuatro meses de demostraciones son 100 muertos, miles de herido y una fractura social muy difícil de recomponer.

Nicolás Maduro, desde que ocupó el poder en diciembre de 2013, ha dirigido todos sus esfuerzos a afianzar el control de su Gobierno y pisotear la democracia que lo encumbró. Su estrategia ha sido minar las principales instituciones de elementos fieles a su persona ripostando con fuerza cualquier intento corrector, del pueblo, del rumbo hacia el totalitarismo.

Hace un año torpedeó la convocatoria del referéndum revocatorio previsto en la chavista Constitución vigente. Intimidó a políticos opositores, demoró elecciones de elementos contrarios y al final su Concejo Nacional Electoral canceló la convocatoria. Maduro se sentó encima de las urnas para impedir al pueblo venezolano manifestar su voluntad.

Pero el pueblo venezolano, tozudo como rio que busca su cauce, confeccionó una Asamblea Nacional mayoritariamente opositora. Entonces Maduro creó un plan para maniatarla y el manso Tribunal Supremo liquidó con impunidad los poderes de la magna asamblea.

La torpeza del terco mandatario lanzó al pueblo para las calles a jugársela el todo por el todo. Su voluntad es clara y transparente, no quieren que continúe el poder en manos de la camarilla que ha desmantelado al país más rico de occidente.

Maduro cree que con la convocatoria de la amañada e inconstitucional Constituyente, con la que busca perpetuarse en el poder, va a quebrar la indómita voluntad de los venezolanos. Maduro cree que Venezuela está dispuesta a descargar por la cloaca de la historia la sangre de los 100 mártires que ofrecieron su única vida soñando en un mañana democrático sin corrupción, sin violencia, y sin escases en un país que bien administrado puede ser el mejor lugar de la tierra.

Maduro simplemente se equivoca, la Constituyente no es más que el detonante para una violenta guerra civil. El pueblo ha decidido que en la ecuación futura no entre el factor de Maduro.

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