Como si no fueran suficientes las preocupaciones, arbitrariedades, soledad, angustia, penurias y tristeza, sumadas a actos xenófobos con la que sobrevivimos fuera de nuestra patria la inmensa mayoría de venezolanos, fundamentalmente debido a las atrocidades e inhumanas condiciones de vida a las que han sometido a la población los regímenes dictatoriales de Chávez y Maduro que nos oprimen desde hace 22 años, y que utilizando la violencia lo han destruido todo y a todos, ahora tenemos que preguntarnos ¿qué tipo de migrantes somos?

La migración es un fenómeno presente desde la formación de las primeras sociedades. Sin embargo, nunca antes se habían registrado unos niveles de movimientos de población como los del último medio siglo. Diferentes conflictos han generado desplazamientos forzosos de miles de personas en distintas partes del orbe, motivo por el cual en el vocabulario de los medios de comunicación y de la sociedad en general, palabras como refugiado, desplazado, inmigrante, expatriado y extranjero han adquirido protagonismo.

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De forma coloquial, se define como desplazado a toda persona que a causa de guerras, revoluciones, hambrunas, abandona el lugar donde vive habitualmente; al inmigrante, como alguien que sale bajo su propia decisión a otro país para lograr un mejor nivel de vida; al exiliado, aquel que es expulsado a otro país por razones ajenas a su voluntad y se le impide regresar al mismo y el exilio es la separación de una persona de la tierra donde vive; al refugiado, como alguien que cruza la frontera de su nación hacia otra por conflictos armados, raciales o crisis humanitaria –en términos generales, se refiere a una persona que solicita asilo y le es otorgado–; mientras que el destierro se refiere a la pena de expulsar o expatriar a alguien de un lugar o territorio siendo el Estado el que decide expulsar o desterrar a esa persona por causas determinadas por su arbitrio.

Los refugiados son expatriados en el sentido clásico del término, pues reciben dicha denominación al cruzar forzosamente las fronteras de su país de origen, y estos refugiados y desplazados que viven en el exilio, una vez identificados, bajo expresas condiciones, tienen derecho a empleo digno que garantice su manutención, a un salario acorde con sus necesidades tomando en cuenta las cargas familiares, a la asistencia social y libertad de circulación dentro del territorio.

Hace poco, cuando se conmemoraba el Día de los Refugiados, la Oficina del alto comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), al presentar su Informe “Tendencias Globales de Desplazamiento”, sorprendía creando una nomenclatura para los refugiados y desterrados venezolanos que no se ajusta a ninguna categoría diferenciada de las ya existentes, bajo el nombre particular de venezolanos desplazados en el exterior, sin concretar derechos, prerrogativas o protección, lo que representa un desequilibrio en el disfrute de los derechos humanos que como refugiados tenemos y que otorgamos con solidaridad y sin mezquindad en su momento, motivo por el cual la Coalición por Venezuela, constituida por 63 organizaciones de 23 países del mundo, al celebrar su Primera Asamblea General, rechazó terminantemente el léxico diferencial que genera incertidumbre sobre la protección a los venezolanos obligados a huir de su país.

Desde VenAmérica, con el orgullo de ser venezolanos, rechazamos ese intento por catalogarnos de manera diferente sin reconocer las causas, y vamos a impulsar todas las iniciativas tendientes a la reivindicación de los derechos que como refugiados temporalmente de la patria por la dictadura, merecemos y exigimos a todos los pueblos amantes de la libertad y la democracia.

El autor es gerente de Comunicación de VenAmérica

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