Los nuevos y rápidos avances en tecnología y comunicaciones también han traído consigo la amenaza de ciberataques cada vez más sofisticados, que han expuesto a los gobiernos y a la sociedad en general a mayores riesgos.

La práctica fraudulenta conocida como “phishing”, de enviar correos electrónicos que pretenden ser de empresas de renombre para inducir a las personas a revelar su información personal, como contraseñas y números de tarjetas de crédito; es una práctica bastante común y nadie parece estar a salvo.

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Esto se demostró la semana pasada cuando el hombre más rico del planeta. Jeff Bezos, propietario de Amazon y del periódico The Washington Post, fue víctima de un ataque cibernético y, según los investigadores de Naciones Unidas, fue víctima de un ataque después de recibir un mensaje por WhatsApp a su celular desde un aparato similar cuyo dueño aseguraba ser Mohammed bin Salman, el príncipe heredero de Arabia Saudita.

Como es de suponer, las autoridades sauditas negaron que el príncipe heredero tuviera alguna participación en el envío del virus al teléfono de Bezos, que llevó a la extracción de una gran cantidad de datos, incluidos detalles de un asunto que se filtró a The National Enquirer y se publicó el año pasado.

En una sorprendente revelación que hizo el medio se publicaron fotos privadas del fundador de Amazon, quien tenía una relación extra marital con Lauren Sánchez, la esposa de un poderoso agente de artistas de Hollywood.

En todo caso, cualquiera que sea la verdad detrás de los señalamientos que apuntan al príncipe heredero saudita, el tema plantea nuevas preocupaciones sobre la relación entre Estados Unidos y Arabia Saudita, y en particular el papel del príncipe heredero quien lleva las riendas del reino.

Estados Unidos tiene vínculos tan fuertes con Arabia Saudita, debido a su influencia estratégica en el Medio Oriente y su postura pro occidental, sin mencionar sus enormes reservas de petróleo, que todo lo que pueda erosionar las relaciones entre Washington y la capital saudita, Riad, siempre se trata con el mayor cuidado.

El ciberataque al teléfono de Bezos y el supuesto papel desempeñado por el príncipe heredero saudita es solo uno de los varios incidentes que han tensado las relaciones entre Estados Unidos y Arabia Saudita desde que Mohamed bin Salman se convirtió en el líder más poderoso del reino.

El asesinato de Jamal Khashoggi, el periodista saudí, crítico del reino, cuya muerte ocurrió dentro del consulado saudí en Estambul, el 2 de octubre de 2018, causó estupor en la comunidad internacional.

Y aunque la muerte de Khashoggi se atribuye a agentes del Gobierno saudita, que ya han sido condenados en un juicio en el país árabe, las agencias de inteligencia estadounidenses concluyeron, luego de una investigación, que el asesinato tuvo que haber sido aprobado por el propio príncipe heredero.

Khashoggi se convirtió en un blanco porque como escritor de The Washington Post, atacaba constantemente al gobierno saudí por sus abusos contra los derechos humanos.

Del mismo modo, se alega que el teléfono de Bezos fue atacado debido a la cobertura crítica de The Washington Post sobre el asesinato de Khashoggi y la supuesta culpabilidad del príncipe heredero.

Para cualquier gobierno, la piratería representa un problema.

Basta solo recordar los ataques cibernéticos durante el último proceso electoral en Estados Unidos, cuando el entonces presidente Barack Obama denunció una flagrante interferencia rusa en dichas elecciones y expulsó a 26 diplomáticos rusos, unas semanas antes de concluir su mandato.

El Medio Oriente también ha sido una fuente constante de problemas, lo que ha obligado al presidente Trump a revertir sus planes para retirar las tropas estadounidenses de la región, manteniendo fuerzas en Siria y enviando más refuerzos para aumentar la presencia militar frente a una creciente amenaza de Irán.

Lo último que necesita Washington es otro recordatorio de que Arabia Saudita, bajo el poderoso príncipe heredero, es un aliado potencialmente perjudicial y es que siendo el Medio Oriente tan volátil, cualquier comportamiento ilegal por parte de un aliado tan importante para los Estados Unidos podría tener serias consecuencias internas.

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