martes 17  de  marzo 2026
OPINIÓN

El abrazo del oso

Varias firmas contratan ingenieros, reorganizan sus estructuras internas y presentan nuevas prácticas dedicadas exclusivamente a IA

Por Mookie Tenembaum

Durante décadas, las grandes consultoras globales como McKinsey, Boston Consulting Group, Accenture y Deloitte vendieron a las empresas una promesa simple y poderosa: nosotros entendemos el futuro antes que ustedes, y sobre esa promesa construyeron imperios. Apalancaron acceso directo a los directorios corporativos, honorarios millonarios e influencia sobre decisiones estratégicas en casi todas las grandes compañías del mundo.

Hoy esas mismas organizaciones firman acuerdos con OpenAI, Anthropic y otras empresas de inteligencia artificial (IA).

Los comunicados hablan de alianzas estratégicas con frases como sinergias y la llegada de la transformación digital.

En realidad es otra cosa, porque es un abrazo del oso.

No es una confrontación, sino un reemplazo inmediato. Es un proceso más silencioso ya que las consultoras trajeron dentro de su negocio la tecnología que termina haciendo innecesaria su existencia.

Cada vez que una consultora rediseña un proceso empresarial usando modelos de lenguaje, integra agentes de IA en una organización o adapta sus metodologías para trabajar junto a sistemas de IA; hace algo más que prestar un servicio. La realidad es que le enseña a la tecnología exactamente cómo funciona el trabajo que ellas mismas realizan.

Entrenan al sistema que finalmente las reemplaza. Así, durante años hubo una duda razonable sobre si la IA podía sustituir realmente a la consultoría estratégica. El argumento clásico era que las consultoras aportaban algo más que análisis. Experiencia organizacional, relaciones políticas internas dentro de las empresas y capacidad de implementación.

Ese argumento se desmorona cuando son las consultoras las que se encargan de traducir todo ese conocimiento al lenguaje de los sistemas.

La ironía es brutal ya que si la IA las reemplazará, la forma más rápida de lograrlo es que las consultoras mismas construyeran el puente entre la tecnología y el mundo corporativo.

Eso es exactamente lo que ocurre. Por ahora el negocio parece saludable y la consultoría global creció cerca de 5,5% en 2025, aproximadamente el doble que el año anterior. Accenture anunció miles de millones de dólares en contratos vinculados a IA. Las firmas contratan ingenieros, reorganizan sus estructuras internas y presentan nuevas prácticas dedicadas exclusivamente a IA.

Desde afuera parece una expansión, pero en realidad es una transición.

Gran parte de ese crecimiento proviene de un momento muy específico del ciclo tecnológico. La IA todavía no opera sola dentro de las empresas y necesita intermediarios humanos que traduzcan la tecnología a procesos organizacionales reales.

Las consultoras ocupan ese lugar, como el puente entre el mundo corporativo y la nueva tecnología. Al mismo tiempo, son el último actor necesario antes de que ese puente deje de ser necesario.

Una vez que los modelos hayan aprendido a diagnosticar procesos, rediseñar flujos de trabajo, simular resultados y supervisar implementaciones dentro de empresas, gran parte del valor que hoy venden las consultoras se vuelve software.

El mecanismo es sencillo, y hoy estas consultoras implementan IA dentro de las empresas. Mañana esa misma tecnología hará una parte significativa del trabajo que hoy hacen las consultoras.

El proceso no ocurre de un día para otro. Primero avanza lentamente y luego de manera repentina, como describía Hemingway cuando hablaba de las quiebras.

Hay además otro elemento menos visible del negocio. Muchas empresas contratan consultoras no solo por su conocimiento sino por el escudo institucional que representan. Cuando una transformación fracasa, la responsabilidad no recae únicamente sobre la dirección de la empresa porque hay un tercero externo que participó de la decisión.

Ese mecanismo explica parte de la demanda actual, sin embargo también tiene fecha de vencimiento.

A medida que las empresas desarrollen capacidades internas para trabajar con IA, y la tecnología se vuelva más confiable, la necesidad de ese intermediario desaparece.

El resultado final tiene una lógica casi perfecta, porque las consultoras introducen la tecnología en las empresas. Enseñan a las organizaciones cómo utilizarla y traducen décadas de conocimiento corporativo a sistemas automatizados.

Luego dejan de ser necesarias, y el abrazo del oso funciona así. No es una destrucción inmediata, sino una incorporación gradual. La presa participa voluntariamente en el proceso que termina volviéndola prescindible.

Las consultoras no son engañadas, toman la única decisión posible para sobrevivir en el corto plazo. Si no adoptan la IA, pierden clientes hoy. Si la adoptan, aceleran el proceso que puede volverlas irrelevantes mañana.

En esa paradoja se mueve hoy una de las industrias más influyentes del capitalismo contemporáneo.

La escena final es curiosa, ya que consultoras anuncian con entusiasmo sus nuevas alianzas con empresas de IA. Publican comunicados celebrando el futuro compartido y aparecen en fotografías junto a las compañías tecnológicas.

Sonríen para la foto sin darse cuenta de que, en ese mismo momento, ayudan en la instalación de la tecnología que algún día apagará la luz cuando ellas ya no estén.

Las cosas como son.

Mookie Tenembaum aborda temas de tecnología como este todas las semanas junto a Claudio Zuchovicki en su podcast La Inteligencia Artificial, Perspectivas Financieras, disponible en Spotify, Apple, YouTube y todas las plataformas.

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