No tardó mucho, el nuevo presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, en asestar su primer golpe a la agenda exterior del jefe del ejecutivo, Joe Biden.
En realidad, la política de Washington ha sido tradicionalmente una mezcla compleja de opiniones diversas y divisivas en la que cada partido alberga tendencias extremas que nunca se ponen de acuerdo
No tardó mucho, el nuevo presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, en asestar su primer golpe a la agenda exterior del jefe del ejecutivo, Joe Biden.
Johnson, el segundo en la línea de sucesión presidencial, después del vicepresidente, terminó su primera semana en el cargo legislativo, con un proyecto de ley para separar la financiación de Israel de la de Ucrania.
Biden quería un paquete total de más de 105 mil millones de dólares para Israel, Ucrania, Taiwán y la seguridad fronteriza con México.
Sin embargo, Johnson, se negó a seguir el juego e insistió en separar ambos presupuestos y vincular cada uno con recortes de otros rubros para ayudar a pagar las nuevas demandas de efectivo, de la Casa Blanca.
Aunque la propuesta de Johnson tiene pocas posibilidades de pasar en el Senado, el novel presidente de la Cámara ha fijado su objetivo.
Y es que Johnson es un conservador cristiano con C mayúscula que ha dejado en claro, que tendrá en la mira a la administración Biden.
Para entender lo que está pasando, hay que echar un vistazo al pasado cuando el presidente número cincuenta de la Cámara, el republicano, Newt Gingrich, (1995-1999), sentó precedente cuando anunció que, en comparación con sus predecesores, él se consideraba un líder político, cuyo objetivo era remodelar el gobierno federal y la cultura política de la nación.
Gingrich así, oficializó el camino al partidismo en el cargo.
Según Molly Reynolds, experta en gobernanza del Brookings, si bien Johnson ha sido relativamente activo como legislador, carece de experticia en negociaciones interinstitucionales y sus proyectos han sido “en gran medida, partidistas”.
En realidad, la política de Washington ha sido tradicionalmente una mezcla compleja de opiniones diversas y divisivas en la que cada partido alberga tendencias extremas que nunca se ponen de acuerdo.
En todo caso, la postura de Johnson contra Biden, fue recibida con entusiasmo por el “Freedom Caucus” que representa las posiciones más radicales del Partido Republicano.
Aunque relativamente desconocido políticamente fuera de Washington y de Luisiana, presentará dificultades para Biden, desde la Cámara.
La decisión de Johnson de separar el financiamiento de Israel y Ucrania ha expuesto la creciente consternación republicana por el lento progreso de las fuerzas ucranianas en su contraofensiva contra las posiciones rusas, en el este y el sur.
Y es que, la guerra en Ucrania y la financiación estadounidense, parecen no tener fin.
El pesimismo en el Partido Republicano, sobre el rumbo de la guerra, empeoró la semana pasada cuando el general Valery Zaluzhny, comandante en jefe de Ucrania, admitió en una entrevista con The Economist que, el conflicto había llegado a un punto muerto y que sin armas de mayor alcance y un mejor poder aéreo no habría ningún “precioso avance”.
Esa evaluación, después de 20 meses de lucha y más de 40.000 millones de dólares del dinero de los contribuyentes estadounidenses, gastados en armas para Ucrania, pesará en el Partido Republicano e influirá en las solicitudes futuras de la Casa Blanca, de más financiamiento para la guerra.
Por otro lado, la llegada de Johnson a la presidencia de la Cámara, sin duda ayudará a la causa de Donald Trump, dado que coinciden en muchos temas, incluido Ucrania y en algunos de los esfuerzos legales que intentaron descartar los resultados de las elecciones de 2020.
Con Johnson, Trump se sentirá aún más seguro de vencer a Biden si, como se espera, gana la nominación presidencial republicana.
Aunque el favorito republicano está ahora inmerso en audiencias legales y sus comparecencias ante los tribunales son cada vez más frecuentes, no hay señales de que estas tengan algún impacto negativo en el apoyo de sus seguidores.
Con Johnson favoreciendo puntos de vista conservadores, las posibilidades de Trump seguirán por buen camino, a menos que una condena en los tribunales y una sentencia de prisión, interrumpan el curso.
Johnson admitió que su primera semana había sido como un torbellino pero, es casi seguro que desde ahora y hasta el próximo noviembre, ese torbellino continuará, especialmente si las guerras en Gaza y Ucrania se extienden hasta las elecciones presidenciales.
